Este martes 25 de abril de 2023 se cumplieron 33 años del día de la toma de posesión presidencial de doña Violeta Barrios de Chamorro. Ella fue la primera mujer presidenta de Nicaragua y también la primera persona elegida para ejercer ese cargo público en elecciones libres, desde el año 1932, cuando lo hiciera el demócrata liberal Juan Bautista Sacasa que fue derrocado en junio de 1936 por el general Anastasio Somoza García.
La histórica elección de doña Violeta fue el punto de partida para poner fin a la sangrienta guerra civil de sandinistas y contrarrevolucionarios, para restablecer la república democrática en sus componentes básicos, para promover la reconciliación nacional que llegó hasta donde los incansables promotores del odio entre los nicaragüenses la dejaron llegar, y otras conquistas de igual significación histórica.
El expresidente Enrique Bolaños —quien fuera un férreo crítico de doña Violeta y su gobierno— reconoció en su libro sobre la historia de Nicaragua La lucha por el poder. El poder o la guerra, que la elección de doña Violeta “trajo una brisa de paz, esperanza y tranquilidad al país en momentos en que la situación general era desastrosa en lo político, social y económico, y hasta en lo moral, y demandaba grandes empeños para resistir al FSLN que amenazó con seguir gobernando, esta vez ´desde abajo´”.
Pero ese partido armado no solo amenazó con hacer tal cosa, sino que desató una serie de acciones violentas desestabilizadoras para no dejar gobernar normalmente a doña Violeta, e incluso para tratar de derrocarla.
Como revolucionarios de tendencia marxista-leninista, los dirigentes del FSLN no estaban ideológicamente preparados para perder las elecciones y entregar el poder. Si los comandantes permitieron elecciones libres y competitivas el 25 de febrero de 1990, fue porque creían que las ganarían. Y si entregaron el poder fue porque los obligó la comunidad internacional. Pero a cambio de entregarlo arrebataron un montón de concesiones y privilegios que minaron al naciente gobierno democrático de doña Violeta.
En cualquier caso, el triunfo electoral de doña Violeta y su gobierno genuinamente democrático demostraron que no solo mediante la violencia se puede cambiar gobierno en Nicaragua. Que aunque sea enfrentando muchas dificultades es posible hacerlo también por medios pacíficos, cívicos e institucionales, o sea mediante procedimientos electorales.
Eso era algo que a muchos les parecía imposible en 1990, por los antecedentes de la turbulenta historia política nacional y la naturaleza del régimen sandinista de los años ochenta. Y parece imposible ahora, cuando se ha hecho desaparecer el sistema de derechos y libertades que con mucha dificultad, pero con más voluntad política, instituyó el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro.
Si con doña Violeta y la alianza de partidos en la Unión Nacional Opositora fue posible cambiar el Gobierno y abrir el camino a la democracia de manera pacífica, electoral, bajo determinadas condiciones favorables que se podrían crear, también ahora podría ser factible.
La filósofa de la libertad, Hanna Arendt, enseñó que solo hay dos clases de poder político, el que oprime y el que libera. El que oprime se impone por la fuerza, pero el que libera se establece pacíficamente, a través del sufragio universal. O sea, por medio de las elecciones libres, limpias y competitivas.