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Lula da Silva y Daniel Ortega en 2010 durante una visita oficial que le hizo el caudillo sandinista. ARCHIVO

Lula da Silva y Daniel Ortega: Cercanos y lejanos

El nuevo presidente de Brasil y el dictador de Nicaragua tienen su historia y paralelamente han vivido cosas similares. Se han llamado amigos, pero ahora Lula parece prudente para no romper esa amistad. Te contamos los hechos que los alejan y acercan.

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En este momento es difícil saber a ciencia cierta si Lula da Silva sigue siendo el “amigo” de Daniel Ortega, pero hay hechos que los acercan y también que los alejan.

Da Silva regresó a la presidencia de Brasil el pasado primero de enero por la vía electoral. Daniel Ortega lo felicitó y el canciller Denis Moncada representó a la dictadura de Nicaragua en la toma de posesión en Brasilia.

La pregunta que muchos se hacen es que si Lula da Silva dará su apoyo a Daniel Ortega. Según declaraciones del canciller brasileño Mauro Vieira al diario argentino El Clarín, Lula se mantendrá al margen.

–¿Para Lula son dictadores Daniel Ortega y Nicolás Maduro? –preguntó el periodista de El Clarín

–Sí – respondió Vieira y continuó – Lula declaró muchas veces y es público, no soy indiscreto, que cuando estaba por terminar su segundo mandato había un apoyo fuerte para una reforma que le diera otro mandato. Se opuso sosteniendo que la democracia presupone alternancia y lo contrario es dictadura. Él lo tiene muy claro.

Lula da Silva y Daniel Ortega se han tratado como amigos desde empezaron a juntarse en los noventa. ARCHIVO

En algunas cosas, Lula da Silva tiene cierta semejanza con Ortega. Llevan más de 40 años metidos en política, perdieron tres elecciones antes de llegar al poder, son los eternos candidatos y líderes de sus respectivos partidos, y a ninguno se le conoce estudios universitarios. Ambos son contemporáneos. Tienen 77 años y Lula es apenas 15 días mayor que Ortega. Uno ya es un dictador consolidado en la región, mientras el otro recién vuelve al poder

Durante las campañas electorales, el expresidente brasileño Jair Bolsonaro ocupó la amistad de Lula con Ortega para atacarlo políticamente. De hecho, en Brasil, los medios de comunicación critican que el Partido de Lula no ha repudiado la persecución religiosa en Nicaragua, la cual es muy mal vista en ese país.

En agosto de 2007, Lula visitó Nicaragua como Jefe de Estado. No fue una visita simbólica ni protocolaria, si no que en el contexto de entonces significaba un espaldarazo para su viejo amigo recién convertido en presidente, Daniel Ortega.

“Regreso aquí para hacer una visita de Estado a un compañero que regresa a la Presidencia de Nicaragua”, dijo Lula, quien prometió apoyar al nuevo gobierno de Ortega con proyectos de cooperación en agricultura, pesca, salud y educación.

Ortega por su parte lo presentó como “el amigo Lula” y le regresó la visita en 2010. En aquella ocasión en Brasilia, Lula, vistiendo traje y corbata, recibió con todas las formalidades del caso a un Ortega más informal, vestido de chaqueta de cuero negra, en el Palacio de Itamaraty, la sede de la cancillería brasileña.

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Lula en Nicaragua

La primera vez que Luiz Inácio Lula da Silva estuvo en Nicaragua, fue en 1980, para el primer aniversario de la Revolución Sandinista. Llegó al país desde Brasil, como invitado y con gastos pagados, gracias a las gestiones que hizo la comandante guerrillera Mónica Baltodano.

Ella había estado en Brasil en enero desde año invitada por movimientos cristianos para dar testimonios de su papel en la lucha armada contra la dinastía somocista desde los grupos juveniles católicos de Nicaragua.

En esa gira conoció a Frei Betto, uno de los exponentes más importantes de la Teología de la liberación, y quien llevó a Baltodano a un sindicato de trabajadores de metalurgia porque quería presentarle a alguien muy importante. Era Lula da Silva.

“Es un hombre carismático, lo conocés y te gusta, es una persona muy afable, tiene don de gente”, contó Baltonado a la revista Magazine en 2009.

Según Baltodano, Lula la invitó a su casa en un barrio humilde en la que estaban haciendo algunas reparaciones. Cuando ella regresó a Managua, quedaron escribiéndose cartas y ella le propuso al Comité de Celebración del 19 de Julio que invitaran al sindicalista que había liderado las huelgas más importantes de los años setenta en América Latina y que debilitaron al gobierno militar brasileño.

La comandante guerrillera Mónica Baltodano fue quien trajo a Lula da Silva por primera vez a Nicaragua en 1980. ARCHIVO

“A pesar de su trayectoria no los pude convencer que debían invitarlo con gastos pagados”, contó Baltodano, quien todavía tenía dinero de un “recupere” que se hizo durante la insurrección. Tomó tres mil dólares y pagó los pasajes de avión para Lula y Frei Betto, quienes llegaron al país con dos periodistas.

“Aprovechamos para que conociera el país. Niquinohomo, los lugares de los principales enfrentamientos de la insurrección. En Granada conoció La Pólvora. Comimos en lugares sencillos, la comidería donde nos fotografiamos creo que se llama Sacuanjoche”, recordó Baltodano.

Para entonces, Lula da Silva sólo era un internacionalista más de esos tantos que desfilaban en actos públicos y pasaban inadvertidos. En ese acto ni siquiera estuvo en las primeras filas.

Entre los invitados internacionales, quienes acapararon la atención ese 19 de julio de 1980, fueron Fidel Castro, Manuel Piñeiro “Barba Roja”, Muamar el Gadafi y Shafik Handal, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador.

Sin embargo, después que el acto terminara, se organizó una recepción para varios de los invitados en la casa de Sergio Ramírez, en Los Robles, y según Baltodano, Lula tuvo una plática extendida con Fidel Castro.

“Estuve aquí el 19 de julio de 1980, participando en el primer aniversario de la revolución sandinista. Aquí conocí a Fidel Castro. Viví todo el trabajo que hizo el presidente Daniel Ortega en ese momento para consolidar a Nicaragua como un país soberano”, recordó Lula durante su visita en 2007.

A pesar de que en 1980 tuvo su primera conexión con Nicaragua, Lula no entablaría amistad con Daniel Ortega hasta en los noventa, con la creación del Foro de Sao Paulo que reunió a varios partidos políticos de izquierda de América en un momento en que todos estaban perdiendo poder en la región.

Lula da Silva y Daniel Ortega en los años ochenta. ARCHIVO

Lula da Silva

Su nombre original era Luiz Inácio da Silva, pero en 1989 registró oficialmente su apodo “Lula”, a como le llaman a los Luiz en Brasil, porque estaba prohibido que los candidatos usaran sobrenombres en las campañas. Desde entonces es Lula da Silva.

Nació el 27 de octubre de 1945 en un pueblo llamado Caetés. Es el penúltimo de los ocho hijos que tuvieron sus padres. En la ciudad aprendió a leer y escribir y tuvo su primer trabajo como lustrador. Después fue ayudante de tintorería y de ahí llegó a las metalúrgicas con jornadas de 12 horas cuando tenía 14 años. Su mayor logro escolar fue un curso de torno mecánico que culminó en 1963.

Entró en la vida sindical cuando su hermano Frei Chico, simpatizante del Partido Comunista de Brasil, fue encarcelado y torturado por los militares, y en febrero de 1980, meses antes de su primera visita a Nicaragua, fundó el Partido de los Trabajadores (PT) y organizó una huelga en abril en la que participaron unos 270,000 obreros. Estuvo detenido un mes por organizar esta manifestación.

Lula da Silva es el líder del Partido de los Trabajadores de Brasil, mientras que Daniel Ortega es el único líder del Frente Sandinista. AFP

Llegó a la presidencia de Brasil en 2003 y repitió un nuevo periodo de 2007 hasta 2011. Pero antes había perdido en tres ocasiones consecutivas: en 1989, 1994 y 1998.

Tras dejar el poder, Lula fue acusado de recibir sobornos de la empresa Odebrecht en un escándalo conocido como Operación Lava Jato. Fue sentenciado en julio de 2017 a nueve años y seis meses de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero y tras varias apelaciones rechazadas, en 2019 la condena se fijó en 8 años, 10 meses y 20 días de cárcel.

En noviembre de 2019, tras pasar 580 días en prisión y de perderse las elecciones presidenciales de 2018 en Brasil, la condena fue revocada y el juicio anulado por el Supremo Tribunal Federal brasileño bajo el argumento de que a Lula no se le respetaron sus derechos procesales.

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El escritor y exvicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez dijo en un artículo de opinión publicado en LA PRENSA en 2021 que, si Lula estuviera en Nicaragua, “donde no hay Estado de derecho, aún estaría preso en una celda sin ventanas, sin derecho a un abogado defensor, sujeto a interrogatorios constantes, sin garantías procesales, y sin derecho a visitas familiares”.

A pesar de que la condena a Lula fue revocada, su inocencia por los presuntos pagos que recibió de Odebrecth jamás fue confirmada, pero él ha tomado la anulación del juicio como la mayor prueba de que tiene las manos limpias.

Lula da Silva regresó a la presidencia de Brasil este primero de enero de 2023/ AFP

Su amigo Daniel Ortega

Lula da Silva también ha llamado y tratado como amigo a Daniel Ortega. Lo hizo en Managua en 2007, en Brasilia en 2010 y en distintos foros en los que han coincidido. Cuando se le pregunta por Ortega y la represión en Nicaragua, Lula suele ser muy prudente y a veces cae en la ambigüedad.

Por un lado, ha criticado la continuidad en el poder del caudillo sandinista, pero también la ha defendido, como en una entrevista que concedió al diario El País de España a finales de 2021, poco después de que Ortega organizara un nuevo fraude electoral y consumara su reelección con opositores encarcelados y sin competencia política.

“Todo político que empieza a creer que es imprescindible o insustituible empieza a transformarse en un pequeño dictador. Yo he estado en contra de Daniel Ortega. El Frente Sandinista tiene mucha gente para ser candidato. También estuve en contra de Evo Morales, que ya había hecho dos mandatos extraordinarios. Y lo mismo con Chávez. Puedo estar en contra, pero no interferir en las decisiones de un pueblo. ¿Por qué Angela Merkel puede estar 16 años en el poder y Ortega no? ¿Por qué Margaret Thatcher puede estar 12 años en el poder y Chávez no? ¿Por qué Felipe González puede quedarse 14 años en el poder?”, dijo Lula en esa ocasión.

Sergio Ramírez reaccionó a estas declaraciones de Lula y dijo sobre él que “cuando se trata de cerrar filas con aquellos que considera miembros de su propia familia ideológica, aunque se trate de parientes políticos lejanos, y vergonzantes, deja que el agua sucia se cuele por esa brecha de sus creencias democráticas. Es lo que pasa con sus opiniones sobre Nicaragua, donde una vez ya lejana hubo una revolución que Lula vio de cerca, y ahora existe una tiranía familiar, que ve de lejos o no ve del todo”.

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