¿Puede sobrevivir la Iglesia católica sin sus cuentas bancarias?

El sábado 27 de mayo la Policía confirmó oficialmente el bloqueo de las cuentas bancarias de la Iglesia católica, bajo la acusación de graves delitos económicos que no son demostrados, únicamente imputados.

 Al respecto el cardenal Leopoldo Brenes confirmó al medio de información en línea Despacho 505, que en efecto las cuentas bancarias de algunas diócesis y parroquias han sido bloqueadas. Pero sobre la grave acusación de la Policía contra la Iglesia, el cardenal Brenes dijo que hasta ese momento no se le había informado nada, que él solo lo sabía “por las noticias”.

Sin embargo, el también arzobispo de Managua y vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, aseguró que a pesar del bloqueo de las cuentas bancarias de las parroquias, estas seguirán trabajando normalmente “porque el trabajo de la Iglesia es la evangelización”. Y acerca de esto, otro medio de comunicación en línea informó que una fuente eclesiástica, que por prudencia no se identificó, le aseguró que “de ser definitivo el bloqueo, las parroquias podrían sobrevivir de las limosnas de los feligreses, pero no lo podrían hacer los colegios parroquiales y otras instituciones eclesiásticas”.

Esto es comprensible. Sin embargo la situación es grave, porque vivimos en la época de la bancarización. En el mundo moderno, y hasta en Nicaragua, muchas personas naturales y prácticamente todas las instituciones jurídicas, como es la Iglesia católica, operan necesariamente con base en el manejo de sus cuentas bancarias.

Es cierto que, en general, los feligreses aportan sus ofrendas ordinarias y extraordinarias en dinero efectivo, que se colecta durante las misas. También los servicios religiosos, como intenciones por las almas de los difuntos o en acción de gracias por distintos motivos, así como los bautizos, primeras comuniones y bodas, se pagan en efectivo. Aunque en los últimos tiempos y hasta la semana pasada, esto se podía hacer y se hacía cada vez más igualmente con  transferencias a las cuentas bancarias de las parroquias.

 De manera que es válido asegurar que la Iglesia católica de Nicaragua podrá sobrevivir a la gran tribulación que sufre en la actualidad. La Iglesia católica ha demostrado a lo largo de su historia     —centenaria en Nicaragua y milenaria en el mundo—, una gran capacidad de resiliencia. Esto es, sobrevivir a toda clase de perturbaciones y adversidades. Y ahora no podría ser de otra manera.

Pero la bancarización es necesaria para el mejor funcionamiento de la Iglesia católica, como de todas las instituciones jurídicas. Y no se puede negar ni minimizar  el grave daño moral y material que le está haciendo el Estado con el injustificado bloqueo de sus cuentas bancarias.

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