¿Qué retrasa la unidad opositora?

       ¿Qué puede hacerse para acelerar la deseada unidad opositora? Voluntad abunda. El sentimiento de que hay que unirse es unánime. No es pues necesario repetir los argumentos a favor. Son obvios, son de sentido común.

El problema es que todavía hay prejuicios y resquemores que retrasan el proceso. Uno de ellos es la reticencia de algunos a unirse con líderes o agrupaciones que en algún momento fueron sandinistas o miembros del FSLN; quizás porque sospechan que no han cambiado, que son camaleones peligrosos, o que no merecen perdón por su complicidad con crímenes o injusticias pasadas.

Esta actitud es entendible porque en la vida de muchos nicaragüenses hay grandes heridas. Pero debe ser revisada por quienes las sufren. Una razón es que no puede negarse que existan conversiones genuinas. Que lo sean o no se demuestra en las acciones de los conversos. Un ejemplo histórico es San Pablo. Antes de su conversión avaló que apedrearan a Esteban y persiguió a muerte a los cristianos.

Era una especie de Avellán: “Saulo”, dice Hechos de los Apóstoles 8,3, “asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel”. Sin embargo, tras su encuentro con el Señor cambió. Los cristianos al comienzo no confiaban mucho en él. Se decían (He 9,21) “¡Y pensar que en Jerusalén perseguía a muerte a los que invocaban este Nombre! Pero ¿no ha venido aquí para encadenarlos y llevarlos ante los jueces de los sacerdotes?” Podrían haberse negarse a asociarse con él. Pero fue aceptado y se convirtió en el más grande apóstol de la cristiandad.

 No todos son Pablos, pero existen otros precedentes contemporáneos. Uno es Gorbachov. Fue tan comunista que el partido lo eligió jefe supremo de la Unión Soviética. Pero cambió. Se dio cuenta que su credo había fosilizado al país y debía ser profundamente reformado. Y fue decisivo en la caída del comunismo.

Las personas pueden cambiar. Sandinistas y somocistas pueden convertirse en genuinos demócratas, al igual que genuinos demócratas pueden convertirse mañana en dictadores. En el panorama nicaragüense encontramos conversos a la democracia procedentes de las anteriores dictaduras pero que han demostrado con sus escritos, acciones y sufrimientos —cárcel, exilio y confiscaciones— que su cambio es genuino. Probablemente no sean cien por ciento puros; ¿quién lo puede juzgar?, ¿acaso hay alguien que lo sea?, ¿no llevamos todos, sin excepción, elementos de interés personal, de ambigüedad, o pequeñas o grandes contaminaciones?

Esto nos lleva a otro factor que conspira contra la unidad: el purismo de algunos; la reticencia a estrechar manos que sienten manchadas por la corrupción, el oportunismo o algunas maldades reales o imaginarias. Esta es también una actitud que hay que revisar confrontándola con la pregunta que Jesús dirigió a quienes querían apedrear a la mujer cogida en flagrante adulterio: “El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. Esto no implica cerrar los ojos a verdaderos embusteros, pero si ser sumamente cauteloso en los juicios y no olvidar nuestras propias fragilidades y pecados.

 Existen también consideraciones pragmáticas que conviene tener en cuenta. Una es que conviene sumar a la lucha a todos aquellos que puedan aportar algo para derrotar la dictadura. Quizás algunos no sean demócratas o tengan malas intenciones, pero eso son problemas que se pueden ventilar o enfrentar después. Esto lo facilita el consenso, ya logrado entre los opositores, de que cualquier nuevo gobierno que se establezca deberá ser de transición: centrado en crear en el menor tiempo posible elecciones verdaderamente libres. Allí se verá entonces si el pueblo da el voto a las derechas o a las izquierdas.

Es pragmático y útil también no encerrarse en dogmas estratégicos, como rehusar categóricamente diálogo con la dictadura o el recurso a la violencia. Todas las cartas deben estar en la mesa. Que sea el liderazgo opositor que surja quien decida más tarde la ruta a seguir. Lo importante por el momento es unirse ya. Las calumnias de Grisby contra líderes opositores, con el propósito obvio de dividir, revelan el temor de la dictadura a que se logre ese objetivo. No le demos gusto.

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

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