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La historia del FSLN contada desde 10 crímenes políticos en Nicaragua

El sandinismo tiene su génesis en una masacre y traición ocurrida hace 89 años. Desde entonces, la muerte, la guerra, la violencia y la destrucción han sido marca y destino de esa organización. Estos 10 crímenes narran la historia sangrienta de ese partido en Nicaragua

1. Asesinato de Sandino en 1934: génesis del FSLN

La historia del sandinismo nace de un asesinato en medio de conspiraciones políticas. Augusto Nicolás Calderón Sandino, alias Augusto César Sandino, fue asesinado el 21 de febrero de 1934 por órdenes del jefe director de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García.

Sandino, un soldado liberal que fue escalando posiciones dentro de la guerra civil de los años 20, alcanzó un papel preponderante en Nicaragua al crear un ejército que combatió a las fuerzas estadounidenses que habían desembarcado en el país, a petición del gobierno de turno para acabar con el conflicto civil entre liberales y conservadores.

En 1933 Sandino aceptó una negociación de paz tras el retiro de las tropas extranjeras y el 21 de febrero de 1934, después de una cena con el presidente de Nicaragua, Juan Bautista Sacasa, fue emboscado y fusilado junto a dos de sus mandos, por órdenes de Somoza García.

Esa muerte dio origen al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), organización que seguiría la senda de otros crímenes similares, o peores, a los cometidos aquella noche de 1934.

2. El atentado contra Anastasio Somoza García en 1956

Después de asesinar a Sandino y aniquilar a sus tropas en 1934, Somoza García acumuló poder militar, económico y político que le permitieron convertirse en dictador de Nicaragua.

Sin embargo, la sombra del asesinato de 1934 lo llevó a la muerte en 1956.

Ya había sido presidente de Nicaragua en 1950 mediante golpes de Estados y pactos políticos y se disponía a otro período en 1956, cuando la noche del 21 de septiembre fue víctima de un atentado que lo llevó a la muerte días después.

En la ciudad de León, donde el partido liberal celebraba su reelección con una fiesta pública, el poeta Rigoberto López Pérez, conspiró con otros socios para asesinar al general Somoza. 

Mientras el dictador gozaba de la fiesta desde una mesa central, López Pérez se acercó bailando desde la pista hasta que tuvo a distancia mortal al blanco y le descargó cinco balazos de revolver Smith and Wesson calibre 38, de los cuales acertó cuatro.

El pistolero murió acribillado en el acto y Somoza García fue trasladado a un hospital militar en Panamá, donde murió el 29 de septiembre de 1956.

La propaganda sandinista, años después, reivindicaría el magnicidio como “el principio del fin de la dictadura” y elevaría al pistolero a la categoría de “Héroe Nacional” en 1979, con el triunfo de la revolución sandinista.

El vehículo en el que abatieron al director de LA PRENSA Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. (LA PRENSA/Archivo)

3. Mandaron a asesinar a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en 1978

Tras el asesinato del viejo Somoza y la radicalización de la dictadura familiar en Nicaragua, El Diario LA PRENSA, bajo la dirección de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, se volvió el principal bastión de crítica y oposición política al régimen dinástico y su círculo de poder.

El 10 de enero de 1978, sicarios contratados por empresarios ligados a la familia Somoza, emboscaron y asesinaron a Pedro Joaquín Chamorro, en un contexto político que benefició la lucha armada del FSLN.

Muchas teorías posteriores al asesinato, y a lo largo de la historia, vinculan al FSLN con la operación detrás del magnicidio contra Chamorro, pero lo cierto es que su asesinato aceleró la caída de la dictadura somocista, en una sangrienta guerra civil contra los sandinistas que dejó de más de 50,000 muertos.

4. Aniquilan a Anastasio Somoza Debayle en 1980

Anastasio Somoza Debayle fue el último miembro de la dictadura familiar que estuvo en el poder durante 45 años, hasta el 17 de julio de 1979, cuando abandonó el país.

Se exilió en Asunción, Paraguay, donde fue asesinado el 17 de septiembre de 1980 por un comando terrorista internacional, aliado del FSLN.

La acción bautizada como Operación Reptil, se planificó en Managua bajo la dirección del FSLN y la ejecutó una facción del argentino Ejército Revolucionario del Pueblo, encabezado por el terrorista marxista Enrique Haroldo Gorriarán Merlo, alias El Pelao, junto a seis extremistas más.

Ellos emboscaron el vehículo blindado de Somoza Debayle con fusiles de guerra soviéticos y una bazuka antitanque entregadas por los sandinistas, que destrozó al vehículo y sus tres ocupantes. 

En Nicaragua, el FSLN celebró el crimen como día de fiesta nacional, con manifestaciones, discursos y elogios a los terroristas del complot.

5. Trampa mortal a Jorge Salazar Argüello en 1980

El 17 de noviembre de 1980, la Dirección General de Seguridad del Estado de la primera dictadura sandinista asesinó al vicepresidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), Jorge Salazar Argüello, en una operación encubierta en El Crucero, Managua.

Salazar era el líder del gremio empresarial y una voz crítica contra las confiscaciones de empresas, propiedades y bienes del sector privado por parte de los comandantes de la revolución de 1979.

Según documentos desclasificados de la CIA, la inteligencia sandinista infiltró en el círculo del empresario al agente de la Seguridad del Estado, Néstor Moncada Lau, hoy tenebroso asesor de seguridad del dictador Daniel Ortega.

A Salazar le montaron una trampa: lo citaron a El Crucero a una reunión y estando en el lugar, aparecieron las fuerzas de seguridad y lo ejecutaron a balazos, acusándolo de “conspirar contra la revolución” y “atentar contra los agentes del orden”, según nota de prensa del Ministerio del Interior.

El asesinato de Salazar sirvió a la primera dictadura sandinista para apresar a decenas de empresarios, líderes políticos y opositores, provocando el exilio de cientos de personas y la confiscación de sus empresas y demás bienes.

6. La tenebrosa ejecución a Arges Sequeira Mangas en 1992

El 23 de noviembre de 1992 fue asesinado el abogado Arges Sequeira Mangas, presidente de la Asociación de Confiscados de Nicaragua que buscaba recuperar el robo de 26,000 propiedades a empresarios y civiles ejecutado por los sandinistas entre 1979 y 1990.

Sus asesinos fueron tres ex miembros del Ejército Popular Sandinista junto a ex agentes de la Seguridad del Estado sandinista: Frank Ibarra Silva, Germán Lacayo Guerrero y Diego Javier Espinoza, miembros de la organización terrorista Fuerzas Punitivas de Izquierda integrada por ex militares y ex agentes de seguridad.

Sequeira Mangas, de 58 años, era presidente de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua, miembro de la junta directiva del Consejo Superior de la Empresa Privada y vicepresidente del Partido Liberal Constitucionalista.

Ese día el expresidente del COSEP Ramiro Gurdián acusó públicamente al FSLN de estar detrás del crimen.

Esa misma noche, la sede del COSEP fue dinamitada con cargas explosivas que destruyeron parte del edificio en Managua de donde Gurdián acababa de salir pocos minutos antes.

Ibarra Silva fue enjuiciado y condenado a 20 años de prisión por el crimen, pero el juez, un ex militar sandinista, ordenó su libertad amparada en una ley de amnistía promovida por la bancada del FSLN para liberar a los sandinistas acusados de crímenes post-guerra.

El adolescente asesinado Jean Paul Genie con sus padres. (LA PRENSA/Archivo)

7.  Jean Paul Genie abatido a tiros en 1990

El homicidio de Jean Paul Genie Lacayo, ocurrido en 1990, sirvió para demostrar a la sociedad nicaragüense la oscura capacidad de los militares para dejar en impunidad un crimen que implicaba al general Humberto Ortega Saavedra.

Jean Paul Genie Lacayo, de 16 años, fue abatido a tiros en su automóvil el 28 de octubre de 1990 en carretera a Masaya.

Todo indica que intentó aventajar una escolta militar del general Humberto Ortega, jefe Ejército Popular Sandinista (EPS), quien residía en un complejo de seguridad cerca del lugar del crimen.

Más de 51 impactos de AK recibió el vehículo del muchacho, quien murió atravesado por varios balazos.

La investigación estuvo salpicada de numerosas irregularidades, incluyendo la muerte en circunstancias sospechosas de un subcomandante de policía que participó en las primeras investigaciones. 

En 1992 un juez dictaminó que existían pruebas suficientes para procesar a los miembros de la escolta militar y que el general Humberto Ortega y dos capitanes del ejército también deberían ser juzgados como encubridores del asesinato.

Sin embargo, el juez recomendó que el proceso se desarrollara ante la jurisdicción militar.

Un auditor militar, Denis Moncada Colindres, hoy canciller del dictador Daniel Ortega, desestimó los cargos contra los nueve acusados y ordenó archivar las diligencias del caso.

8. El escabroso asesinato contra Enrique Bermúdez, comandante 380, en 1991

La noche del sábado 16 de febrero fue asesinado Enrique Bermúdez Varela, ex-coronel de la Guardia Nacional de Somoza y hasta 1988 principal dirigente militar de los Contras en la guerra contra los sandinistas.

Lo asesinaron de un disparo doble en la cabeza, en el parqueo del Hotel Intercontinental de Managua, con una pistola especial de las fuerzas de inteligencia soviética que martillaba dos cartuchos a presión de aire.

Su muerte ocurrió en las inmediaciones del complejo militar del Ejército Popular Sandinista, donde estaban las oficinas de la Comandancia General. 

Bermúdez trabajaba en la unificación de miles de excontras desmovilizados bajo su liderazgo político, que estaban siendo asesinados selectivamente por los sandinistas tras el fin de la guerra.

La investigación policial, dirigida por la estructura de la Seguridad del Estado en la dictadura sandinista de los años ochenta, a cargo del exguerrillero sandinista René Vivas, estuvo plagada de errores y fallas deliberadas para encubrir a los asesinos.

9. El crimen contra Carlos Guadamuz 2004

El 10 de febrero de 2004, al mediodía en el estacionamiento del Canal 23, en la colonia Centroamérica en Managua, fue asesinado el periodista Carlos Guadamuz.

Lo mató de tres balazos el ex agente de la Seguridad del Estado, William Hurtado, quien trabajó bajo el mando del tenebroso Lenín Cerna, ex poderoso jefe de la Dirección General de la Seguridad del Estado en los años 80. 

Guadamuz había sido amigo muy personal de Ortega, compartió cárcel con él en los años 60 y fue su vocero personal y la voz del FSLN durante muchos años, hasta la ruptura con el partido en 1996, durante un proceso electoral en el que perdió el apoyo de su partido.

Guadamuz empezó entonces una campaña de revelaciones de oscuros actos privados de Ortega, como abusos sexuales a su propia familia, asesinatos de ex compañeros de armas, robo de bienes y propiedades del FSLN y otras anomalías que aseguraba conocer de primera mano y pregonaba desde la popular emisora Radio Ya.

En 1999 Ortega logró sacarlo de la radio en contubernio con el ex presidente y convicto por corrupción Arnoldo Alemán, por lo cual Guadamuz inició una larga y feroz campaña contra Ortega, desde su programa Dardos al Centro en Canal 23.

Hurtado lo asesinó de tres disparos, pero lo atraparon cuando quiso huir y fue condenado a 21 años de cárcel. En 2008, con Ortega ya en el poder, una juez sandinista lo dejó libre alegando problemas médicos.

“Me duele respirar”, dijo Álvaro Conrado poco antes de morir.

10. El niño mártir Álvaro Manuel Conrado asesinado en 2018

Este adolescente fue parte de los 355 nicaragüenses asesinados por la dictadura sandinista en las protestas de abril de 2018.

Francotiradores de la policía sandinista le dispararon al cuello en las inmediaciones de la Universidad de Ingeniería, en Managua, donde los estudiantes protestaban contra la represión policial ordenada por Daniel Ortega y Rosario Murillo, hoy señalados de crímenes de lesa humanidad.

Cerca del mediodía del 20 de abril, después de ser atendido por estudiantes de medicina, a quienes el adolescente les dijo “me duele respirar”, el muchacho fue trasladado a un hospital del Seguro Social donde le negaron atención por una orden de la ministra de Salud, Sonia Castro, contra las víctimas de la represión.

Fue trasladado al Hospital Bautista donde murió a las 2 de la tarde de ese viernes 20 de abril.

Su rostro y su frase “me duele respirar” se convirtieron en símbolos de las protestas, aplastadas a sangre y fuego para preservar el poder de la segunda dictadura de Daniel Ortega.

La Prensa Domingo

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