monseñor Álvarez

Monseñor José Antonio Canales, obispo de la Diócesis de Danlí, Honduras. Tomado de redes sociales

Entrevista| Monseñor José Antonio Canales, obispo hondureño: “El régimen nicaragüense tiene una fábrica de delitos” 

El obispo de la Diócesis de Danlí reitera que el régimen de Daniel Ortega le ofreció el exilio a monseñor Álvarez más de una vez y que la iglesia orientó a obispos no expresarse públicamente

Abogado que litigó antes de ser ordenado sacerdote, el obispo de la Diócesis de Danlí, Honduras, monseñor José Antonio Canales, brindó entrevista a LA PRENSA para referirse a la condena de 26 años de prisión que impuso el régimen de Daniel Ortega al obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez Lagos. 

Llama a monseñor Álvarez “hermano”, más allá del significado cristiano, lo considera así porque reconoce similitudes en sus personalidades. Monseñor Canales estrenó la Diócesis en la que fue nombrado obispo, en enero de 2017. Ese mismo año conoció a monseñor Álvarez y desde entonces fueron cercanos, hasta la detención arbitraria que sufrió el obispo de Matagalpa y administrador de la sede vacante de la Diócesis de Estelí, el 19 de agosto de 2022. 

En esta entrevista, monseñor Canales opina sobre el silencio de la Conferencia Episcopal de Nicaragua sobre la condena contra Álvarez y muestra su franqueza acerca de Ortega y su régimen. 

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Monseñor Álvarez fue condenado a 26 años de cárcel por el Gobierno de Nicaragua, tras negarse a ser desterrado hacia Estados Unidos junto con los 222 exreos políticos. ¿Cuál es su opinión respecto a la condena y a la decisión del obispo? 

A mí no me extraña, porque él (monseñor Álvarez) ha tomado esa actitud de quedarse en el país, cuando yo, según uno mira los movimientos de este régimen, no dudaría de que mucho antes le habían ofrecido de que saliera, esas son informaciones que hemos mantenido al interior de la Iglesia: que antes él ya había recibido oferta de salir del país porque el régimen está claro que lo que no quiere son voces disidentes dentro de Nicaragua, quiere eliminar todo lo que sean voces disidentes. 

¿En qué momento se enteró la Iglesia de esa propuesta? 

Nosotros ya nos habíamos dado cuenta de que él había recibido invitación o propuesta de no continuar preso, libre, pero fuera y él no había aceptado, entonces ese día (el jueves 10 de febrero, cuando fueron desterrados los 222 presos políticos) quisieron sorprenderlo, deshacerse de él en este grupo que iba para Washington. Pero ya conocemos de voz del mismo presidente ilegal que está en Nicaragua, de que no aceptó cuando se dio cuenta que lo que querían era sacarlo del país. No es la primera vez que él dice no al exilio. 

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¿Cuál es el mensaje que usted considera está enviando monseñor Álvarez con estas decisiones? 

Es un mensaje muy cristiano, él está actuando de acuerdo a la fe. No se abandona a los que sufren cuando estamos en una postura de poder menguar ese sufrimiento. La postura de monseñor Álvarez es profundamente cristiana, fácil sería para él salir hacia un país donde le ofrecerían una vida sacerdotal cómoda, imagínese Estados Unidos, con la bonanza económica que tiene este país, en las parroquias, en las diócesis estadounidenses. Pero prefiere quedarse con las limitaciones y en medio del sufrimiento que está viviendo con esta experiencia dolorosa Nicaragua, y seguir ahí porque desde su postura él es un símbolo para el pueblo de Nicaragua hoy en día más allá de la Iglesia. 

Usted se ha referido a monseñor Álvarez como su hermano, su amigo. ¿Cuándo lo conoció? 

Yo lo conocí a monseñor en el 2017 cuando fui a la primera reunión del Sedac (Secretariado Episcopal de Centroamérica), yo tenía unos meses de haber sido ordenado como obispo y por la cercanía de Danlí (zona fronteriza) con Nicaragua pues un día nos pusimos de acuerdo y teníamos unos asuntos comunes que ver, entonces hice un recorrido de seis días en Nicaragua, uno de ellos fue en el obispado de Matagalpa. 

¿En la sede donde estuvo asediado y con retención policial durante 16 días? 

Por eso, cuando yo vi el edificio asediado inmediatamente me vinieron los recuerdos del día que yo estuve compartiendo con monseñor Álvarez, allá almorzamos juntos, vimos algunos puntos de Iglesia sobre una problemática bastante común que teníamos a nivel de pastoral, todavía no había salido esta dificultad tan terrible que vive Nicaragua hoy.  

De ahí entonces la cercanía… 

Mi aprecio, además porque somos casi contemporáneos, no tenemos la misma edad, pero somos de la misma generación, además de que es una persona muy simpática y un gran modelo también como obispo, esa es mi cercanía con él. 

¿Qué opina de esas acusaciones que le imputan por las que fue condenado monseñor Álvarez? 

(Risas) Me salen espontáneamente. En Nicaragua el expresar la opinión contraria al Gobierno pues ya es motivo para que te fabriquen una serie de delitos, con un lenguaje rebuscado por cierto, “menoscabo”, “integridad nacional”, a nadie engañan con este tipo de acusaciones. Soy abogado civil, antes de ser sacerdote fui a la universidad, estudio Derecho, trabajé cuatro años en la profesión y más todavía me doy cuenta que es un circo. Cuando digo que es un circo, con perdón de los payasos, da risa, en medio del dolor que significa todo esto, pues esta palabrería y esta fábrica de delitos, el régimen nicaragüense tiene una fábrica de delitos, fabrican los delitos. Desde mi profesión civil ni siquiera merece un comentario, todo este tipo de teatro, porque los tribunales en Nicaragua son una obra de teatro donde cada uno sabe lo que va a decir porque ya le han dicho lo que tienen que decir, para mí son tribunales una obra de teatro completamente. 

La Conferencia Episcopal de Nicaragua guarda silencio sobre monseñor Álvarez. ¿A usted qué opinión le merece esta actitud? 

He llegado a la conclusión que cada uno de nosotros haga lo que tiene que hacer y que no estemos viendo qué hace o no hace el otro. Si yo me hubiera quedado esperando lo que hacen otros, pues no hubiera dicho todo lo que he tenido que decir. Nunca pensé que ahora tendría tantos amigos, aunque no nos hemos visto personalmente, pero es increíble la cantidad de amigos que tengo ahora en Nicaragua y para mí eso me llena de satisfacción. En medio del dolor me he hecho de tantas amistades en Nicaragua y eso porque dije: no voy a detenerme en qué actúan o cómo actúan los demás, voy a hacer lo que me sale del alma, voy a pronunciar lo que yo siento que es justo decir, y los demás, pues cada uno pensamos, desde el punto de vista cristiano: cada uno dará su cuenta. Yo repito, llegó un momento en que me enojé con algunas personas de la Iglesia y dije: hasta aquí, no vuelvo a hacer un disgusto, voy a hacer lo que tengo que hacer, y no voy a estar viendo quién hace o quién no, fue la mejor decisión que tomé. 

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¿No ha tenido llamados de atención de parte de su Conferencia Episcopal? 

No, no, no, para nada, para nada. Al contrario, la vez pasada me sentí motivado porque el cardenal (Oscar) Rodríguez, el cardenal de Tegucigalpa, en una homilía hace tres domingos, pues dijo de todo contra el régimen de Nicaragua y eso me animó también para no sentirme solo y aproveché incluso, porque no estaba dando entrevistas por temor a alborotar más las cosas, pero cuando el cardenal Rodríguez, en una misa dominical, decimos en Honduras “se destapó”, pues… Yo también empecé a contestar llamadas telefónicas de algunos medios, me sentí motivado. Pero no, no, el Episcopado hondureño respeta mucho mi postura, (aunque) continúan con una línea que, lamentablemente dentro de la Iglesia, pidió a muchos obispos de Centroamérica que mantuviéramos silencio… 

¿Sobre la situación de Nicaragua, bajo qué argumento? 

Dizque para no afectar posibles negociaciones que hubiera allá y hasta ahí. 

Monseñor José Antonio Canales en un actividad pastoral en diciembre reciente. Tomada de Facebook

En estos momentos monseñor, ¿cuáles son sus proyectos?, le consultamos porque usted es un obispo muy activo en las redes sociales 

(Trabajar) Aquí en la Diócesis de Danlí, que es una Diócesis mayoritariamente rural, también tengo como obispo responsabilidades a nivel de toda la Iglesia hondureña. Soy el responsable a nivel nacional de la Pastoral Juvenil de cara que vamos a tener el Encuentro Mundial (de la Juventud) en Lisboa (Portugal) este verano, también soy el encargado de la Pastoral del Migrante, con toda la situación que tenemos ahora en Honduras, inédita porque no la teníamos antes, viendo cruzar a venezolanos, haitianos, cubanos, nicaragüenses, ahora que antes no teníamos y también el Tribunal Eclesiástico que me toca llevarlo como obispo a cargo. 

¿Cómo es la relación de la Iglesia con el gobierno de la presidenta Xiomara Castro? 

Pues aquí llevamos las cosas normalmente, siempre la situación en política estamos vigilando que teniendo un gobierno, pues de izquierda, apoyarlo en el sentido que no se aparte de la Constitución y las leyes y respete la democracia, es lo que le hemos pedido al actual Gobierno, que respete la democracia y que respete la Constitución. 

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