Juan Sebastián Chamorro: “El argumento del infiltrado se utiliza con mucha facilidad para desacreditar” 

El ex preso político Juan Sebastián Chamorro reconoce que el régimen de Ortega ha infiltrado las filas de la oposición, pero considera que se ha usado también esa figura para descalificar a quienes piensan diferentes. “Hay que ser cuidadosos, pero no paranoicos”, recomienda.

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Juan Sebastián Chamorro se ha dedicado estos días, entre otras cosas, a escribir notas sobre los 20 meses que pasó en las celdas de El Chipote. No todo es malo, dice. Aprendió a valorar algunas cosas que antes no valoraba y a dejar de valorar otras que ahora cree no lo merecen. Tejió una nueva red de amigos, ex compañeros de prisión, y reactivó otra de amigos con los que por diversas razones se había distanciado. 

Se reconoce a sí mismo como un personaje político. “Como político que soy”, dice en la entrevista para poner sus banderas y presentarse tal cual se ha convertido desde 2018 para acá, incluyendo, por supuesto, sus aspiraciones presidenciales si en algún momento se abriera la posibilidad de elecciones libres en Nicaragua. 

Después de más de 50 días de haber salido de las celdas de El Chipote, Juan Sebastián Chamorro, hace una valoración política del estado del régimen de Ortega y de la oposición que le enfrenta.

¿Cómo ha vivido en estos más de 50 días después de salir de las celdas de El Chipote?  

Ha sido una mezcla de emociones. Sentimientos encontrados. En general muy contento y muy tranquilo porque a diferencia de la mayoría de mis hermanos que venían en el vuelo, yo pude encontrarme con mi familia, con mi hija y con mi esposa. Eso me hizo aterrizar directamente al hogar. La mayoría de los que venían en el vuelo están con mucha ansiedad porque tienen a sus familiares en Nicaragua. Otros que nunca habían estado en Estados Unidos, que no hablan el idioma.

Yo me siento con una gran suerte, haberme encontrado acá con mi esposa y con mi hija. Se revirtieron un poco los papeles porque allá en la cárcel era yo uno de los pocos que no podía ver a mi esposa y a mi hija porque estaban en el exilio. También he dedicado tiempo a atender necesidades de los que venían en el avión, con redes de amistades que ya vivían en Estados Unidos, hemos conseguido algún tipo de apoyo para algunos que están pasándola mal. 

¿Hay secuelas de la cárcel?  

No. Me hice toda una batería de exámenes médicos y no tengo nada. Sicológicamente me siento bien.  Duermo bien. Creo que es un trauma bien fuerte, pasar 20 meses en cárcel. He estado platicando con una sicóloga porque ellos te ayudan a detectar si hay alguna secuela. Además, es recomendable porque, querrás o no, tenés una rutina establecida en la cárcel y cuando salís a la libertad hay una rutina completamente diferente.  

¿Esos largos días de cárcel dejaron algo positivo a Juan Sebastián Chamorro?  

Sí, sí, por supuesto. He estado dedicándome a escribir notas sobre lo que viví en la cárcel. Hasta en los lugares más oscuros, como la cárcel, donde perdés todo, te hace sentir que sos dueño de muy poco, dependés de los deseos del carcelero. Aprendí muchas cosas positivas. Primero a orar y a rezar más, el ejercicio me ayudó muchísimo para el estado de ánimo que mantuve en la cárcel. Valorar las cosas pequeñas de la vida. Momentos. Ahora he notado que tendemos a preocuparnos por cosas que se pueden resolver fácilmente. Esas preocupaciones que te da la vida cotidiana por cuestiones que son tan tontas, a veces te amargan el día. Cuando salís de la cárcel empezás a poner en dimensión cuáles son los verdaderos problemas de la vida, y preocuparte por ellos cuando tenés que preocuparte y no por pequeñeces.

Tras salir de la cárcel, Juan Sebastián Chamorro es recibido en Estados Unidos por su esposa y su hija.

 ¿En ese inventario ganancias supongo también esta esa red de amigos que se forjó en la cárcel?  

 Si. Dos cosas. Los que estaban afuera. Me he encontrado con una cosa bien bonita: todas las personas que conocí en mi vida y que hablaron de mí para mi liberación y me escribían cartas, que nunca me llegaron obviamente. Es bonito haberme reencontrado con un montón de amigos. Y la otra es la red de amigos que forjamos dentro de la cárcel.

Yo tuve el privilegio de estar con 11 compañeros de celda y eso me permitió interactuar durante los 20 meses con 11 presos. Compartís, los llegás a conocer, conocés a su familia, personas que tal vez éramos de distintas organizaciones políticas y que no nos conocíamos, nos llegamos a conocer bastante. Ortega cometió un grave error en meternos presos a todos juntos ahí porque forjó una relación de amistad, compañerismo que ha quedado bien fuerte. Por eso es que no nos dejaban hablar para que no nos hiciéremos más amigos, pero siempre se busca la forma de como “baypasear” esas restricciones.  

Con la poca información que recibían, seguramente se hacían una idea de cómo estaban las cosas afuera en Nicaragua. ¿Ahora que salieron ve que esas expectativas se corresponden con lo que encontraron?   

 De todo nos dábamos cuenta. De las cosas, buenas, de las cosas malas. Nos golpeaban mucho las noticias del aumento de la represión, la expulsión del Nuncio, la expulsión de los embajadores, las expresiones que Ortega hiciera sobre nosotros, la caída de más presos políticos, y todo ese tipo de cosas nos llenaban de mucha ansiedad porque, al aumentar la represión, al continuar entrando presos políticos, nuestra salida se alargaba cada vez más. Sobre lo que estaba pasando con los opositores nos dábamos cuenta con los presos nuevos que iban entrando.  

 ¿Cuál es tu valoración de la situación actual del régimen de Daniel Ortega?  

 Se mantiene por la fuerza de las armas. Por el Ejército y la Policía, por la represión. Siento que cada día pierden más gente de la poca que tienen, pero no hay que subestimarlo. Todavía tiene unos seguidores duros, radicales, que no ven otro mundo que no sea con Daniel Ortega en el poder, y eso es muy peligroso, porque para hacer todas las barbaridades que se han hecho desde e 2018 no necesitás gran cantidad de gente. Con un grupo de fanáticos podés hacer mucho daño. Pero siento que mucha gente de las filas sandinistas, que anteriormente estaba con alguna duda, ya están hartos de todo lo que está pasando. La arremetida contra la iglesia católica ha molestado a muchos que anteriormente podían estar siguiendo a Ortega, pero que su fe cristiana, católica, pesa más.  

Hay un problema de sucesión. Ortega es un hombre mayor y ese es un tema que debe estar sobre la mesa. A nosotros, como oposición, lo que nos corresponde es organizarnos y unirnos para hacerle frente a lo que viene. El régimen de Ortega es muy peligroso y tenemos que tomar todas las acciones necesarias para contrarrestar esa peligrosidad. Él ha hecho lo impensable. Nadie pensaba que el nivel de presos políticos que iba a echar en el 2021 iba a ser de esa magnitud. Ortega ha tenido esa capacidad para sorprendernos con acciones cada vez más violentas y más duras y ojalá no nos siga sorprendiendo con cosas más radicales. 

 ¿Debilitado o fortalecido? Porque en los análisis que se hacen sobre el régimen unos dicen que esta débil y otros fortalecido.  

Para estar sobre territorio seguro tenemos que asumir lo segundo. Porque asumir que está débil y que se está desmoronando, ojalá sea así, pero como oposición debemos trabajar sobre la hipótesis de que se mantiene por la fuerza de las armas y la represión de la Policía y el Ejército y no veo un desmoronamiento inminente. Ojalá así fuera.  

Pero de un tiempo para acá todo lo que hace le sale mal, contrario a otros tiempos que todo lo que hacía, por loco que pareciera, le daba resultados.  

Creo que, en general, todo lo que hace se le revierte. El tiro por la culata. La salida nuestra fue un revés. Pero, ese aislamiento que está tomando es que le importa muy poco la comunidad internacional, el Vaticano, etcétera. Está mostrando señales de un aislamiento cada vez más hermético que es preocupante. En el mediano plazo creo que él está acabado. Las dictaduras no se sostienen. La gran pregunta es cuánto tiempo falta. Cualquier cosa la va a hacer para mantenerse en el poder y, entre más acciones haga y se le reviertan, más riesgo tiene el de que la gente se levante y se moleste. Estas acciones de prohibir las manifestaciones y procesiones de Semana Santa es una medida arriesgada. Y la asocio a la mostrada de monseñor Álvarez, para tratar de bajarle el malestar general que está generando el tener al obispo preso.   

¿Qué significa en términos políticos la figura de monseñor Rolando Álvarez encarcelado?  

Creo que es el principal preso político. Hay otros 36, obviamente. Pero nos sacan a nosotros, Ortega cree que se quita ese problema de la espalda, y monseñor no se monta en el avión. Este es un ejemplo de cómo las cosas le salen mal. Se resalta aún más la figura de los presos políticos en la figura de monseñor Álvarez. Esto ha generado toda una serie de reacciones internacionales: la entrevista del papa en el Vaticano, el editorial del Washington Post, que tiene mucha influencia. Es un problema que tiene todavía Ortega en sus manos.

«Estoy seguro que la dictadura no se va a sostener», dice Juan Sebastián Chamorro. En la gráfica cuando daba declaraciones a periodistas el día de su destierro.

 ¿Cuál es la situación de la oposición?  

 Ya se van a cumplir cinco años después del 18 de abril. Hay mucha frustración de alguna gente que siente que esto ha tomado demasiado tiempo. Yo desde el principio dije, y fui criticado por eso, que esto iba a ser una lucha de más largo aliento. No hubiera pensado que iba a ser cinco años, pero tampoco pensaba que iba a ser una cuestión tan rápida. Pero, en general, siento que lo que pasó en el 2021 ayudó a unificar distintos factores de la oposición.   

Ahora me he encontrado con algunos espacios de comunicación que antes no existían, más capacidad de diálogo, de conversar y eso me tiene bastante optimista. Lo que venga a futuro como estrategia de oposición tiene que ser bien pensado, bien estructurado y es para eso que sirve este tipo de diálogo. Una cosa bien importante que debe prevalecer de aquí en adelante es la tolerancia y el respeto a las diferencias que pueda haber.   

Obviamente no podemos estar todos de acuerdo con lineamientos estratégicos similares. Tenemos que ser muy tolerantes y muy maduros en que, cuando alguien proponga algo que a la otra parte de la oposición no le parezca, se tenga que discutir como ideas y como posibilidades y no necesariamente desacreditar o decir que ya sos un infiltrado, un vendido, etcétera. Sí, me preocupa que puedan existir líneas radicales que desacrediten a cualquier idea que se ponga sobre la mesa.  

¿Cree que el régimen ha infiltrado a la oposición?  

Ellos lo han hecho siempre. Han utilizado sistemas de inteligencia, algunos muy burdos, otros más elaborados. Por experiencia debemos asumir que eso está ocurriendo y por lo tanto, tenemos que ser bastante cuidadosos en lo que se pueda hablar o platicar. Por otro lado, creo, sin embargo, que ese argumento del infiltrado se utiliza con mucha facilidad para desacreditar a alguien que tal vez proponga algo. Tenemos que ser cuidadosos en eso, pero no paranoicos.  

 ¿Hay oposición a la oposición?  

Siempre ha ocurrido. Además del respeto y tolerancia que debe haber, debe existir una memoria histórica, enfocada a lo que Ortega hizo, a lo que la dictadura ha hecho, y si nosotros mantenemos presente esas atrocidades, esos crímenes, nos ayudaría a concentrarnos mejor y a dedicar todo el talento, todo el tiempo, toda la inteligencia, al enemigo común, que es la dictadura, la falta de libertades públicas y eso. A veces percibo que hay gran talento humano dedicado a criticar lo que la oposición está haciendo, lo cual en sí no es un problema. Yo creo que debe haber crítica, pero siempre dentro del respeto y la madurez.  

 ¿Cuán largo esta la caída de la dictadura?  

Nunca he sido muy amigo de los pronósticos de tiempo porque después te los sacan en cara. De lo que sí estoy seguro es que la dictadura no se va a sostener y tampoco veo yo un escenario estilo cubano donde va a haber una transición de liderazgo y el mantenimiento del mismo sistema. Eso no lo veo porque Ortega ha destruido hasta su propia institucionalidad llamada Frente Sandinista. Y una sucesión familiar la veo muy difícil que ocurra. No me gustaría pronosticar cantidad de tiempo, pero uno ve señales claras, descontento de los seguidores de ellos mismos, una incapacidad del Estado de ir resolviéndole los problemas a los nicaragüenses.

Empleo, carestía, inflación, todo esto son temas que se van acumulando… El tema migratorio, el tema de la iglesia… la violación de todos los derechos, el sentido de frustración que tiene la gente sobre Nicaragua y su futuro. Todo esto es parte de una misma receta de fracaso de la dictadura. Los elementos están ahí, el tiempo es la gran pregunta. Mucho de esto se va definir por qué tanto van a estar siendo apoyados, sobre todo por la Policía, en este tipo de represión. Tampoco debería sorprendernos que ocurran cosas en el corto plazo. Las dictaduras caen repentinamente también. Y ojalá este sea el caso también. Pero tenemos que asumir que el estado represivo continua, que se va a recrudecer, para todas las acciones que emprendamos de aquí en adelante.  

 ¿Cuáles podrían ser las vías de salida?  

La vía armada es la que hay que descartar. Esa es una vía que Ortega siempre ha querido meter y no tiene ningún sentido. Consolidar la oposición unida es fundamental. Es un proceso que se debe ir construyendo y no necesariamente llegar a la unidad, es un proceso y no una meta a alcanzar. Continuar el diálogo político interno para poder canalizar acciones de protesta en conjunto, mantener el llamado a la comunidad internacional. A Ortega le duelen las acciones internacionales, eso ha quedado demostrado con las acciones que él hace. Continuar con el tema de poner ante la justicia internacional a los culpables de delitos. Nosotros, personalmente, ahora que se han agotado todas las instancias legales, incluso la Corte Suprema de Nicaragua, vamos a elevar el caso nuestro de la violación de mis derechos a nivel internacional. Todas estas cosas van acumulándose en esta lucha por la democracia.

Juan Sebastián Chamorro García, con su primo, el también ex preso político Pedro Joaquín Chamorro Barrios.

 Si ahora mismo ocurriera una de esas caídas repentinas que ha mencionado, no hay una oposicion organizada que pueda servir como alternativa de poder. 

 Para octubre de 1989 no había una Uno establecida, había grupos. Y se dio la posibilidad de las elecciones y en pocos meses no solamente se conformó la Uno sino que incluso nominaron  doña Violeta. Existe una oposición organizada, existe liderazgo, que en el momento en que ocurra una de estas eventualidades estaríamos dispuestos a seguir trabajando en lo que hemos venido trabajando en los últimos cinco años, y con más fuerza. Sobre todo, con la carceleada de los 20 meses que nos da un sentido de comunidad opositora más importante.  

¿Las edades de Daniel Ortega y Rosario Murillo juegan en estas posibles salidas?  

Yo creo que sí. Ya 77 años (de Ortega) es bastante. Cualquier persona a esa edad empieza a fallar, su organismo, y esa es una eventualidad que es irreversible. Con el pasar del tiempo la probabilidad se va aumentando. Este tema de la salud está rondando en el ambiente.  

Hace ocho años usted era un técnico especializado en economía, con un buen salario, una vida tranquila y sin ningún protagonismo político. Se metió a esto y ha ocurrido tanto en los últimos cinco años. ¿Se ha arrepentido?  

No me arrepiento absolutamente de nada de los que he hecho, sobre todo por una cosa muy importante: no es cierto de que yo estaría tranquilo en una casa con un buen salario porque nadie esta tranquilo en Nicaragua. El país ha sufrido tanto que yo creo que tome las decisiones más importantes de ponerme debajo de la luz. Hice lo que tenía que hacer, no me arrepiento de las decisiones. No es algo que me haga pensar mucho, pero sí, si te pones a pensar a dónde hemos estado, a dónde llegamos, con la pérdida de mi libertad, con la separación familiar, con el destierro, muchos de mis amigos, por mucho menos que han hecho están casi en la misma situación, tal vez quitando lo de la cárcel.

Mas bien me siento muy bendecido de poder estar contando esta historia, estar libre. Lo de la cárcel es un mal momento que también trajo cosas que me van a ayudar para más adelante. Siempre me gustó la política. Siempre pensé involucrarme en la política, tal vez no tan abruptamente en medio de mi carrea como economista, pero estas son cosas que uno no puede planificar.  

 Si se abre la posibilidad de nuevas elecciones libres en Nicaragua, ¿mantiene Juan Sebastián Chamorro su intención de ser candidato de la oposición?  

 Una de las cosas que más anhelo es que puedan haber elecciones en Nicaragua y para esos se necesitan un montón de cosas: reformas electorales, transformaciones y tener la posibilidad de tener ese derecho, de votar en primer lugar y de ser electo. Creo que es la aspiración legítima de cualquier político . En este momento que no hay una campaña electoral, obviamente ese no es parte principal del objetivo, pero como político que soy, es natural que lo tenga. 

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