Abrigado con un chaqueta que recibió de regalo se paseaba afuera del hotel cuando vio la oportunidad de hablar y la tomó: «Mi nombre es Alexis Peralta, soy originario de la ciudad de Condega y estuve encarcelado 460 días», dice con naturalidad ante la cámara.
Tres días atrás, Alexis estaba en Managua, Nicaragua, en un calabozo sucio, oscuro y caliente. Ahora frente a una cámara, en Virginia, Estados Unidos, sortea el frío que puede caer hasta los cinco grados celcius y ofrece a LA PRENSA su relato como exreo político y desterrado del régimen de Daniel Ortega. Luce orgulloso un cintillo azul y blanco que reza: Viva Nicaragua.
Aclara que siente profundo dolor por continuar separado de su familia y haber sido expulsado de su patria, pero también muestra su alegría y euforia al agradecer a Dios por la «libertad» y al Gobierno de Estados Unidos por abrirle las puertas a los 222 presos políticos y desterrados por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. A pesar de todo, el contador público de Estelí, Alexis Peralta, confía que ahora podrá empezar una nueva etapa de su vida.
De colar café en su celda, al bus. Del bus a un avión sin saber nada
El jueves 9 de febrero, Alexis estaba colando su café como de costumbre, en su celda. Marcaba 465 días privado de libertad en el Sistema Penitenciario de Estelí. A eso de la 6:40 de la tarde llegó un agente de la Dirección de Investigaciones Criminales del Penal y le dijo: «Dale vos, vas para afuera».

Inmediatamente, el oficial le indica que se cambie de ropa, le orienta que camine hacia el puesto de mando a unos 500 metros, (a la salida del penal) y coloca su mano en uno de sus hombros. Él camina adelante, mientras el oficial va detrás.
«Cuando llegué pensé que me iban a hacer algo, algún castigo, porque siempre que sacaban a alguien pasaba eso. Pero miré que estaban dos compañeros más (reos políticos), uno de Pueblo Nuevo y otro de Dipilto (municipios de Estelí y Nueva Segovia) que ya estaban de civil, y yo dije: ¡Señor nos hiciste el milagro!», contó.
«Antes a los presos políticos (que eran liberados) los iban a dejar a su casa, pensé que con nosotros harían lo mismo», relata. Hasta el momento las autoridades del penal no les habían informado nada, solo daban órdenes puntuales.
«Pero cuando salimos a la Carretera Panamericana, el bus del Sistema Penitenciario no gira hacia la derecha, es decir, no coge hacia el norte de donde somos nosotros, sino hacia el sur… Abordamos el bus y en todo el viaje ignorábamos el objetivo de ese traslado», narró.
Temía que lo trasladaran a la cárcel La Modelo
Empezó su angustia. Alexis pensaba que sería trasladado a la cárcel La Modelo, de Tipitapa, ya que meses atrás hubo cambio de penal. «Kilómetro a kilómetro fue el sufrimiento, porque nosotros ignorábamos el motivo del traslado. Generalmente cuando te trasladan en bus, aunque sea de civil, uno piensa que lo pueden trasladar a La Modelo… Ya me habían amenazado, pero gracias a Dios eso no ocurrió», expresó. Sí llegaron a Tipitapa tipo 11:00 de la noche, pero no bajaron del bus, «nos dieron de cenar y ahí nos tuvieron», dijo.
Las ventanas del bus estaban cubiertas con cortinas de color rojo y no podían abrirlas, además tenían sus manos atadas con bridas de plástico y el calor sofocante de Managua hacía la espera más agobiante, recuerda.
Peralta, quien llevaba un control de las horas y lo que estaba pasando, recordó que a eso de las 3:30 de la madrugada, los buses retomaron el viaje y posteriormente entraron a las instalaciones de la Fuerza Aérea del Ejército de Nicaragua. Lo que nunca le pasó por la cabeza era que iban a salir del país.
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«Ahí nos retuvieron y nos quitaron las chachas, nos dieron un documento muy simple que decía: ‘yo’… tenías que poner tu nombre, ‘autorizo y acepto que debo viajar a’ … no decía dónde. Pero bueno, a diferencia de la prisión, cualquier lugar era mejor», reconoce. «Yo firmé el documento».
«Cuando miré a los hombres cheles, pensé que eran rusos»
Una hora después el bus «se parqueó frente a la escalinata de un avión, miré a unos hombres cheles, pensé que eran rusos sinceramente. Me bajé y les pregunté: ‘¿Hacia dónde nos llevan?’ y me contestaron: ‘A Washington DC’. Y yo dije: ‘¡Gracias Señor por la libertad!'», narró aún muy conmovido.
Su temor era ser enviado «a un país de tendencia comunista», como Rusia o China, ambos aliados del régimen de Daniel Ortega.
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«Subí a las escalera del avión, quedé viendo Nicaragua con mucho sufrimiento y dolor porque estaba dejando mi patria. Pero fue algo muy emocionante subir al avión y saber que estábamos camino hacia la libertad», relató a LA PRENSA el sábado por la noche. Peralta compartió su testimonio y luego siguió caminando hacia la entrada al Hotel Westin, Virginia, Estados Unidos, donde la Administración de Joe Biden acogió a los 222 excarcelados tras su llega a ese país.
Peralta tiene 49 años, es contador público autorizado, ha ejercido la docencia por más de treinta años y estaba en cuarto año de Derecho en la UNAN-Estelí cuando fue secuestrado y arrestado por el régimen de Daniel Ortega.
Lo apresaron el 6 de noviembre de 2021. Fue condenado a 11 años de prisión por los delitos de «conspiración para cometer menoscabo a la integridad nacional y por propagación de noticias falsas». Además de una multa de 32,000 córdobas. «Yo recuerdo uno por uno esos 460 días en prisión», dice Alexis.