Se han identificado al menos 38 métodos de tortura utilizados por el régimen de Daniel Ortega contra sus presos políticos: desde el aislamiento absoluto y el desprendimiento de uñas con tenaza hasta la confiscación de los anteojos para que el reo sufra de dolores de cabeza. Tratamiento cruel y condiciones infrahumanas son el día a día en las cárceles de la dictadura que lleva 16 años en Nicaragua.
Esta es una selección de las peores formas de tortura en tiempos de Ortega.
Arrancar uñas con tenazas
Lenín Rojas fue capturado por la Policía el 12 de julio de 2018, cuando regresaba de una marcha antigobierno. Lo encerraron en la celda número diez de El Chipote,una mazmorra tan oscura que no se podía ver «ni las manos”. Esa misma noche le propinaron su primera golpiza y en la quinta madrugada le arrancaron tres uñas. “Pusieron mi mano sobre la mesa, luego me colocaron la rodilla encima de la mano y con una tenaza me jalaron la uña (…). La uña se despegó con pedazos de piel y carne colgando (…). Yo sentía cuando la uña y el pellejo se iban desprendiendo de la carne y la sangre brotaba, es un dolor que no se lo deseo a nadie, ni a mi peor enemigo”, declaró en marzo de 2019, cuando fue excarcelado.
También Olesia Muñoz fue víctima de este método brutal. En diciembre de 2019 la exrea política narró cómo le habían arrancado con alicate las uñas de los dedos gordos de los pies en la delegación policial de Masaya. “Sentí un dolor terrible, como que me estaban matando”, recordó.
Condiciones infrahumanas
Antes del estallido de las protestas de 2018, el régimen de Daniel Ortega ya practicaba la tortura en sus prisiones. Un caso emblemático es el de Juan Lanzas. El 28 de diciembre de 2017 el campesino matagalpino fue capturado por un crimen que no cometió y, luego de propinarle una golpiza, lo confinaron en una minúscula celda cubierta de heces y orina. Ahí las piernas se le gangrenaron y el 25 de enero de 2018 se las tuvieron que amputar. Pasó casi todo ese año acostado boca abajo porque las llegas de las piernas le subían hasta la espalda y no le permitían sentarse.
En otros casos, los presos de Ortega han reportado la existencia de celdas oscuras, frías y húmedas, en las que los reos deben realizar sus necesidades fisiológicas en un agujero del suelo o, literalmente, sobre las manos, para luego depositar las heces en una bolsa.

Violaciones sexuales
En septiembre de 2018 el neurocirujano Josmar Briones aseguró haber atendido a dos estudiantes nicaragüenses que fueron violados con fusiles AK-47 durante su permanencia en El Chipote. “Llegaron a mi clínica destruidos emocionalmente, las lesiones (que sufrieron) son para escribir un libro de historias de terror. Cuando bajaron del vehículo no podían ni caminar, sangraban mucho, su rostro lleno de vergüenza por un delito que no cometieron; esos pobres hombres jamás van a volver a ser los mismos de antes. Ese lamentable suceso marcó su vida para siempre y la nuestra”, dijo Briones.
Un reporte de Human Rights Watch, publicado en junio de 2019, informó, también sobre violaciones con tubos metálicos y amenazas de violación. “Un hombre fue obligado a sentarse desnudo y con los ojos vendados mientras policías le tocaban los genitales con armas de fuego. Otro fue forzado a pasearse desnudo mientras varios policías amenazaban con violarlo”, detalla el texto.
En cuanto a violaciones cometidas contra mujeres, se reportaron numerosos casos. Entre ellos el de una joven de 21 años que fue abusada sexualmente por 18 policías y paramilitares en el departamento de Matagalpa. Otra joven, capturada en Managua en junio de 2018, afirmó haber sufrido abuso sexual y tortura psicológica.
Otras muchachas denunciaron que las habían desnudado para tocarlas y burlarse de sus cuerpos. Y hubo una a la que cinco policías obligaron a hacer sentadillas, desnuda, para posteriormente violarla.
Quemaduras
Se han reportado casos de presos políticos que fueron quemados con pistolas eléctricas y cigarrillos. Una de las víctimas fue un adolescente de 15 años, de acuerdo con testimonios recopilados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en Nicaragua. Estuvo cinco días en El Chipote, donde fue sometido a interrogatorios para obtener información sobre los ciudadanos que se hallaban en un tranque de Masaya.
Igualmente hubo casos de quemaduras con ácido y fuego y quemaduras en las plantas de los pies.
Aislamiento
Una constante en el trato hacia los presos políticos es el aislamiento extremo (en celdas destinadas a ese castigo) y la incomunicación (sin posibilidad de comunicarse con sus familiares, que sufren al no conocer el estado de salud del reo).
En la galería de máxima seguridad de La Modelo, conocida como El Infiernillo, han estado líderes opositores como Medardo Mairena y Miguel Mora. En la actualidad monseñor Rolando Álvarez, obispo de la Diócesis de Matagalpa, también se halla confinado en uno de los seis módulos de El Infiernillo o Galería 300: una celda de tres metros de largo por tres de ancho, con dos catres y un hueco en el piso para hacer sus necesidades fisiológicas.
Ni una Biblia
En las cárceles de Ortega los presos políticos no tienen derecho ni a leer un libro. Aunque la dictadura dice ser “cristiana” no permitió que el líder opositor y precandidato a la Presidencia Félix Maradiaga, ahora excarcelado y despatriado, recibiera una Biblia. El mismo derecho le fue negado al periodista Miguel Mora, también aspirante presidencial. Ambos estuvieron presos desde junio de 2021 hasta febrero de 2023.

Golpizas
Uno de los métodos de tortura que con más frecuencia aparecen en los testimonios de las víctimas son las golpizas. Se han ejecutado con tubos, culatas, alambres de púas, a mano limpia y a patadas. También han incluido intentos de estrangulamiento y lesiones en el cuello al ser presionado con la rodilla.
A algunos presos políticos los golpearon mientras estaban atados a una silla y a otros, como el líder opositor de Masaya, Yubrank Suazo, los colgaron del techo con grilletes para darles patadas en la cara.
También se reportaron al menos dos casos (Olesia Muñoz e Ismael Álvarez) en que las golpizas fueron acompañadas por intento de asfixia con una bolsa plástica en la cabeza.
Hambre y sed
En febrero de 2023, cuando Ortega liberó y desterró a 222 presos políticos, fue evidente que en las precarias condiciones de la cárcel habían perdido mucho peso. En sus primeros seis meses presos, Medardo Mairena y Félix Maradiaga ya habían bajado al menos 50 libras. Y en un año Juan Lorenzo Holmann, director del Diario LA PRENSA, bajó de 182 libras a 143.
En reportes de organismos de derechos humanos se ha destacado que el régimen de Ortega proporciona poca comida y agua a sus prisioneros.
Frío extremo y luz permanente
En las celdas de la dictadura también se les ha negado a muchos presos y presas una sábana para cubrirse del frío (esto le hicieron a Tamara Dávila, además de impedirle que viera a su hija). De hecho, ha habido casos en los que han sido obligados a dormir en ropa interior, a merced de los zancudos.
Otro método utilizado es el de dejar encendida una bujía, permanentemente, para que el reo no tenga un momento de sosiego, pues la luz no le permite conciliar el sueño ni saber si es de día o de noche y en verano aumenta el calor en la celda.

Sin derecho a anteojos
El régimen de Ortega llegó al colmo de negarle a la periodista Lucía Pineda Ubau el derecho a usar sus lentes con medida. Una comisionada la obligó a entregarlos, ya sea para que no pudiera ver, para provocarle dolores de cabeza o las dos cosas.
Pero la medida de confiscar los lentes no parece extraña si se recuerda que tampoco han permitido atención médica ni el ingreso de medicamentos para los presos enfermos.