Cumplir 90 años de edad. ¡Viva la vida!

  Hace 90 años, el 24 de agosto de 1933 a las 10:00 a.m. nací en San Francisco del Carnicero, Managua. Con las enseñanzas que da la vida, comienzo diciendo que no nos quejemos por el hecho de hacernos viejos; a muchos se les niega este privilegio. Vengo de una rama longeva, la de mi abuelo y, desde luego, la de mi madre, los Montenegro, Cisneros, Urbina de Masaya, y afirmo que envejecer no es siempre algo dorado, pero, de seguro, nos ofrece muchas opciones.

Muchos hombres, con frecuencia nos quejamos de no tener tiempo para nada. Qué pena, porque lo más seguro es que hemos desperdiciado nuestras vidas. Jamás debería faltarnos el tiempo para nuestra familia ni para hacer lo que Dios nos encargue.

 En Efesios 5 15-17 se nos dice: “Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios, sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos. Por tanto, no sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor”. A lo largo de nuestras vidas (con mi esposa Carmen, 8 años como amigos y 50 como esposos) tuvimos muchas experiencias personales y muchas más que nos brindaron amigos, a través de la comunicación y la observación.

Aprendimos con esas vivencias que la vida no se mide anotando puntos como en un juego. No se mide, tampoco, por la fama de nuestras familias, por el dinero que tienes, por la cantidad de carros y la marca de los mismos, ni por el lugar donde estudiaste o trabajas, ni por los trajes o vestimentas que te pones. La vida, a la larga, nos enseña que nada de eso lo importante. La vida adquiere sentido solo a través del amor.

 La vida se trata del servicio, de tu solidaridad, del amor, del respeto que llevas dentro de ti, y —en la mayor parte— se trata de si usas la vida para alimentar al otro en su corazón, en sus valores, en mejorar su estima… En fin, hay tanto que hacer, pero a veces no tenemos tiempo. Al final, sin embargo, nosotros somos los que escogemos la manera cómo vamos a afectar a los otros, especialmente a los más próximos.

De eso se trata la vida. De haber aplicado en el pasado y en lo que nos queda del presente y el futuro, el amor. En ello está resumida la vida: en orientar nuestros pensamientos y nuestras acciones hacia los demás.

Con su permiso, voy a hablarles un poco de mis hijos. Estoy orgulloso de todos y cada uno de ellos y de la vocación que cada uno escogió, aunque no es remoto que en el camino haya habido muchos agoreros negativos que les habrán dicho que no lo lograrían:

Nora María, la mayor, tiene 68 años de edad, vive en Panamá, es asesora de empresas y una de las mejores comunicadoras de ese país, autora de libros y múltiples folletos.

María de los Ángeles, 67 años, vive en Costa Rica, iniciadora de escuela de danza, diseñadora y productora de vestidos para bailes de salón, actualmente prosigue estudiando en la universidad.

Francisco (conocido como Pancho Cedeño), 64 años, sociólogo, músico egresado del conservatorio, cantautor, profesor, autor de un libro por editarse Historia de la música vernácula en Nicaragua.

Julio Martín, 62 años, vive en Costa Rica, ingeniero civil, egresado de universidades prestigiosas de México y EE.UU., con una empresa calificada entre las 5 mejores de su rama en Costa Rica.

Todos somos tercera edad y la vida nos planteó retos para hacernos ganar una reputación. Todo, incluyendo la manera de enfrentar la muerte de seres queridos, nos hizo forjar un carácter con sello familiar. Fueron lecciones mayores que nos tocó resolver. A la fecha, conservo con orgullo humilde, con cariño, el hecho de haber contribuido, con mi esposa Carmen, con testimonios y enseñanzas de cómo vivir y, a esta edad, de cómo vivir los últimos años.

 Concluyo afirmando que nuestro Dios nos puso en el mundo, pero no para vivir en él con los ojos adormilados y una actitud yoquepierdista, sino para buscar sus huellas en los acontecimientos, en la gente, en la familia. Diría que es el paso del amor y que cualquier intento para hacer crecer ese sentimiento, vale la pena y merece un esfuerzo intenso. Posiblemente, en cualquier hogar, la alegría llegue de visita y decida quedarse.

 Lo maravilloso de haber envejecido con dignidad, al ritmo de los tiempos y con todos o algunos de los seres queridos que nos acompañan, es que no perdemos todas las demás edades que hemos tenido.

En verdad, puedo decir: Cuando tenía tu edad. No estás obligado a conocer todas las respuestas. Si quiero cambiar de opinión, a nadie le preocupa. Yo lo he visto todo, aunque no recuerde dónde. Puedo tener descuentos en muchos lugares y países. Puedo mentir sobre mi edad y mi cabello es bonito. No me emociono mucho con la llegada del Año Nuevo. Tal vez, si se presenta el caso, seré una de las primeras personas en ser liberado. Es probable que los conductores se detengan cuando cruce la calle. He cumplido los suficientes años como para comprender que nunca se es demasiado viejo para nuevos principios, nuevas actividades…

      En fin, ¡viva la vida!

El autor fue profesor del Instituto Pedagógico de Varones, exejecutivo de empresas de seguros internacionales.

Opinión

COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    Él de Arriba le conceda más años con salud.

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