Nicaragua se ha convertido en refugio de expresidentes y otros personajes de baja laya que huyen de la justicia de sus países por actos delictivos cometidos en el ejercicio de cargos públicos o privados.
Pero la dictadura no da puntada sin hilo, ninguna de los reclamados por la justicia en sus países han escogido Nicaragua sin causa o justificación para ello, pues el binomio bicéfalo no lo ha llamado gratis et amore. No, les ha permitido el cobijo a cambio de compensaciones que en algunos casos han sido de carácter monetario y en otros casos para pagar antiguos favores.
Empiezo por los que han llegado a huir de la justicia de sus países motivado en compensación de antiguos favores y el número uno es Mohamed Lashtar, sobrino del antiguo dictador libio Muhamar el Gadafi, quien durante su mandato ayudó a Ortega económicamente en tiempos de vacas flacas y hoy su sobrino nacionalizado nicaragüense ocupa la asesoría de la Presidencia para asuntos de Medio Oriente y el cargo de embajador ante Emiratos Árabes. Es también embajador en Kuwait y concurrente en Argelia y otros países del Golfo Pérsico.
Sigo con el expresidente salvadoreño Mauricio Funes, quien fue presidente de El Salvador de 2009 a 2014, sobre quien pesa orden de captura internacional acusado de agrupación ilícita e incumplimiento de sus deberes en el ejercicio de su cargo y por malversación de caudales públicos, quien como nacionalizado nicaragüense ocupa cargos importantes en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Nicaragua. Además de nacionalizarlo a él también fueron nacionalizados sus hijos y su esposa.
También otro expresidente salvadoreño, Salvador Sánchez Cerén, se encuentra huido de la justicia de su país, por la acusación de malversación de caudales públicos, peculado y lavado de dinero, quien también ha sido nacionalizado para evitar cualquier extradición, ya que como sabemos nuestra Constitución prohíbe la extradición de nacionales por delitos políticos o conexos. A este prófugo le han otorgado no solo su nacionalización, sino también la de sus hijos y nietos.
Pero no solo estos salvadoreños han obtenido cobijo bajo la dictadura de Ortega y su binomio, hay también ministros hondureños de la época de Juan Orlado Hernández, quien hoy enfrenta cargos en cortes de EE. UU., por tráfico de drogas y lavado de dinero. Este tenía ya preparada su fuga a Nicaragua y cortada por las autoridades del nuevo gobierno hondureño en concurso con la DEA, si no hubiese sido así tendríamos otro “ilustre invitado” y nacionalizado en nuestro país.
Pero la lista de los “nacionalizados” nicaragüenses no termina ahí. Siguen en dicha lista otros personajes siniestros como el recién nombrado embajador de nuestro país en España, cuyo solo nombre infunde olor a cosa nostra italiana, llamado Mauricio Gelli, hijo del mafioso italiano Licio Gelli, de largo historial como líder de la Logia Masónica propaganda Due (P2), relacionado con la quiebra del Banco Ambrosiano, agente anticomunista durante la guerra fría, con intervenciones conspirativas en Argentina en la década de 80 y además salpicado de escándalos financieros en Uruguay.
Licio Gelli murió en 2015 cuando tenía 96 años y su hijo Mauricio Gelli, el nombrado embajador en España, según informaciones intentó por todos los medios lavar una fortuna de 1,200 millones, acumulada en todas las triquiñuelas legales y de su recorrido político como miembro de las brigadas fascistas de tiempos de Mussolini su fundador. Algo habrá salvado de ello y por ello encontró refugio en Nicaragua. Mediante el peaje correspondiente. Si no, de dónde esa relación con la dictadura.
El nombramiento como embajador de Nicaragua en España no creo que vaya a ser tan fácil, pues como hijo de quien es, el Gobierno de España que repudia el fascismo incluso a nivel legal con su ley de memoria histórica le afecta plenamente, pues Licio Gelli hizo negocios con el régimen franquista en tiempos de la dictadura hoy llamada fascista por el gobierno del PSOE, Esquerra Republicana, Podemos, los antiguos miembros de ETA, conocidos hoy como EH Bildu, sus herederos legítimos, con los que el actual gobierno de Pedro Sánchez mantiene muy buenas relaciones, ya que sin ellos ya estaría fuera de la Moncloa, sede física del Gobierno de España.
También se encuentra en nuestro país otro italiano de largo historial delictivo del tiempo de las brigadas rojas en Italia que acabaron con la vida del ex-primer ministro italiano Aldo Moro, es ni más ni menos que Alessio Casimirri, nacionalizado nicaragüense, sobre el que pesa una condena de los tribunales italianos a cadena perpetua y orden de captura internacional, que no se materializa en virtud de lo dicho por los fugados salvadoreños hoy como repetimos nacionalizados nicaragüenses.
Pero esto de ser refugio de malhechores no es de este segundo turno del gobierno dictatorial, ya en los años 80 del siglo pasado hasta Pablo Escobar vivió en Nicaragua, cuando nuestro país fue lugar de almacenamiento de la cocaína que Escobar mandaba al imperio yanqui desde aeropuertos nicaragüenses. Así pues que la historia se repite ahora revestida de otras maneras.
Ojalá Nicaragua, retorne a la senda de la democracia, de la libertad con justicia después de esta larga noche oscura que estamos viviendo bajo la sombre de una dictadura perversa y siniestra que gobierna nuestro país arropada por la fuerza de las armas sustentadas por la no menos siniestra Policía y un Ejército que de nacional no tiene nada, pues está al servicio de los Ortega-Murillo, que nunca serán eternos ni físicamente y menos políticamente.
El autor es abogado nicaragüense. Reside en España.