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Su amor por la agricultura lo empujó a estudiar Agronomía, carrera que desarrolló en una organización no gubernamental (ONG) donde, durante 17 años al asesorar a pequeños agricultores llevó a la práctica lo aprendido en la academia, pero a la vez se preparó para dar el salto y convertirse en empresario. Durante su desempeño profesional Silvio Escoto identificó algunas hortalizas gourmet que se importaban porque no se producían en Nicaragua. Ocho años después abastece estos productos a la cadena más grande de supermercados del país y es uno de los pocos que produce hortalizas en invernaderos.
A diferencia de la mayoría de emprendedores que producen y luego buscan dónde vender sus productos, Escoto primero identificó su mercado, la clave para hoy conquistar el éxito.
«Desde que me metí a esto mi meta siempre fue venderle a Walmart», dice Escoto que en 2014 con apoyo de su esposa comenzó a darle forma al proyecto. Adquirió una parcela de 4.7 manzanas en Chagüitillo, Matagalpa, instaló el servicio de energía y perforó un pozo. En 2015 empezó a producir hortalizas a campo abierto y en 2017 renunció a su trabajo para dedicarse de lleno a su proyecto que ahora le da empleo a nueve personas de la zona.
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Producción y comercialización se ha triplicado
«Cuando comencé le vendía a Walmart chiles dulces, luego papaya y otros productos hasta seleccionar lo que ellos importaban de Guatemala que eran, chiles mundiales o de colores, tomate cherry, tomate manzano y maíz dulce. Cuando empecé a producir chiles mundiales les vendía cada semana, treinta cajas de treinta unidades cada una. Pero ahora que introduje la agricultura protegida y otras tecnologías tengo el compromiso de entregar 150 cajas semanales de los tres colores, amarillo, anaranjado y rojo», relata Escoto, quien es originario de Sébaco, Matagalpa.
También entrega unos 1,500 elotes dulces cada semana, cultivo que ocupa para rotar el uso de la tierra y cincuenta cajas de tomates cherry y manzano. La empresa le paga cerca de 20 córdobas por cada chile y 15 por cada elote. Él consigue estos precios porque su producción es considerada gourmet y ecológica, ya que las técnicas de protección al reducir el uso de agroquímicos garantizan alimentos más sanos.
Los contratos que tiene con la empresa le garantizan estabilidad en el precio durante todo el año, esto le ha permitido invertir cerca de cien mil dólares en casi tres manzanas de tecnología de agricultura protegida.

Cien mil dólares invertidos en agricultura protegida
«He ido poco a poco porque invierto lo mismo que genera la propiedad. Cuando me decidí introducir la agricultura protegida comencé con un túnel, luego con casas mayas, pero en invierno el agua se pasa y la humedad puede propiciar plagas y es difícil producir productos gourmet, entonces desde 2019 opté por los invernaderos ya que en ellos el cultivo está totalmente protegido», explica Escoto.
También detalla que «mi inversión en agricultura protegida anda como en cien mil dólares. Tengo ocho megatúneles, cinco casas mayas y cuatro invernaderos, incluido uno que me donó Walmart a mí y a varios productores en reconocimiento al esfuerzo que hemos venido haciendo en tecnologías, para garantizarles durante todo el año los productos de la calidad que ellos requieren», explica Escoto.
Estas estructuras permiten producir durante todo el año, garantizan productos más sanos porque se usan menos plaguicidas y mayores niveles de productividad. «Al final el objetivo principal de este tipo de agricultura protegida o tapada es garantizar que los cultivos no sean dañados por las plagas, enfermedades, ni por la lluvia», dice Escoto.

Cultivos escalonados
Para garantizar la producción constante, Escoto maneja cultivos escalonados. Además, rota la producción de chiles mundiales con el maíz dulce y cuando corta las mazorcas incorpora al suelo las plantas para mejorarlo. Estos sistema de protección se completan con el riego por goteo que por su precisión es muy eficiente y la siembra se realiza en dependencia del contrato que se haya establecido para cada una de las dos cosechas que saca por año.
El 85 por ciento de la producción la entrega a la cadena de supermercados y el restante 15 por ciento que es rechazado por no cumplir las condiciones establecidas por ellos, lo canaliza a través de pequeños distribuidores.
Mientras muchos productores se quejan de que los comercializadores se quedan con la mayor parte de las ganancias en la comercialización de alimentos, Escoto les aconseja no echarle toda la culpa a los comercializadores, sino estudiar y conocer el mercado para identificar las oportunidades. También considera fundamental no ver la inversión en tecnología como un gasto sino como mecanismo para que su producción sea eficiente y competitiva, pero también en conocimiento. A pesar de ser agrónomo, desde que emprendió su negocio Escoto ha realizado diversos estudios en agricultura protegida, sistemas de riego y manejo de plagas, entre otros.
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