Buenos pastores y ovejas

La Imagen del Buen Pastor es cautivante en la fe, ya que Jesús es el Buen Pastor (Jn.10,11.14).

En el Antiguo Testamento no solo se llamaba pastor al que cuidaba de las ovejas. También se le llamaba pastor a  Dios, como dice el Salmista: “El Señor es mi pastor, nada me falta, por lugares tranquilos me hace reposar” (Sal.23,1). Al Mesías prometido (Ez 34,23-24). También se refiere a los que están al frente del pueblo civil y religiosamente.

El Buen Pastor no es el jefe que se impone y silencia la voz de las ovejas, sino el que las guía para que sean ellas mismas quienes caminen en libertad (Jn.10,9).

No es el falso líder que se cree el superior de todos, sino el servidor que calladamente se las juega por todos (Jn.10,12.15.17-19).

No es el que ordena y manda (Jn.10,12), sino el que sirve y no le importa correr el riesgo de perder la vida con tal de salvar a sus ovejas, los seres humanos (Jn.10,10).

No es que se impone por la fuerza, sino la mano reconciliadora que une a todos en un solo redil (Jn.10,16).

No es el que golpea con su bastón de mando a diestra y siniestra, sino el que acoge a todos sin distinción alguna (Jn.10,16).

No es el falso líder que dispersa y divide, sino el que une a todos, a los de cerca y a los de lejos formando un pueblo justo y solidario (Jn.10,16).

No es el que se busca a sí mismo para levantar su ego a costa de la humillación de los otros, sino el que arriesga todo por el bien de todos sin buscar intereses personales algunos (Jn.10,1-2).

Ya lo denunciaron los profetas a los malos pastores: “¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos!… Ustedes se han tomado la leche, se hacen con su lana, han sacrificado las mejores ovejas; no han apacentado el rebaño. No han fortalecido a las ovejas débiles… ni buscado a la descarriada… Mis pastores no se ocupan de su rebaño…, se apacientan a sí mismos” (Ez 34,1-8).

Así mismo Jesús, como los grandes profetas de Israel, sentía verdadero dolor al ver cómo los pastores políticos y religiosos de su tiempo habían abandonado a su pueblo: “Al ver la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos, como ovejas sin pastor” (Mt.9,36… ¡No les importan las ovejas”! (Jn.10,8.10.12-13).

Hoy, como ayer, existen muchos pastores, que han desvirtuado su servicio y guía, haciendo daño a su gente y pueblo. Solo buscan su yo y la lana de las ovejas.  Se olvidan de los más humildes y se han corrompido.

Jesús se llamó a sí mismo “el Buen Pastor”. La verdad es que toda su vida fue: un darse siempre a los demás, hasta la misma cruz (Jn.10,11) para salvar a todos (Jn.10,9).

Un ofrecer su vida en beneficio siempre de la vida de los hombres (Jn.10,10.15.17-18). 

Un estar siempre al servicio de todos, sin distinción alguna (Mc.10,45).

El que es capaz de arriesgar su vida para salvar la nuestra (Jn.10,11.17).

Todos tenemos que ser en la vida un poco de buenos pastores y un poco de buenas ovejas: Pastores que están siempre al servicio de los demás, que buscan el bien común y que conoce y ayuda a sus ovejas.

Ovejas, que es ser siempre gente sencilla. De estar abiertos siempre a la palabra de nuestro Buen Pastor, Jesús que nos conduce y nos abre caminos para que nadie nos engañe ni nos manipule. De poner nuestra lana, nuestras posibilidades al servicio de los demás

El mundo en el que vivimos necesita de cada uno de nosotros para que en nuestros ámbitos seamos buenos pastores del pueblo, de la familia, de las comunidades cristianas al estilo de Cristo: Líderes y pastores que se entreguen al servicio del pueblo, como el Buen Pastor, Cristo.

El autor es sacerdote católico.

Opinión Dios Israel pastor religión solidarios archivo
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí