Ante el Ateneo de Cienfuego,s Santiago Argüello en su discurso El Martí espiritual nos retrató a un José Martí excelso entre los excelsos de América.
Martí podía haber sido tenido como temeridad, manifestó, y “más que como temeridad, como tartarinismo”. Evocó al maestro pidiéndole que su sombra le ampara para poder “perfumar el recuerdo del semidiós llorado, algo que lleve hasta el cielo el aroma de mi pecho en flor». Luego nos recuerda al Martí espiritual, al hombre del deber, del carácter, de la dignidad, del sacrificio, y del amor.
Sobre el Martí poeta y el Martí sabio y elocuente estaba el Martí fuerte henchido de virtudes.
Cuando habla de fuerza se refiere no al que esclaviza sino al que rompe cadenas: “Las tiranías de los pueblos, y de los apetitos, ilusiones y fanatismos en los hombres”. Manifestando que era el Martí un diamante bello compacto lleno de luz que cuando le tocaba cortar “también afilaba sus aristas para cortar con ellas”.
El poeta cubano, nos dijo Argüello, fue no solo un gran maestro y educador de juventudes, pero un educador no de libros académicos, sino más bien un educador o despertador de conciencias. Educador por su altura moral y por ser como Rodó, igualmente evangélico, y como Montalvo, por la dulzura y por el sacrificio, pero más aún por poder aplicar esa sabiduría en los problemas del pueblo. Fue Martí “dulcemente sabio. El hombre que, sí tuvo también bíceps de hierro para sembrarlas en la tierra”. Nació maestro y fue guía de hombres, con el don del amor. “Le laceraron no pocas veces y él, sin embargo, los “ungió de hasta las áspides de la perfidia dando a cambio, besos a las monedas de los mordiscos”.
Martí nació para educar. El pedagogo enseña, el educador lo crea, nos recuerda Argüello. El maestro no es el enseñador, sino el despertador. Mencionando a Janus de Villiers de I’Isle Adam, quien dijera: “No instruyo: despierto”.
El poeta fue pues un despertador que busca en el libro del conocimiento más bien el color y la luz de lo aprendido es decir el fondo del alma y lo visionario del espíritu.
Fue el educador que tiene el deber como finalidad. “El verdadero hombre —habla Martí—, no mira de qué lado vive mejor, sino de qué lado está el deber; y ese es el verdadero hombre”, pero para practicar el deber es necesario comprenderlo dirá más adelante. Conocer la mecánica que articula los actos con los actos y conectar la máquina hasta llegar al cosmos. El cubano conocía y sentía pues “tenía la pupila del cielo”. Martí fue deber e inteligencia, fue amor. Amor patriótico, a la mujer, al niño, a la raza. “Y presintió la honda del norte; y tembló por la obra de redención con que para su patria su aliento apostólico sonaba”.
Rubén Darío y José Martí se conocieron el 24 de febrero de 1895 en una conferencia presentada por Martí en el Hardman Hall en Nueva York. Dicho encuentro fue narrado por Darío en el diario La Nación el 2 de marzo del mismo año. Martí muere el 19 de mayo de 1895 en la guerra y lucha por la independencia de Cuba ante España. Darío colecta los artículos escritos para La Nación y los incluye en Los Raros. Semblanza que finalizaría con una misiva post mortum donde le reclama a su maestro el haber ido a inmolarse al campo de batalla dirigiéndole estas palabras:
“Y ahora, maestro y autor y amigo; perdona que te guardemos rencor los que te amábamos y admirábamos, por haber ido a exponer y a perder el tesoro de su talento. Luego sabrá el mundo lo que tú eras…”. Semblanza que debería de ser de obligada consulta para quienes desearen percibir rasgos esenciales de los pueblos de nuestra América, con la pérdida de aquel guía excepcional.
A su llegada por primera vez a New York, Darío recorre la ciudad de los rascacielos donde permanece por un mes después de que admirara la estatua que sostiene en su mano su antorcha libertaria. Esta escena e impresión le daría una serie de prosas poéticas tituladas Polilogiía Yankee que se conforman con la también semblanza dedicada a Edgar Allan Poe la cual tres años más tarde sería integrada a sus Raros.
El Walt Whitman patriarcal y augusto, viene a suavizar la impresión de “la sanguínea, la ciclópeda, la monstruosa, la tormentosa, la irresistible capital del cheque” como le llamaría a la gran ciudad. “Los Estados Unidos de Bourget deleitan y divierten, los Estados Unidos de Groussac hacen pensar; los Estados Unidos de Martí son estupendos y encantador diorama que casi se diría aumenta el color de la visión real” nos diría Darío.
Cuando surge el encuentro entre ambos poetas en el Hardman Hall el 24 de febrero de 1895 lugar donde se gesta el (Grito de Baire) de la unión entre Puerto Rico y Cuba en la emancipación de España, Martí lo recibe con una sola palabra “hijo” y lo sienta a su lado.
Tanto Martí como Rubén compartieron el proyecto de darle nuevos cambios a la lengua creando una literatura independiente y auténtica hispanoamericana. Schulman defiende que en Rubén vive el espíritu artístico de Martí. Y es por esto que Darío concede a José Martí el ensayo realizado para la muerte del poeta cubano dándole lugar a la inclusión entre sus Raros. Darío se refirió en varias ocasiones en: La literatura Centro Americana con la mención de José Joaquín Palma como “al mejor rimador de amores como dice José Martí”. Habiendo conocido mejor a Martí al través de Palma. Palma tuvo relación con Darío cuando este era un adolescente en León y posteriormente en El Salvador y Guatemala, y por esta admiración es que le dedica uno de sus “Medallones en su obra Azul”. En Los Raros hace referencia a Palma, a Tomas Estrada Palma, a Antonio Zambrana a Eizaguirre, Sellen hasta llegar a Martí que culmina con los cubanos en el exilio. Para Darío, Martí es la encarnación del superhombre “grande y viril, poseído del secreto de su excelencia, en comunión con Dios y con la naturaleza. Y estaba en comunión con Dios, habiendo ascendido a él por la más firme y segura de las escalas, la escala del dolor”.
¿Y, por qué del dolor? Darío lamenta su pérdida pues sacrificó su poesía artística para ponerla al cuidado de su activismo político en pro de la independencia de Cuba lugar hacia donde dirigió todos sus esfuerzos. Señalando la virtud, la disciplina y el deber patriótico como su primera obligación al igual que Santiago Argüello lo mencionó, haciéndole un verdadero héroe de su patria.
¡Oh Cuba! Eres muy bella, ciertamente y hacen gloriosa obra los hijos tuyos que luchan porque te quieren libre; … mas la sangre de Martí no te pertenecía pertenecía a toda una raza, a todo un continente … pertenecía al porvenir! (Darío, Los Raros, semblanza para la muerte de José Martí).
La autora es máster en Literatura Española.