Después de casi quince años de ausencia, en un inolvidable 22 de diciembre de 1907, en el Teatro Municipal de León, hoy José de la Cruz Mena, se le ofreció a Rubén Darío una velada artística dándole la bienvenida a la ciudad. Pasó primeramente, Salomón de la Selva para aperturar el evento. Seguido de Luis H. Debayle, quien le ofreció unas décimas, continuando el doctor Santiago Argüello Barreto quien declamó su poema Luz y sombra, seguido del joven abogado y orador Antonio Medrano quien leyó bellamente el poema Retorno, dedicado a la Juventud Intelectual de Nicaragua. Inmediatamente después, Darío pasaría a dar su apoteósico discurso de su llegada a la ciudad. (Datos encontrados en la biografía sobre Darío de Edelberto Torres).
En Retorno se escucha esta estrofa: “Si pequeña es la Patria, uno grande la sueña / Mis ilusiones, y mis deseos, y mis / Esperanzas, me dicen que no hay patria / Pequeña / Y, León es hoy a mí como Roma o París”. Versos donde Darío universalizaría para siempre a la ciudad.
León Santiago de los Caballeros no es una ciudad cualquiera como dije anteriormente en un artículo publicado en LA PRENSA, el viernes el 21 de julio 2023 en agradecimiento por el apoyo histórico que hiciera sobre León el ingeniero Eddy Külh. Ciudad cuyo asiento registral data desde el día de la Santísima Trinidad en 1524. León de Nicaragua es la urbe donde Rubén Darío lanzó sus primeros poemas al aire en Semana Santa, versos que caían desde una granada colgante en las cuatro esquinas sobre la Calle Real. Es la ciudad que lo inspiró, con ese sonar de campanas de las diecisiete iglesias que la componen. Donde Rubén Darío fue engendrado, murió y yace enterrado, a los pies de la columna de San Pablo en la Santa Basílica Catedral hoy declarado monumento histórico y patrimonio de la humanidad por la Unesco, y donde pasó su niñez y juventud.
Es la Ciudad Universitaria por excelencia, de grandes maestros y santos como Mariano Dubón educador de juventudes, de Ruiz Allestas fundador de la Universidad con el Colegio San Ramón en 1812, de Mariano Barreto, educador y protector de niños desvalidos. Es la ciudad del presbítero y místico Azarías H. Pallais, vanguardista y protector de las prostitutas y los pobres, admirado y querido en León y Corinto; la ciudad de Santiago Argüello Barreto, director del Instituto Nacional de Masaya, Managua y León y catedrático de la Universidad Nacional de esa misma ciudad, maestro de juventudes en Nicaragua, Guatemala y Cuba. Cuna de Alfonso Cortés, el más grande poeta metafísico que ha tenido Nicaragua; de Salomón de la Selva, vanguardista y promovedor del modernismo inglés; del músico que escuchaba sus valses debido a su terrible enfermedad, a los pies del Teatro Municipal hoy llamado Teatro José de la Cruz Mena para glorificar su nombre, gran maestro y compositor.
En León Santiago nacieron el unionista Máximo Jerez, cuya estatua está en el Parque Central frente a Catedral; Miguel Larreynaga prócer de la Independencia Nacional; donde nacieron los poetas: Alí Vanegas; Juan de Dios Vanegas, el evangélico que me recuerda al estadounidense Edgar Allan Poe, Lino de Luna, o Lino Argüello; Solón Argüello, periodista, y secretario privado de Francisco Madero quien se inmoló durante la primera fase de la Revolución Mexicana; de Francisco Paniagua Prado y numerosos grandes que no acabaría de llenar páginas.
León es cuna de poesía, de riquezas culinarias como los buñuelos del barrio de Guadalupe, los marquesotes, las enchiladas, los picos de las Salamancas, los nacatamales de Sutiaba. Es vida de juglares donde las gigantonas y los enanos cabezones bailan al son de la poesía y es sobre todo la más católica que con fervor celebra la Gritería Chiquita o Gritería de Penitencia el 14 de agosto en honor a la Asunción de la Santísima Virgen María a los cielos, y en acción de gracias por librar a los leoneses de la erupción del Cerro Negro, de la Purísima de la Concepción de María, el 7 y 8 de diciembre, junto a las celebraciones del 24 de septiembre con la Virgen de la Merced, la Santa Patrona de la ciudad, celebrada con sus velas y toros encuetados y ciudad que celebra cada 30 de septiembre el día de San Jerónimo recorriendo con sus toros guacos sus calles desde la iglesia de Juan Bautista de Sutiaba hasta el Parque Central, frente a Catedral.
Recientemente tuve el gusto de leer un exordio sobre León y Granada presentado en “su libro en preparación” que saldrá el próximo año, del historiador nicaragüense Clemente Guido Martínez. Exordio que dice claramente: “Si los leoneses no hubieran realizado ese traslado de asiento, León hubiera muerto, pero la decisión salvó a León para la historia”. Decisión que “recibió la validación de las máximas autoridades civiles, políticas, y eclesiásticas”. Dicho documento además invita al pueblo nicaragüense a celebrar los 500 años de la fundación de ambas ciudades con alegría, espíritu y fraternidad. Los leoneses debemos de unirnos por esta causa, para celebrar en 2024, junto al resto de los pueblos de Nicaragua los 500 años de su fundación. A continuación ofrezco a mi ciudad natal, un poema de mi grata ilusión.
A los 500 años de la fundación de León Santiago
En el León Santiago
de los Caballeros, del año 2024,
a 500 años de su fundación
sus campanas unísonamente,
de sus diecisiete iglesias repicarán,
junto al corazón
de las almas
de nuestros poetas ausentes,
y de los que sabiamente
allí estarán
presentes.
Los tambores de Doña Paula
con su pan, parán, pan, pan.
Para defenderla
vigorosos sonarán.
Sus campanarios claramente darán
la pauta de sus altas melodías
anunciando la llegada del nuevo día
de sus 500 años,
con su dan, darán dan, dan.
Dios quiera que el destino
de sus malos vecinos
no afecten su camino
de su distinción, ni de su libertad.
Y no quieran, ellos, echar sus
viejas cenizas,
ni sus viejas ruinas
al olvido y al azar.
León Santiago de los Caballeros
ya verás cómo tus buenos y nuevos hijos
al igual, que doña Paula,
en ese día te van por siempre
a defender y a recordar.
La autora es máster en Literatura Española.