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En la quietud de la noche del martes 11 de noviembre de 2011 en la comunidad de El Carrizo, un pequeño caserío indígena en el municipio de San José de Cusmapa, departamento de Madriz, la familia de doña Irinea Mejía dormía plácidamente cuando su tranquilidad fue interrumpida con la presencia de dos camionetas cargadas de fanáticos del Frente Sandinista en estado de ebriedad.
Los simpatizantes rojinegros llegaron acompañados de un funcionario electoral y cuatro agentes policiales, con la intención de ajustar cuentas con la familia de origen liberal y que días atrás había protestado en la sede del Consejo Electoral Municipal de Cusmapa por la entrega de sus cedulas de identidad para poder ejercer el voto ciudadano en las elecciones presidenciales de 2011.
Esa noche de terror, golpearon salvajemente hasta matar a don José Mercedes Torres y sus hijos Elmer y Josué Sael Torres Mejía. Posteriormente, los culpables fueron condenados a una pena de tres años y medio que cumplieron en celdas preventivas de Somoto. Fueron procesados por homicidio, y no por asesinato.
El 5 de septiembre de 2020, Irinea Mejía falleció en su humilde vivienda de la única calle polvosa y llena de piedras del caserío de El Carrizo, rodeada de pobreza y desconsuelo. Ella demandaba una verdadera justicia que jamás llegó.












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