Por mandato de las Naciones Unidas el 22 de abril se celebra el Día Mundial de la Tierra, el planeta en que habita la humanidad y que está enfermo de gravedad por la irresponsabilidad, la insolidaridad, el poco aprecio al medioambiente que se debe proteger, recrear, para que todos los terrícolas puedan vivir con un mínimo de dignidad.
El propósito de la celebración del Día Mundial de la Tierra, como dice la misma ONU, es crear y desarrollar conciencia sobre “los problemas de la superpoblación, la contaminación y la importancia de la conservación de la biodiversidad… Además, alentar a todas las entidades en el plano nacional e internacional a convocar y organizar actividades relacionadas con el cuidado y mantenimiento de la naturaleza”.
Decimos que la Madre Tierra está enferma, porque según las cifras oficiales de los organismos internacionales pertinentes cada año se pierden 10 millones de hectáreas de bosques. En Nicaragua, la implacable desforestación de Bosawas, Indio Maíz, las reservas indígenas del Caribe y otras áreas supuestamente protegidas por la ley y las autoridades públicas, es una clara muestra de eso.
También se informa que alrededor de un millón de especies animales y plantas, cuya existencia es indispensable para mantener el equilibrio ecológico se encuentran en peligro de extinción. Y en esto Nicaragua también da muestras de su contribución. Basta ver a las muchas personas que a lo largo de las carreteras, e incluso en Managua enfrente de algunos centros comerciales, ofrecen en venta animalitos indefensos que están condenados a desaparecer.
Sin duda que hay gente consciente de que los ecosistemas sanos ayudan a la protección de la salud, entienden que la diversidad de especies hace más difícil la propagación de patógenos o microorganismos que originan y desarrollan enfermedades. Pero la mayoría no lo cree o simplemente lo ignora
Dios creador de todo lo que hay en el universo, o la naturaleza, según la creencia de cada quien, le dio a la humanidad la Madre Tierra para que le provea todo lo necesario para vivir. Pero no se la concedió de gratis, sino a cambio de cuidarla y ayudarla a renovarse de manera permanente, porque igual que la madre física de la persona humana, la Madre Tierra se deteriora y enferma si no se le protege, y hasta corre el peligro de morir o al menos de no cumplir apropiadamente la tarea de proveer de los medios de vida a la gente que la habita.
Por la irresponsabilidad o el descuido humano los mares se llenan de basura plástica, sus aguas se vuelven más acidas, la temperatura ambiental aumenta, los incendios forestales, las inundaciones, la subida de los niveles de los mares y otros eventos climáticos afectan a muchísimas personas de diversas partes del planeta.
Pero cuidar a la Madre Tierra significa también proteger a sus hijos humanos, o la obligación de autoprotegerse ellos mismos; ayudarse unos a otros y crear y mantener las condiciones apropiadas para vivir con dignidad. En lo cual la mayor responsabilidad recae en quienes asumen y desempeñan posiciones de liderazgo. Nos referimos a los gobernantes en particular.
Queremos decir con esto que así como es un imperativo moral y legal proteger el medioambiente natural, también lo es cuidar el entorno humano, procurar que los hijos de la Madre Tierra vivan en libertad, que convivan en ambientes sociales y políticos de tolerancia, con gobiernos democráticos que funcionen a base del consenso y respeten los derechos naturales, sociales y legales de todos los seres humanos.
Mientras eso siga siendo solo una aspiración, y donde esas obligaciones primordiales no sean cumplidas, la humanidad estará en deuda con Dios o la Naturaleza, y específicamente con la Madre Tierra.