Para tratar este tema partiré de la definición que da la RAE, sobre el tema que nos dice del miedo, que es: perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario en la primera de sus acepciones, que es la que nos interesa a los efectos de este escrito.
“Llamamos miedo a un sistema de alarma de nuestro cerebro que se activa cuando detecta una posible amenaza un real o supuesta, presente, futura o incluso del pasado. Se trata de una respuesta útil y adaptativa que conlleva cambios en el funcionamiento de nuestros comportamientos, pensamientos y cuerpo, según el psiquiatra español G. Villarreal”.
“El miedo —sigue diciendo Villarreal— es un esquema cerebral de adaptación al entorno y constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa, el cual le permite a la persona responder ante situaciones adversas con rapidez. En ese sentido, es normal y beneficioso para todos los seres vivos tener miedo.”
Y es claro que en nuestro país la gente está constantemente amenazada por una perturbación angustiosa de ese posible daño que en nuestro caso es real, no imaginario, creado por la actuación de una dictadura cruel que mantiene al pueblo semi trastornado pensando que en cualquier momento las fuerzas represivas del régimen llegarán a su casa o le apresaran en la calle ante el más mínimo incidente que haga relación con la dictadura de los OrMu.
He hecho esta introducción para mostrar que es evidente que hay pánico, pavor, susto permanente en los ciudadanos nicaragüenses que habitan en nuestra querida tierra y aún en muchos de los que han huido del terruño y que viven en la diáspora, por temor a le hagan daño a los familiares que continúan viviendo en el país.
Hace unos pocos días hice a manera de pulso social un pequeño experimento que me confirmó ese estado. Como saben muchos de los que leen esta columna, la he venido escribiendo desde hace muchos años, más concretamente desde que el dictador Daniel Ortega volvió al poder en 2007, a raíz de los pactos Alemán-Ortega. Incluso antes.
Todas las semanas publicaba en Trinchera de la Noticia, los días lunes, mi columna en la que anotaba la deriva totalitaria y autocrática que ya practicaba el régimen de Ortega, en la época de su luna de miel con el empresariado, que descuidó la parte política de su alianza en aras de sus beneficios económicos, hasta que llegó el rompimiento total de esa afinidad.
Cuando la dictadura clausuró Trinchera, prácticamente me quedé en el aire, sin tener donde exponer mis ideas sobre la situación nacional y empecé a escribir mi columna de enfrentamiento con el régimen por medio de Whatsapp, que enviaba semanalmente a distintas personas que sabía que me leían, hasta que LA PRENSA digital me dio cabida en sus páginas y continué mis escritos que muchos leen aquí.
El experimento al que me referí en líneas arriba, consistió en lo siguiente: abrí una carpeta de Whatsapp titulada Artículos con los nombre de las personas que siempre me habían leído, y que todavía no había descargado ningún artículo de los que escribo y me sorprendió el hecho de que muchos de los que le mandaba a título individual mis escritos, empezaron a salirse de la referida carpeta. Todavía me pregunto a qué se debe esta actitud. Algunos de los que rápidamente se salieron tuvieron la amabilidad de explicarme que debido a la situación política del país se daban de baja de la página que aún no estaba funcionando, a los que agradezco que lo hayan hecho así, como también a los que se desgajaron de una página todavía vacía, pero que me confirmó que el miedo está latente en nuestra Nicaragua.
Al afirmar esto no lo hago como un reproche, ni mucho menos, pues entiendo perfectamente que la glándula del cerebro que motiva el miedo se puso en marcha y que este hecho lo sintieran como una amenaza real a su intimidad que podría causarle daños inminentes a ellos o a sus familiares.
También otra manifestación de ese miedo se me ha puesto de manifiesto en el hecho de que algunas personas amigas, cuando les llamo por teléfono no me contestan porque creo que piensan que los están interviniendo en sus teléfonos móviles y que escucharán la conversación que en muchos casos no tiene nada que ver con la política. La gente se acostumbra a las dictaduras cuando tiene miedo a combatirla.
Supongo que igual le pasa a los nicaragüenses que estuvieron presos por el simple hecho de oponerse a la dictadura, los que fueron desposeídos supuestamente de su nacionalidad y confiscados sus bienes —lo que no es mi caso— que pienso que incluso sus llamadas a sus familiares de verdad están intervenidas por la dictadura.
Todo esto conduce a un camino cuyo fin está por verse, pero que creo no está muy largo el plazo, pues la dictadura sabe a ciencia cierta que Nicaragua no es Cuba, ni somos Venezuela o Bolivia y que llegará el momento en que se producirá una implosión social que los arrastre al rincón más oscuro de la historia y que el fondo ellos también son víctima de su propios miedos.
Ahora la dictadura se mantiene en el poder a base de torturas físicas o psicológicas ejecutadas por sus fuerzas represivas —que tiene como consecuencia el miedo— sobre todos los que no le siguen o piensan como ellos, pero eso, no es eterno, pues nuestro pueblo tiene la convicción profunda que llegará el momento en que por cualquier vía —preferentemente pacífica— a la dictadura se le caerá el chiringuito represivo, que saldremos de ese túnel en el que estamos encerrados y veremos la luz de la libertad, la justicia y la democracia brillar en nuestro cielo azul y blanco.
Para terminar quiero citar la famosa frase del Mártir de las Libertades Públicas, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien expresó que “cada uno es dueño de su propio miedo”. No olvidemos esta profunda reflexión para superar nuestro miedo.