Ya la víctima está apuñalada. Tiene heridas múltiples y la sangre corre profusa. Su agresor la tiene encadenada, silente. Pareciera entonces que no hace falta nada más; que podría ser hora de guardar los puñales y cantar victoria. Pero no. Ahora el victimario saca de nuevo el acero y lo enfila para asestar la estocada final.
Es lo que ocurre con la Iglesia. Está mal herida y acorralada. Se ha quedado ya sin cinco congregaciones de monjas y 32 religiosas, sin más de treinta sacerdotes —entre exilados, presos, expulsados e impedidos de regresar— sin canales de televisión, sin universidades, con docenas de ONG canceladas, entre ellas Cáritas, con sus cuentas bancarias congeladas y sus dineros usurpados, sin permiso para procesionar en las calles, con un obispo en prisión de máxima seguridad y los otros obligados a callar.
Se podrían sumar más grilletes y golpes, pero estos no hacen falta para demostrar lo obvio: que ha sido golpeada como nunca lo había sufrido en la historia del país. Sin embargo, el régimen no está satisfecho. No quiere nocaut sino muerte. Y para eso afila nuevos puñales. La estocada más reciente fue el invento de haber encontrado sacos con más de medio millón de dólares en distintas parroquias. Por supuesto que los autores del ardid saben que es falso —no muestran pruebas y es a todas luces absurdo—, pero piensan que con él y otras nuevas acusaciones pueden convencer a sus bases de que hay sobradas razones para aplastar al clero.
Un reciente artículo publicado en el órgano oficialista 19 Digital, “El Dinero bajo las Sotanas”, lo anuncia claramente. De acuerdo con él, los tales sacos son solo la punta del témpano. Debajo de “esos detalles que tratan de ocultar el fondo”, dice, hay una realidad mucho más grave: “El tránsito de varios millones de dólares por cuentas diocesanas a nombre de varios sacerdotes y obispos, a ser canalizados en parte hacia la oligarquía y en parte directamente hacia las organizaciones criminales alistadas”.
Se trata pues, según la versión gubernamental, de una gigantesca operación de lavado de dinero con el propósito de “financiar actividades criminales y terroristas”. El 19 Digital dice además que “la Iglesia Católica es hoy el catalizador de la oposición…” empeñada además en el “uso descarado y desenfrenado del púlpito eclesial con propósitos políticos; una secta que ha cambiado la fe por el odio, las oraciones por el terror, la subversión por la misión pastoral… cuyo programa político es preparar un nuevo intento golpista”.
Esta caracterización tan negativa y caricaturesca de la Iglesia, no nos equivoquemos, es la preparación para golpearla más. Es una práctica standard de los dictadores. Hitler, antes de atacar a los judíos, desató una campaña de desprestigio acusándolos de haber traicionado Alemania. Putin, antes de atacar Ucrania, la acusó de ser una amenaza y estar dominada por elementos neonazis. Una vez demonizado el adversario, no queda más que defenderse contragolpeándolo sin misericordia, en “defensa de la paz”. Es lo que insinúa claramente el mismo escrito de El 19 Digital: el plan golpista de la Iglesia nos dice, “lo saben bien en el Carmen, donde han optado por acabar con toda paciencia y responder golpe a golpe… Es sabido que la paz no es un bien duradero, si no la defiendes, la pierdes. Así que por parte del sandinismo no habrá incertidumbre, ni vacilación, ni indulgencia, ni timidez en la actuación…”
Vienen pues más golpes. El puñal está afilado. El escrito deja entrever, incluso, ciertas acciones concretas cuando afirma que “también hay otra línea de investigación relacionada — y no menos importante— sobre tierras y bienes inmuebles a nombre de obispos, sacerdotes y testaferros que primero fueron adquiridos y luego transferidos ilegalmente”. Habrá que esperar pues una nueva ola de confiscaciones de propiedades eclesiásticas y de aquellos a quienes el gobierno considere sus testaferros.
El gobierno, evidentemente, no cree estas historias. Las inventa porque su propósito principal no es neutralizar políticamente a la Iglesia sino destruirla lo más completamente posible. Su agenda es ya visible: llevarla a la quiebra total, a la asfixia económica, dejarla sin propiedades, sin escuelas, sin cuentas bancarias, sin órdenes religiosas, y, de ser posible, sin púlpitos.
Es un nuevo capítulo de las fuerzas del averno queriendo acabar la obra de Cristo, pero que de nuevo la Iglesia resistirá confiada en que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492.2019.