Al conmemorarse el quinto aniversario de la rebelión ciudadana de abril de 2018 por la libertad y la democracia, fue notoria la ausencia de los partidos políticos.
Aparte de algún artículo de opinión no se oyó ninguna otra voz partidista en esta importante conmemoración. O si las hubo no llegaron a nuestro conocimiento.
A decir verdad, ya en los sucesos de abril de hace cinco años que partieron la historia política contemporánea de Nicaragua en un antes y un después, los partidos políticos no tuvieron presencia. Si acaso hubo miembros de algún partido que intervinieron en aquellos eventos —en las manifestaciones pacíficas o en los tranques—, pero fue a título personal.
En realidad, poco o nada tenían que hacer los partidos políticos en las protestas cívicas y la rebelión ciudadana de abril de 2018. Estas fueron espontáneas y autoconvocadas, nadie las organizó, a pesar de lo contrario que dice el relato oficial del régimen, porque es lo que le conviene decir.
Lo que ocurrió fue un estallido masivo de la gente que durante años acumuló insatisfacción y enojo por la falta de libertades y la negación de sus derechos; porque fue cerrada la posibilidad de cambiar de gobierno y mejorar la situación de manera pacífica y cívica, en las urnas electorales. Por la acumulación de odio en mucha gente debido a la injusta y desmesurada represión.
Desde antes de los sucesos de abril de 2018, los partidos políticos —salvo el FSLN que es un caso especial— se habían distanciado de la gente. En septiembre de 2017 la encuesta de CID-Gallup reportó que al 53 por ciento de los ciudadanos no les interesaban los partidos. El liberalismo, que al dividirse en las elecciones de 2006 le entregó el poder a Ortega, registró solo 3 por ciento de aceptación y los otros más conocidos apenas el 1 por ciento.
La rebelión de abril y sus consecuencias no cambiaron la situación de los partidos políticos, salvo la del FSLN, que comprensiblemente perdió alrededor de la mitad de sus seguidores. En efecto, en enero de este año 2023 la encuesta de CID-Gallup mostró que el 68 por ciento de los ciudadanos no quieren a ningún partido; el FSLN bajó a 25 por ciento y los partidos supuestamente opositores que colaboran con el régimen, pero igual los verdaderos partidos que fueron ilegalizados por el régimen, siguieron nadando en niveles ínfimos de aceptación ciudadana.
Los líderes cívicos sin partido que para esa fecha estaban todavía en la cárcel: Cristiana y Juan Sebastián Chamorro, Félix Maradiaga, Medardo Mairena y José Adán Aguerri, fueron los que como personalidades individuales mostraron bastante respaldo popular.
Ahora bien, para la apertura de una vía a la recuperación del camino democrático del país no parece que los partidos políticos sean indispensables. Como sí lo serán en la futura transición a la democracia que será necesaria para crear un nuevo modelo de Estado y de gobernabilidad. Tal vez los partidos que existen sin personería jurídica, o mejor nuevos que puedan ganarse la confianza de los ciudadanos.
Es un axioma de la política que la democracia no puede funcionar sin un sistema de partidos políticos. Un tema al que necesariamente tendremos que volver en posteriores ocasiones.