Benedicto XVI

Hoy es el funeral solemne en San Pedro, Roma, el papa teólogo del mundo moderno (papa 265 de la sucesión apostólica). Como muy bien dijera al historiador de Princeton, EE. UU., Antony Grafton, “fue el más grande intelectual que ha gobernado la Iglesia católica desde Inocencio III, el brillante jurista que ejerció el pontificado de 1198 a 1216”.

Era sin lugar a duda el heredero intelectual de una brillante sucesión de teólogos que dio la Iglesia católica en el siglo XX, como lo fueron el italiano Romano Guardini, SJ; los franceses Jean Daniè Lou, SJ; Henrie Marie Joseph Sonier de Lubac, SJ; el alemán Karl Rahner, SJ, y el suizo Hans Urs von Balthasar, SJ.

Su vida

Joseph Aloisius Ratzinger, su nombre secular, nació un 16 de abril de 1927 en la región de Baviera, Markth, en sureste del Alemania, cerca de la frontera con Austria, siendo sus padres Josep y María y sus hermanos Georg (sacerdote como él) y María (quien nunca se casó y administraba su casa), todos de apellido Ratzinger. Sus primeros recuerdos nos los narra en su libro Mi vida. Recuerdos (1927-1977. “No es fácil afirmar cuál es realmente mi patria chica. Mi padre, que era gendarme, debía mudarse con frecuencia de un lugar a otro; así que tuvimos que estar constantemente de traslado. Esta peregrinación continua concluyó en el año 1937 cuando, cumplidos los sesenta años de edad, se jubiló. Nos establecimos entonces en una casa en Hufschlag, junto al Traunstein, que se convirtió en ese momento en nuestro verdadero hogar”.

Siendo muy joven y aunque sus padres tenían algunas cargas económicas, lo enviaron al seminario menor de San Miguel en Traunstein, donde se desempeñó como un estudiante dedicado.

Juventudes hitlerianas

La toma del poder de Adolfo Hitler en enero de 1933, en  Alemania y posteriormente el inicio de la Segunda Guerra Mundial (1 de septiembre de 1939, Alemania invade a Polonia),     forzaron a los seminarista a ser reclutados en las Juventudes Hitlerianas y más tarde en el ejército. Joseph Ratzinger no fue la excepción, teniendo en ese entonces catorce años. A los dieciséis fue llamado a filas, como tantos jóvenes de las Juventudes Hitlerianas que al final de la guerra fueron militarizados. Prestó servicio entre abril de 1943 y septiembre de 1944. En este tiempo asistió al instituto de segunda enseñanza Maximiliansgymnasium.

En 1944 comenzó su entrenamiento básico en Hungría, tomó parte en el servicio de defensa alemán, donde él, junto con otros compañeros, construyó sistemas para cerrar el paso a diferentes tanques de guerra. Ratzinger desertó en los últimos días de la guerra, pero fue hecho prisionero por soldados aliados en un campo cerca de Ulm en 1945.

Esa experiencia de la guerra, como sus consecuencias entre las que sobresalen ver dividido a su país en dos  Alemanias, la del Este y la del Oeste, marcó la vida y la visión del futuro papa, y explicará junto con su educación eurocéntrica algunas de sus decisiones y comportamientos.

Después de ser puesto en libertad, en cuanto alumno del seminario menor, entonces situado en Traunstein, hizo su examen de bachillerato en el Chiemgau-Gymnasium (Instituto Chiemgau) en Traunstein.

Vida académica

Desde 1946 hasta 1951 Ratzinger estudió teología católica y filosofía en la Academia Filosófica y Teológica Frisinga, así como en el Ducal Georgianum de la Universidad de Múnich. Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1951. Un año después inició su actividad de profesor en la Escuela Superior de Freising. En el año 1953 se doctoró en teología con la tesis Pueblo y casa de Dios en la doctrina de la Iglesia de San Agustín. Cuatro años más tarde, bajo la dirección del conocido profesor de teología fundamental Gottlieb Söhngen, obtuvo la habilitación para la enseñanza con una disertación sobre La teología de la historia de San Buenaventura.

Tras ejercer el cargo de profesor de teología dogmática y fundamental en la Escuela Superior de Filosofía y Teología de Freising, prosiguió su actividad de enseñanza en Bonn, de 1959 a 1963; en Münster, de 1963 a 1966; y en Tubinga, de 1966 a 1969. En este último año pasó a ser catedrático de dogmática e historia del dogma en la Universidad de Ratisbona, donde ocupó también el cargo de vicepresidente.

Carrera eclesiástica

El 25 de enero de 1959 el papa Juan XXIII anuncia la convocatoria del Concilio Vaticano II, vigésimo primer concilio ecuménico de la Iglesia católica, que tenía por objeto principal la relación entre la Iglesia y el mundo moderno. En este magno acontecimiento Ratzinger se destacaría.

De 1962 a 1965 dio una notable contribución al Concilio Vaticano II. Siendo «experto» acudió como consultor teológico del cardenal Joseph Frings, arzobispo de Colonia.

Su intensa actividad científica lo llevó a desempeñar importantes cargos al servicio de la Conferencia Episcopal Alemana y en la Comisión Teológica Internacional.

En 1972, con Hans Urs von Balthasar, Henri de Lubac y otros grandes teólogos, inició la publicación de la revista de teología Communio.

El 25 de marzo de 1977, el papa Pablo VI lo nombró arzobispo de Múnich y Freising. El 28 de mayo sucesivo recibió la consagración episcopal. Fue el primer sacerdote diocesano, después de 80 años, que asumió el gobierno pastoral de la gran arquidiócesis bávara. Escogió como lema episcopal: «Colaborador de la verdad». Él mismo explicó: «Por un lado, me parecía que esa era la relación entre mi tarea previa como profesor y mi nueva misión. A pesar de los diferentes modos, lo que estaba en juego y seguía estándolo era seguir la verdad, estar a su servicio. Y, por otro, escogí ese lema porque en el mundo de hoy el tema de la verdad se omite casi totalmente, pues parece algo demasiado grande para el hombre y, sin embargo, todo se desmorona si falta la verdad”.

Pablo VI lo creó cardenal, del título presbiteral de Santa María de la Consolación en Tiburtino, en el consistorio del 27 de junio de ese mismo año.

En 1978 participó en el Cónclave celebrado del 25 al 26 de agosto, que eligió a Juan Pablo I, el cual lo nombró enviado especial suyo al III Congreso mariológico internacional, celebrado en Guayaquil (Ecuador), del 16 al 24 de septiembre. En el mes de octubre de ese mismo año participó también en el Cónclave que eligió a Juan Pablo II.

Actuó de relator en la V Asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, celebrada en 1980, sobre el tema: «Misión de la familia cristiana en el mundo contemporáneo», y presidente delegado de la VI Asamblea general ordinaria, celebrada en 1983, sobre «La reconciliación y la penitencia en la misión de la Iglesia».

Juan Pablo II lo nombró prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Comisión Teológica Internacional el 25 de noviembre de 1981. El 15 de febrero de 1982 renunció al gobierno pastoral de la arquidiócesis de Múnich y Freising. Fue elevado al orden de los obispos, asignándole la sede suburbicaria de Velletri-Segni, el 5 de abril de 1993.

Fue presidente de la comisión para la preparación del nuevo Catecismo de la Iglesia católica, que, después de seis años de trabajo (1986-1992), lo presentó a Juan Pablo II.

El papa polaco el 6 de noviembre de 1998 aprobó la elección del cardenal Ratzinger como vicedecano del Colegio Cardenalicio, realizada por los cardenales del orden de los obispos. Y el 30 de noviembre de 2002 aprobó su elección como decano; con dicho cargo le fue asignada, además, la sede suburbicaria de Ostia.

Como cardenal de la Iglesia estuvo presente en tres cónclaves: el de agosto de 1978, el de octubre del mismo año y el de 2005, que resultó en su elección como papa un 19 de abril de 2005. Es elegido papa número 265 por 115 cardenales. Fue seleccionado como sucesor de Juan Pablo II en el segundo día del cónclave, después de cuatro rondas de votaciones.

Ratzinger esperaba retirarse pacíficamente y había dicho que “hasta cierto punto, le dije a Dios: ‘Por favor, no me hagas esto’… Evidentemente, esta vez Él no me escuchó”. Eligio como nombre pontificio el de Benedicto XVI en homenaje a Benedicto XV. Explicó a los peregrinos la razón del nombre que eligió al ser nombrado obispo de Roma y pastor de la Iglesia Universal. Dijo: “He querido llamarme Benedicto XVI para relacionarme idealmente al venerado pontífice Benedicto XV, que ha guiado a la Iglesia en un periodo atormentado por el primer conflicto mundial. Fue valiente y auténtico profeta de paz y actuó con extrema valentía desde el inicio para evitar el drama de la guerra y después al limitar las nefastas consecuencias”.

Asimismo, hizo referencia al padre del monacato occidental diciendo que “el nombre de Benedicto evoca, además, la extraordinaria figura del gran ‘Patriarca del monacato occidental’, San Benito de Nursia”.

Mi encuentro personal con él

El 4 de marzo de 2006 celebra su primer consistorio y eleva formalmente a 15 hombres al nivel de cardenal. Entre los elegidos estaba mi amigo y protector, el capuchino Sean O’Malley, quien fue nombrado cardenal arzobispo de Boston y me invitó a participar en el consistorio, por lo que viajé a Roma para tal acontecimiento. 

Al día siguiente del consistorio, se llevan a cabo dos  ceremonias, la primera  en la Plaza de San Pedro en la que el papa entrega a cada uno de los nuevos cardenales un anillo de oro como símbolo de su fidelidad a la Iglesia. La segunda, en el Palacio Apostólico, en donde el papa recibe a los cardenales nombrados quienes les presentan a sus familiares más cercanos.

Grande fue mi sorpresa cuando el nuevo cardenal O’Malley me invitó a que lo acompañase. Ahí tuve la oportunidad de verlo frente a mí, y en un momento del acto de poder hablar con él. Benedicto XVI era un políglota, hablaba unos 10 idiomas y el castellano a la perfección, como pude comprobarlo. Lo que más me impresionó de su carácter era que tras una aparente timidez, poco a poco se incorporaba a una conversación y su rostro se iluminaba, dando paso al maestro, al hombre de fe, irradiando una gran paz espiritual. La verdad es que esa vivencia me trasformó y sin lugar a dudas esa tarde ha sido una de las más inolvidables de mi vida.

Su pontificado

El pontificado de Benedicto XVI fue relativamente corto, menos de ocho años, del 19 de abril de 2005 al 11 de febrero del 2013, haciéndose efectiva su renuncia el 28 de ese mismo mes.

Uno de los grandes retos que enfrentó el nuevo papa fue la crisis provocada en la Iglesia por los abusos a los menores de parte de clérigos y el problema que planteaba la poca trasparencia de las actividades de la banca vaticana.

Uno de los casos que tuvo que sortear casi desde el primer día de su pontificado fue el del sacerdote mexicano Marcial Maciel, fundador de la polémica congregación Legionarios de Cristo. Maciel la había creado en la década de 1940 con el fin declarado de acercar el ministerio de la Iglesia a los más jóvenes, pero la congregación terminó siendo el espacio donde fueron abusados sexualmente cerca de 175 menores a lo largo de cuatro décadas.

La cercanía nuestra a México y el hecho de que Maciel tenía obras en Chinandega, Nicaragua, contribuyeron enormemente para que este caso en particular nos afectase directamente.

En 2005, cuando Ratzinger se convierte en Benedicto XVI, la institución tenía presencia en cerca de 10 países y unos 65,000 miembros, especialmente en América Latina. Maciel era considerado un protegido de su antecesor, el papa Juan Pablo II.

Una de las primeras acciones importantes del pontificado de Benedicto fue ordenar el pase a retiro de Maciel en sus actividades como sacerdote, en 2006.

«Muchos defensores de Ratzinger dicen, con razón, que la pederastia fue la marca de su pontificado», señala el sociólogo mexicano y experto en temas de la Iglesia, Bernardo Barranco, autor del artículo: La pederastia y los pecados de Benedicto XVI.

De acuerdo con Barranco, los defensores del papa emérito señalan que fue él quien impuso la llamada «tolerancia cero»: endureció sanciones, modificó cánones y dictó nuevas leyes que penalizan los abusos en el marco de la Iglesia.

Otra acción en el mismo sentido fue nombrar como su principal asesor en estos temas a mi amigo el cardenal O’Malley, de Boston, EE. UU., y crear la Comisión Pontificia de Protección de Menores; Comisión la que actualmente preside desde 2014 dicho  cardenal.

En un comunicado emitido el sábado 31 de diciembre por la mañana, en las horas posteriores a la noticia de la muerte de Benedicto, O’Malley recordó una reunión de 2008 entre el papa y sobrevivientes de abuso sexual del clero, a quienes el cardenal acompañó a Washington, DC durante la visita pastoral del expontífice a Estados Unidos en ese momento. Recordó la experiencia como «conmovedora».

Los  otros grandes problemas que enfrentó su pontificado fueron los de la corrupción en los propios círculos vaticanos. El primero de ello, el famoso caso “vatileaks”, robo de documentos por parte de su mayordomo Pablo Gabriele, que lo obligó a crear una comisión compuesta por los cardenales Josef Tomko, Salvatore De Georgi y Julian Herranz, los que produjeron un informe de más de doscientas páginas que develaba toda una conspiración. Se ha filtrado que el informe descubría la existencia dentro de los altos círculos vaticanos de una trama de robo y de actos impuros, una especie de “mafia lavanda” que se protegían y promocionaba sus ascensos. Algunos llegan a la conclusión que semejante impacto fue unas de las razones que decidieron su renuncia.

El otro hecho fue alrededor del Banco Vaticano, su poca transparencia y las presiones internacionales que llegan al grado de quitarle al (IOR) Banco Vaticano su inclusión en el sistema mundial de banca conocido como el SWIFT; medidas tomadas por su radical postura  en la conferencia del 2006 en Ratisbona, Alemania, donde denunció  en primer lugar que en Occidente, el Estado está empujando hacia una agenda secular de cambio moral y cultural y en esa agenda se pretende dejar afuera a la Iglesia no solo de la cosa pública sino de la cultura. En segundo lugar, su heroica y directa crítica cuando habló sobre la violencia del fundamentalismo musulmán y criticó la visión de Dios que maneja el Islam, diciendo que un dios que está más allá de la razón es un dios que exige irracionalidad, desorden y violencia. Desatando así la ira del fundamentalismo, pero que no logró de parte suya ninguna palabra de retractación.

No debe de olvidarse cuando se recrea la vida de este gran doctor de la Iglesia, su firme deseo expresado en acciones y declaraciones para lograr una reconciliación histórica con el Patriarcado de Moscú , que sería la coronación religiosa de un proyecto geo político de integración Euro–ruso, que por ese entonces contaba fuertemente con la simpatía de la Alemania de Ángela Merkel y de la Italia de Silvio Berlusconi, movimiento que examinando tal vez nos hubiera librado del horror de la guerra que vivimos.

En el campo netamente religioso, Benedicto XVI lideró toda una batalla con lo que se ha llamado “el mal de relativismo”. Oigámoslo: “¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas!, ¡cuántas modas de pensamiento!… La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido zarandeada a menudo por estas olas, llevada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice san Pablo, el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir a error (cf. Ef. 4, 14). A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse ‘llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina’, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida solo el propio yo y sus antojos”.

Legado

Además de su sorpresiva renuncia, que fue toda una revolución dentro de la Iglesia católica, el legado doctrinal de Benedicto XVI es enorme. Como muy bien se le ha calificado, su persona es el Mozart de la teología moderna.

Tres encíclicas son la joya de la corona de su pontificado: Deus Caritas (25 de diciembre del 2005). “Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1 Jn 4, 16).: “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”. Spe Salvi (30 de noviembre del 2007), encíclica sobre la virtud de la  esperanza. Y Caritas in Veritate (29 de junio del 2009), encíclica sobre la caridad. 

Eso además de una innumerable cantidad de cartas, cartas apostólicas, constituciones apostólicas, discursos, exhortaciones apostólicas, mensajes, motu proprio y oraciones, que estoy seguro servirán  de consulta y apoyo a la feligresía mundial por largo tiempo.

Obras

Estemos claros de que estamos contemplando someramente la obra de un intelectual de lo más reconocido de nuestros tiempos modernos. Sobresalen entre sus numerosas obras: Mi vida: recuerdos (1927-1977). Encuentro. Ser cristiano en la era neopagana, ediciones Encuentro.  La sal de la Tierra (9ª edición), Ediciones Palabra.  Un canto nuevo para el Señor: Caminos de Jesucristo (2ª edición). Ediciones Cristiandad.  Fe, Verdad y Tolerancia: el Cristianismo y las religiones del mundoJesús de Nazaret. El Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos. Desde la entrada en Jerusalén hasta la resurrección. Ediciones Encuentro, 2011. La infancia de Jesús, Planeta, 2012.

Conclusión

Benedicto XVI ha vuelto a la casa del Padre. Vuelve desnudo como nació, dejándonos un gran vacío. El papa de las grandes interpretaciones bíblicas y de los mensajes teológicos ya descansa en la paz del Señor. Su humildad al renunciar y su valentía al reconocer que ya no tenía las fuerzas suficientes para conducir la nave de Pedro, nos sirven de ejemplo. Ojalá la Iglesia que él siempre amó sepa aprovechar  todo su trabajo apostólico.

El autor es un abogado católico.

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