¿Podrá el Clásico Mundial de Beisbol unir al país?

Leyendo el nuevo libro de Edgar Tijerino: Aquel mundial 1972, me encontré con un párrafo que me hizo escribir esta columna: “hasta hoy, solo ese equipo ha podido juntarnos sin distingos de ninguna clase. Nos mirábamos, nos abrazábamos, saltábamos, gritábamos, llorábamos. Una locura”

Leyendo el nuevo libro de Edgar Tijerino: Aquel mundial 1972, me encontré con un párrafo que me hizo escribir esta columna: “hasta hoy, solo ese equipo ha podido juntarnos sin distingos de ninguna clase. Nos mirábamos, nos abrazábamos, saltábamos, gritábamos, llorábamos. Una locura”, y, más adelante agrega: “Salíamos del estadio pensando en la próxima batalla… el Yo estuve allí se convirtió en una constante”.

En 2015 viví una situación fugaz no tan duradera como la del Mundial de 1972 en el cual se disfrutaron los partidos dramáticos contra Japón, Estados Unidos, salir triunfantes contra Puerto Rico y la emblemática victoria sobre Cuba, que fue nuestro “trofeo”, sino que fue de un solo juego, el partido de vuelta entre Nicaragua y Jamaica en las eliminatorias mundialistas rumbo a Rusia 2018. Después del triunfo en Jamaica todo el país se unió a la Selección Nacional para el duelo en Managua, no importaba si sabías o no de futbol, si seguías o no el deporte, fue un desborde abrumador durante los días previos, el día del juego y el día siguiente. Programas de radio dedicados al beisbol solo hablaban de futbol, también se dio el “Yo estuve allí”.  Recuerdo esa noche cubrir el partido junto a Edgard Rodríguez para LA PRENSA, él escribiría la crónica para la portada del periódico y mi misión era la de portada de deportes. Duramos casi dos horas en salir del Estadio Nacional y arribamos al periódico cerca de las 12 de la medianoche. Un viaje de ocho kilómetros de distancia y 15 minutos de tiempo se demoró tanto por la locura de la gente en las calles, el estadio vomitaba fanáticos y las calles colapsaron.

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Ahora el contexto es más parecido a lo de 1972 y hay un evento anhelado para un país que tiene como deporte rey el beisbol. He seguido de cerca el ambiente generado por la Selección Nacional y, aunque no tiene todavía a todo el país hipnotizado, creo que se sumarán más y más personas cuando se cerque la fecha y el debut de Nicaragua. El aperitivo inicial serán los partidos de fogueos contra los Mets y los Cardenales de San Luis y luego entrará el plato fuerte de Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela e Israel.

A pesar que Nicaragua siempre ha sido a lo largo de su historia “fachadismo y pobreza bajo una carpa de circo”, como escribió Tijerino en 1972, este equipo nacional tiene la oportunidad de unir a la nación, a los cientos de miles que están fuera y a los millones dentro. Es tiempo de un efecto placebo, así como vivió Argentina al ganar el Mundial. Una alegría antes de seguir en la tormenta no hace mal a nadie y la Selección Nacional podría conseguirlo, devolviéndole la ilusión a los fanáticos con al menos un triunfo o peleando con garra en medio de las derrotas, con Jonathan Loáisiga, Erasmo Ramírez y compañía.

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