En los últimos cinco años, decenas de nicaragüenses no han podido acompañar a sus madres, padres, hermanos y familiares cercanos en sus últimos días de vida ni darles su último adiós porque están en las cárceles, el exilio o desterrados. Así lo ha dispuesto la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, calificada por defensores de derechos humanos de «atroz» e «inhumana».
Este 1 de agosto falleció la hermana del sociólogo Óscar René Vargas, Patricia Vargas Fernández, pero el exprisionero político no podrá asistir a su funeral. Óscar René es uno de los 222 exreos políticos desterrados por la dictadura el pasado 9 febrero hacia EE. UU.

El sábado 29 de julio, también falleció José Adán Aguerri Hurtado, papá del expresidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), José Adán Aguerri, también ex preso político y desterrado. Esta es la segunda pérdida familiar del exdirectivo del Cosep —gremio empresarial ya desaparecido por la dictadura— ya que el 11 de octubre del 2021 falleció su mamá, Hilda Chamorro Hurtado, cuando él se encontraba preso en las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial, conocidas como el Chipote.
Asimismo, el 17 de septiembre de 2021, cuando el líder estudiantil Max Jerez —también ex preso político y desterrado por la dictadura—, estaba aislado en las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial, conocidas como el Chipote, falleció su madre Heidi Meza y tampoco se le permitió asistir a su funeral.
Dictadura viola el derecho al duelo
El secretario ejecutivo del Centro de Asistencia Legal Interamericano en Derechos Humanos (Calidh), Danny Ramírez-Ayérdiz, explicó que existe el derecho al duelo, que implica que toda persona que pierde a un ser querido pueda despedirse de esa persona de manera presencial. «Un derecho muy específico que se violenta en el caso de los desterrados políticos y en el caso de todas aquellas personas que han tenido que huir por la represión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo», lamentó Ramírez.
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Para Ramírez, «este régimen es tan atroz» que con la imposición del destierro «lo que hace es anular absolutamente los derechos de las personas al expulsarlos del territorio y eso hace que en principio se quebrante el proyecto de vida de las personas desterradas, pero también las vidas de estas personas se separan de sus familiares y seres queridos que tienen en Nicaragua».
Señaló además que «el régimen lo que busca al romper el proyecto de vida de las personas es crear un sufrimiento profundo» y a su juicio «hay una especie de placer de profundizar el dolor y el sufrimiento que causa a los desterrados políticos».

El abogado Gonzalo Carrión, miembro del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca +, calificó al régimen de «inhumano», al no permitirle a los nicaragüenses compartir «ese momento íntimo de las familias que pierden a su ser querido, de dolor irreparable, insustituible y muy personal».
«Eso nos ha pasado a muchos, de tener la imposibilidad de ingresar libremente al país sin temor a ninguna acción represiva como ha caracterizado a la tiranía Ortega-Murillo, afecta en profundidad la integridad personal y familiar», agregó Carrión.
Carrión criticó que este régimen que se «jacta» hablando del amor, la paz y unión da un fuerte golpe a la familia al no poder compartir ese momento.
Las consecuencias de no manejar adecuadamente el duelo
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef, el duelo es un proceso normal de adaptación a las pérdidas, que atañe a la persona. «Cuando se habla de pérdidas y en especial de las pérdidas relacionadas a una persona, es una experiencia que necesita ser compartida, acompañada y respetada», indica el manual de capacitación para abordaje y acompañamiento del duelo.
Sin embargo, alertan que el duelo «puede derivar en un factor de riesgo de enfermar, elevando la morbilidad y la mortalidad de los dolientes».
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Ruth Quirós Hernández, psicóloga del Colectivo de DD. HH. Nicaragua Nunca +, explicó que «los rituales funerarios son culturalmente una expresión simbólica de los sentimientos y pensamientos hacia nuestros seres queridos que promueve el afrontamiento y aceptación de la pérdida».
La experta reafirmó que «el duelo es un proceso normal, pero si no tiene un buen manejo se complica, se retrasa o se vuelve crónico, patológico causando estragos tanto en la salud física como psicológica».
Algunos síntomas —detalla la especialista— van desde la tristeza profunda, enojo, crisis de ansiedad, dolor y sufrimiento constante, incapacidad de aceptar la pérdida, entre otras. «El duelo crónico requiere acompañamiento profesional», indicó.