Estudiantes de la Universidad Nacional Agraria (UNA) se enfrentan a antimotines el 19 de abril de 2018. LA PRENSA/ ARCHIVO/ JADER FLORES

Crónica del 19 de abril: el día que irrita a Rosario Murillo

En esa fecha, que ahora quiere declarar como Día Nacional de la Paz, el régimen Ortega Murillo inició la matanza de más de 300 nicaragüenses con tal de no abandonar el poder

El 19 de abril de 2018 fue jueves y muchos jóvenes nicaragüenses amanecieron desvelados porque pasaron toda la madrugada viendo en Facebook como en el día y en la noche anterior las turbas del régimen Ortega Murillo, con la complicidad de la Policía, habían vapuleado a unos ancianos en León y a un grupo de manifestantes en Managua, en Camino de Oriente y en las afueras de la UCA.

Tanto los ancianos leoneses como los manifestantes capitalinos habían estado protestando en contra de unas reformas al Seguro Social que les quitaba el cinco por ciento de sus ya paupérrimas pensiones a los jubilados y aumentaba la tasa de cotizaciones para los empleados y los empleadores.

Esa madrugada del 19 de abril, cuenta el ahora reconocido líder estudiantil Lesther Alemán, muchos jóvenes universitarios también se la pasaron chateando en WhatsApp, viendo la forma de darle continuidad a las protestas. “Mañana (19 de abril) hay que hacer algo porque cómo nos agredieron hoy”, se decían desde la noche anterior.

En esos días estaba haciendo mucho calor. Las autoridades ambientales habían detectado más de mil focos de calor en todo el país y en el campo se habían producido varios incendios forestales.

Uno de esos incendios en particular, ocurrido el 3 de abril en la reserva Indio Maíz, tenía en alerta al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, pues el desastre había propiciado un ambiente de protestas especialmente entre los jóvenes, ante la mala respuesta que dieron los gobernantes al mismo.

Indio Maíz, reserva indio maíz
Protesta frente a la UCA, el 12 de abril de 2018, por la mala forma en que el régimen dio respuesta a la emergencia ambiental en Indio Maíz. LA PRENSA/ ARCHIVO/ URIEL MOLINA

Los ánimos de la población se caldearon más cuando el 16 de abril, el presidente ejecutivo del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), Roberto López, anunció las lesivas reformas con el fin de evitar la quiebra de la institución.

En el reparto El Carmen, en Managua, Rosario Murillo se encontraba sola, es decir, sin Daniel Ortega, en la vivienda que ocupan como Casa Presidencial. El doctor Richard Sáenz Coen, quien en ese entonces era ginecólogo de las mujeres de la familia Ortega Murillo, confirmó a la Revista DOMINGO que, aunque él obviamente nunca atendió a Ortega, sí se dio cuenta que el dictador estaba en Cuba y una persona allegada a la familia le confió que fue por un problema prostático, aunque no maneja más detalles.

El desvelo con el que amanecieron los universitarios y demás jóvenes no les impidió estar listos para reanudar las protestas a las 9:00 de la mañana, solo que la noticia era que los estudiantes de la Universidad Nacional Agraria (UNA) y de la Universidad Politécnica (Upoli) se habían tomado las mismas en apoyo a los estudiantes de la UCA, que habían sido agredidos en la noche anterior, explica Lesther Alemán.

Ese mismo 19 de abril las protestas se extendieron por todo el país. Ya el problema principal no era el incendio en la reserva Indio Maíz, ni la reforma al Seguro Social. Ya la cuestión era la violencia con la que había respondido el régimen Ortega Murillo en contra de los ancianos y los demás manifestantes.

Lamentablemente, el 19 de abril de 2018 terminó con tres personas asesinadas, producto de la violencia del régimen: un trabajador de 29 años de edad, Darwin Urbina; un joven estudiante de 17, Richard Pavón y el policía antimotín Hilton Manzanares, de 33.

A pesar de la violencia ejercida por el régimen ese día, cinco años después, este jueves 13 de abril de 2023, Rosario Murillo anunció que el 19 de abril será declarado Día Nacional de la Paz, un hecho que es calificado por los opositores al régimen como cinismo por parte de Murillo, una burla al dolor de las madres que perdieron a sus hijos durante la protesta y hasta como locura, porque tiempo atrás ese mismo día lo habían declarado como Día Nacional del Deportista.

Antes de abril de 2018

Nicaragua parecía convertida, hasta abril de 2018, en un país en el que los ciudadanos tenían temor a protestar o pensaban que alzar la voz era inútil y que lo único que servía era trabajar para comer.

Se debía principalmente a que, desde el año 2008, el gobernante devenido en dictador, Daniel Ortega, reprimía cualquier intento de protesta con turbas armadas con palos, piedras, tiradoras, armas hechizas. Con la complicidad de la Policía, los sicarios del régimen utilizaban lo que tuvieran a mano como arma contra el pueblo, hasta los cascos de las motos en las que se movilizan hasta la fecha.

En ese año, Ortega y su partido Frente Sandinista (FSLN) se robaron las elecciones municipales de 2008 y cuando la gente protestó la reprimió con sus turbas. Después, en 2011, Ortega se hizo designar presidente, aunque la Constitución Política se lo prohibía, y cuando la población quiso protestar también fue reprimida.

Lo mismo ocurrió con la repartición antojadiza de cédulas y el siguiente robo de las elecciones municipales del 2012, cuando fanáticos orteguistas casi hacen desaparecer a todos los hombres de una sola familia en una comunidad que se llama El Carrizo, en Madriz.

Los campesinos fueron reprimidos cuando protestaron por una ley canalera que a todas luces fue creada para robarles sus tierras.

zona canalera, propiedades ilegales
Una de las protestas de los campesinos en contra de la ley canalera. LA PRENSA/ ARCHIVO

Y así fue pasando el tiempo. Ortega y su familia se enriquecían con la ayuda que les llegaba de Venezuela. En el 2016, Ortega hizo nombrar a su esposa Rosario Murillo como vicepresidenta, además de colocar a sus hijos como si fueran funcionarios de gobierno.

Mientras mantenía sujeta a la población mediante la violencia, Ortega se congraciaba con los empresarios, les otorgaba facilidades para que éstos últimos se dedicaran a sus negocios y lo dejaran a él a cargo de los asuntos políticos.

Y, a como hizo la dictadura somocista en su tiempo, compró la conciencia de algunos políticos que se convirtieron en una oposición “zancuda”, a como se le conoce precisamente desde los tiempos de los Somoza a los opositores que se venden por un cargo.

Además, desde el año 2007 se había granjeado el favor de los obispos católicos mediante una ley que hasta en la actualidad castiga el aborto severamente en cualquiera de sus circunstancias.

Se llegó a un punto en el que se consideró que la juventud nicaragüense, la que históricamente ha sido protagonista de cambios, estaba apática.

Sin embargo, el politólogo Félix Maradiaga, hoy excarcelado político y desterrado por el régimen, considera que se ha hecho una mala lectura del silencio que hizo la población nicaragüense, especialmente los jóvenes, durante todos esos años.

Maradiaga afirma que, desde antes que Ortega regresara al poder en 2007, la ciudadanía protestaba y, aunque luego se apreciara como que la población había perdido el optimismo de que con manifestaciones públicas se iban a lograr cambios, realmente “Nicaragua no estaba callada”.

Había, según Maradiaga, diferentes expresiones de rebeldía, como las protestas cuando se le canceló la personería al MRS, las muchas marchas que realizó el movimiento campesino, las protestas de los jubilados en 2013, que fueron apoyadas por los jóvenes dando origen a OcupaINSS.

En el caso de los jóvenes, se podía apreciar que no les motivaban las mismas causas que una vez movieron a sus padres y por eso no les indignaban los temas electorales, como eran los fraudes cometidos por el régimen.

Sí se veía a los jóvenes interesados en otros temas, como los ambientales y los sociales, así como la lucha contra la violencia hacia las mujeres, los voluntariados sociales, entre otros. “Eran otros los disparadores emocionales de su indignación. Los jóvenes se sentían lejos de los partidos políticos”, indica el analista político.

Por eso, indica Maradiaga, los jóvenes explotaron en abril de 2018, cuando ocurre el incendio de la reserva Indio Maíz y vieron que el régimen no le estaba dando la respuesta correcta a la emergencia ambiental.

Derechos Humanos
Marcha de los jóvenes en 2013, en apoyo a los ancianos jubilados, en lo que se conoció como OcupaINSS. FOTO/ ARCHIVO

La juventud nicaragüense terminó de estallar cuando vieron que el régimen estaba golpeando en las calles a sus abuelos y abuelas, es decir, a los viejitos jubilados. El politólogo advierte que la figura del abuelo o abuela en la familia es muy relevante para los jóvenes.

Maradiaga asevera que el régimen fue torpe en abril de 2018, porque no recordó el precedente que había en 2013, cuando los jóvenes apoyaron a los ancianos.

En una entrevista con la Revista DOMINGO en 2009, Maradiaga ya había advertido que Daniel Ortega estaba jugando con fuego al manipular a los jóvenes.

Maradiaga agrega que Ortega abusó del pueblo y no previó lo de abril de 2018. Algo parecido está viendo actualmente con los ataques que el dictador tiene en contra de la iglesia católica, algo que puede colmar la paciencia del pueblo católico, ya que su iglesia “es un tema sagrado”.

Abril de 2018 es para Maradiaga “la explosión de una indignación acumulada” que tenía la población.

El 18 de abril de 2018

No se puede entender el 19 sin el 18 de abril de 2018. La mecha que encendieron las protestas cívicas fueron los jubilados.

Un jubilado leonés, Nicolás Palacios Ortiz, le contó al medio Artículo 66 que ese día se levantó preocupado porque la pensión le iba a salir más pequeña, pero le avisaron por teléfono que iba a haber una marcha en León contra las reformas al Seguro Social, por lo que elaboró una pancarta y se fue a protestar.

Poco después de las 11:00 de la mañana, las turbas del régimen asediaron a los jubilados y dos de ellos sujetaron a Palacios Ortiz, en ese momento de 64 años de edad, y lo lanzaron contra el asfalto.

Hasta las personas que no andaban en la marcha se indignaron con la agresión a Palacios Ortiz, cuya imagen en el suelo comenzó a difundirse en las redes sociales y en las noticias. Luego, las turbas atacaron a más jubilados y a las personas que los apoyaban.

Las protestas de los jubilados ocurrieron, además de en León, en Masaya, Matagalpa y Managua, aunque en este último llegaron muy pocos.

En Managua, miembros del Frente Amplio Democrático (FAD) intentaban convencer a los estudiantes universitarios para que protestaran juntos, pero, cuenta el opositor Elíseo Núñez, algunos líderes estudiantiles no querían mezclarse con lo que llamaban políticos tradicionales.

La agresión a los jubilados en León, en la mañana del 18 de abril de 2018. LA PRENSA/ ARCHIVO

Finalmente, decidieron concentrarse en Camino de Oriente y los del FAD se quedaron asombrados al ver que llegó mucha gente, hasta algunos de los jóvenes que al principio se mostraron reacios.

Lesther Alemán cuenta que se denominaron autoconvocados porque fue una espontaneidad de la gente llegar al punto de encuentro. Alemán dice que ni se conocía con la mayoría de los otros jóvenes que llegaron a Camino de Oriente.

Núñez agrega que al principio hubo distintos grupos pequeños que se apostaron en diferentes lugares a protestar. Por ejemplo, durante el día él estaba cerca del hospital Monte España con 11 personas más, mientras que los también opositores Enrique Sáenz y Edipcia Dubón estaban solos los dos cerca de la rotonda de Metrocentro. “Así de pequeños éramos. Fueron iniciativas propias y aisladas”, dice Núñez.

Fue por la tarde, en Camino de Oriente, cuando se concentró más gente, aunque al principio eran pocos y estaban siendo asediados y ofendidos por las turbas del régimen.

Las agresiones verbales se tornaron en físicas cuando comenzaron a llegar las turbas motorizadas, cuenta Alemán, porque llegaron con armas y con la evidente intención de herir a los manifestantes.

La ex precandidata presidencial ahora en el exilio, María Asunción Moreno Castillo, cuenta que, a las 5:14 de la tarde de ese 18 de abril, se dirigía en su carro a comprar un helado a Camino de Oriente con dos de sus sobrinos y se topó con que las turbas de la Juventud Sandinista estaban agrediendo a los jóvenes manifestantes “a la vista y paciencia de los antimotines”.

Mientras los jóvenes corrían, Moreno vio que a uno de ellos dos turbas orteguistas lo agarraron y lo tiraron contra el capó de su carro y luego lo golpeaban con una piedra en el rostro.

Moreno se bajó del carro para ayudarlo, pero uno de los agresores la amenazó advirtiéndole que no se metiera, por lo que ella se dirigió a los policías, solicitándoles que salvaran al joven, que lo podía matar, pero los uniformados le gritaron que subiera al carro si no quería que le pasara lo mismo.

La abogada alcanzó a ver que el joven se le soltó a los agresores y se corrió, pero ella todavía recuerda el rostro ensangrentado.

Ante lo violento de la situación, los manifestantes optaron por dirigirse hacia el sector de la rotonda de la Centroamérica, pero ahí fueron acorralados de tal manera que a un lado tenían el precipicio del puente a desnivel y en el otro la malla del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific). Además, del lado sur los venían siguiendo las turbas y del lado norte los bloquearon los policías antimotines.

La protesta del 18 de abril de 2018 en Camino de Oriente. LAPRENSA/ ARCHIVO/ WILMER LÓPEZ

Todo estaba siendo trasmitido en vivo por Facebook y, además, Alemán cuenta que se estaban comunicando por teléfono con los estudiantes que estaban en la UCA, quienes, junto al personal administrativo y docentes salieron a las afueras de la entrada principal de la universidad a realizar un plantón con el objetivo de restar presión a lo que ocurría en la rotonda de la Centroamérica y en Camino de Oriente.

Sin embargo, no tardaron en llegar a la UCA buses y camionetas con más turbas y policías, quienes no respetaron ni autonomía universitaria ni propiedad privada y se metieron a la universidad para intimidar a los manifestantes.

Si en la mañana del 18 se vio a los ancianos indefensos ante las turbas, en el suelo y golpeados, por la noche se vio correr la sangre cuando varios manifestantes resultaron heridos.

El 19 de abril

Los jóvenes que se reconcentraron en la UCA, el 19 de abril por la mañana, quisieron marchar hasta la Jean Paul Genie. Pero, por la rotonda “Del Fraude”, o De las Victorias como le conoce el orteguismo, los antimotines no los dejaron avanzar.

Lesther Alemán indica que los antimotines comenzaron a preparar las condiciones para una manifestación que iba a realizar la Juventud Sandinista (JS) en apoyo a las acciones del régimen en Indio Maíz.

Simultáneamente, los estudiantes de la Universidad Nacional Agraria (UNA) protestaban en las afueras de la misma, pero luego se refugiaron dentro cuando la Policía y las turbas llegaron a asediarlos.

Algo parecido ocurrió en la Upoli. Tanto los estudiantes de la UNA como de la Upoli se tomaron ese día los recintos en solidaridad con los jubilados que fueron golpeados en León, Masaya, Matagalpa y Managua, así como con los estudiantes de la UCA también agredidos.

El inicio de las protestas en Monimbó, el 19 de abril de 2018. LA PRENSA/ ARCHIVO

A la vez, los estudiantes de Managua tuvieron conocimiento de que el régimen estaba montando en unos buses a los internos de la UNAN-León, para que llegaran a la capital a agredir. Sin embargo, muchos estudiantes leoneses se bajaron de los buses y huyeron de la UNAN-León, en clara desobediencia a la dictadura, por lo que después la Policía los andaba buscando.

En ese momento, indica Lesther Alemán, todo comienza a tomar forma. Poco a poco, las protestas se van expandiendo a los demás departamentos del país, como Carazo, Jinotega, Estelí, Caribe Sur, Granada, Rivas, Chinandega.

En Masaya, por la mañana, el entonces párroco de la iglesia San Miguel, Edwing Román, estaba oficiando misa en una escuela católica, cuando escuchó detonaciones de morteros, pero no prestó mucha atención porque en esa ciudad siempre hay celebraciones de todo tipo con pólvora.

Cuando salió de la escuela, se dirigió a la parroquia San Miguel, pero la halló cerrada y afuera había un ambiente tenso, y le explicaron que las turbas y la Policía habían agredido una protesta de los jubilados.

Posteriormente, al caer la tarde, escuchó más morterazos al lado de Monimbó, el cual a esa hora ya estaba insurreccionado totalmente.

En Managua, la Upoli se llenó de estudiantes y los antimotines rodearon la universidad, de tal manera que ya nadie podía entrar ni salir.

Fue cuando empezaron los asesinatos.

El joven Richard Pavón Bermúdez, de 17 años de edad, asesinado en Tipitapa el 19 de abril de 2018. LA PRENSA/ ARCHIVO

Las tres primeras víctimas mortales

Darwin Manuel Urbina, de 29 años de edad, era trabajador de un supermercado cerca de la Villa Rafaela Herrera. Su hermana Grethel le contó al periodista argentino Martín Caparrós que era coqueto, que usaba un corte de cabello complejo, con barba y cuidaba su vestimenta.

Tenía la costumbre de que, al salir del trabajo, pasaba por la casa de su madre, cerca de la Upoli.

El 19 de abril de 2018, su progenitora intentó avisarle que no la visitara, porque en la zona había mucha tensión, las calles estaban cerradas y en los barrios cercanos a la Upoli se habían levantado barricadas en apoyo a las protestas.

La madre no pudo comunicarse con él, quien, al encaminarse del trabajo adonde ella, vio a los manifestantes armar barricadas para protegerse de la Policía y de las turbas del régimen.

La familia de Urbina cree que el muchacho debe de haber reconocido a algunos amigos entre quienes protestaban y decidió unírseles.

En un momento, cuando ya estaba oscuro, los manifestantes comenzaron a cantar el Himno Nacional de Nicaragua y los policías antimotines se acercaron disparando y Urbina cayó al suelo con una herida en el cuello.

Cuando la familia lo retiró en Medicina Legal, el acta de defunción decía que la yugular la tenía cortada y también le había estallado la laringe.

Darwin Urbina, asesinado en la Upoli el 19 de abril de 2018. FOTO/ ARCHIVO

De los tres asesinatos ocurridos ese día, algunos consideran que Urbina fue la primera víctima mortal de la violencia que desató el régimen en su intento de frenar las protestas cívicas de abril de 2018.

La segunda fue un policía, que murió también en la Upoli. El capitán de los antimotines, Hilton Rafael Manzanares Alvarado, era de León, estaba casado y tenía tres hijos menores de edad.

Esa noche del 19 de abril, fue asignado a cubrir las protestas, pero recibió dos impactos de bala en el tórax y en la cabeza, esta última le rozó el cuero cabelludo. Tras ser herido, Manzanares fue trasladado al hospital Alemán Nicaragüense, pero llegó sin vida.

Otras personas consideran que el primer muerto de las protestas de abril fue el joven de Tipitapa, Richard Eduardo Pavón Bermúdez, de 17 años.

Estudiaba en el colegio Gaspar García Laviana, donde era reconocido porque participaba en una comparsa.

Entre las 6:00 y las 7:30 de la noche del 19 de abril de 2018, recibió un escopetazo cuando se encontraba a pocos metros de la Alcaldía de Tipitapa, durante las protestas que se realizaban en el lugar.

Según el dictamen médico legal, los perdigones del proyectil de escopeta le ingresaron por la espalda.

Su familia ha afirmado que el disparo provino del personal de seguridad de la alcaldía tipitapeña.

Testigos del crimen trasladaron a Pavón Bermúdez hasta la puerta de un Banpro cercano al lugar de los hechos, donde fue asistido por los bomberos y llevado al hospital Yolanda Mayorga, adonde llegó sin vida.

Según el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), la Policía Orteguista afirmó inicialmente que Pavón Bermúdez era un militante sandinista y atribuyeron la autoría del disparo a “grupos de vándalos que pretendían llegar hasta la Alcaldía”.

Incluso, Rosario Murillo lo mencionó en su discurso del 20 de abril, pero la familia desmintió públicamente tales afirmaciones y no aceptó el dinero que le ofrecieron desde el régimen.

El antimotín Hilton Manzanares, asesinado en la Upoli el 19 de abril de 2018. LA PRENSA/ ARCHIVO

Ya no se podía parar

Esa misma noche del 19 de abril, los jóvenes y demás manifestantes supieron que ya no podían frenar las protestas y a la mañana siguiente se refugiaron en la catedral de Managua, adonde llegaron los antimotines a asediarlos.

Fue cuando fueron asesinados Álvaro Conrado y Moroni López, entre otros jóvenes, con balazos disparados por francotiradores orteguistas instalados desde el nuevo estadio de beisbol.
En total, ese día fueron asesinados 20 jóvenes.

Jóvenes dentro de la catedral de Managua, cercados por turbas y la Policía Orteguista en la mañana del 20 de abril de 2018. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ROBERTO FONSECA

Lesther Alemán recuerda que el capitán de la Policía, Julio Sánchez, dirigía a los antimotines que los cercaron en la catedral y le exigía al párroco que sacara a los manifestantes de la iglesia, pero el sacerdote Herrera se negó rotundamente. Alemán nunca olvida esa mala experiencia con Sánchez, quien también es manager de beisbol.

La matanza del régimen contra el pueblo nicaragüense, iniciada ese 19 de abril, no paró y se calcula que, en la actualidad, según organismos de derechos humanos, 355 nicaragüenses han sido asesinados desde ese día que ahora Rosario Murillo y Daniel Ortega quieren nombrar como Día Nacional de la Paz.

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