La justicia es una de las virtudes fundamentales en la vida social. Una de las exigencias morales más importantes de todo gobierno e individuo. Definida es dar a uno lo que le corresponde; lo que merece. Justo es dar una alta calificación al alumno que hizo bien su trabajo y una baja a quien lo hizo mal. En sentido jurídico, es reconocer los derechos que corresponden a cada persona, tratándolos a todos como iguales; sin hacer distinciones basadas en razas, creencias u otras características personales. Por eso a la justicia se le simboliza como una estatua con los ojos vendados.
Ser justo es algo que ennoblece a quien lo practica; indica devoción a la verdad, un fino sentido ético, el ser ecuánime, equitativo e imparcial. Ser injusto, por el contrario, envilece; indica desprecio por la verdad y el derecho y, peor aún, por la dignidad del ser humano.
La justicia es también un aspecto de la caridad. Jesucristo llamó bienaventurados a los “perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos”. (Mateo 5,10). Este sentido de la nobleza de luchar por la justicia ha sido incluso proclamado por líderes no cristianos, como el Che. Inolvidable es su frase de que “Todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre”. (Lo malo es que no la cumplió).
En su afán por asegurar que todos los seres humanos sean tratados justamente la humanidad ha venido desarrollando ciertas reglas universales que hoy rigen en todas las legislaciones: una fundacional es la del debido proceso: nadie puede ser condenado por algún delito o actuación sin pasar antes por un juicio sujeto a reglas de ineludible cumplimiento; entre ellas ser juzgado por un tribunal o juez independiente o imparcial y el derecho sagrado a la legítima defensa.
Otro principio fundamental es que las penas impuestas al acusado no pueden trascender de su persona; es decir, que no pueden aplicarse a ninguna persona ajena al juicio por muy cercana que sea del acusado. Otro principio es de la retroactividad de la ley, excepto cuando beneficie al reo: nadie puede acusarte de un acto que cuando lo hiciste no era delito, aunque más tarde se considerara como tal. Otro principio: la presunción de inocencia del acusado mientras no se le pueda probar lo contrario a través de evidencias contundentes.
Estos principios están consignados en numerosos tratados internacionales de los cuales Nicaragua es signataria. También son enseñados en todas las facultades de derecho. De nuevo: porque pocas cosas son tan importantes para la protección del ser humano y la vida social como la recta aplicación de la justicia. Da por eso asombro y dolor ver cómo estos principios las autoridades nicaragüenses —jueces, fiscales, magistrados, abogados y otros funcionarios que bien los conocen y los estudiaron— hoy los violentan aparentemente sin rubor. Digo aparentemente pues es posible que muchos sientan remordimientos que no se atreven a exteriorizar.
Pongo de ejemplo de estas violaciones no el caso de nosotros, los expatriados y confiscados, pues, aunque no incurrimos en delito alguno ni gozamos del debido proceso, sabemos que nuestra oposición ha contrariado a quienes no la toleran y que deseen castigarnos. El ejemplo al que me refiero es a los nicaragüenses que, sin la más mínima militancia política, y sin mediar causa o acusación alguna, les están recentando la dura condena del destierro. Incluyo en ellos a una hija mía con casi 20 años de vivir en Estados Unidos y a un nieto, a quienes le negaron recientemente la entrada a Nicaragua, su país. Y así a centenares más.
¿Qué sustento legal puede existir para estos destierros al por mayor? ¿No violan acaso cada uno de los principios universales de justicia ante mencionados? ¿No son acaso muestras de una extraordinaria insensibilidad humana y, quizás, de deseos de venganza? ¿Cómo los podría justificar el canciller Moncada ante cualquier foro internacional?
Actuaciones como estas producen repulsa e indignación dentro y fuera del país y envilecen a quienes las practican. Si no les importa es porque están tocando fondo. Ojalá recapaciten.
El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492.2019.