Los medios de comunicación independientes no han coincidido esta vez en la designación de la persona o el personaje del año en Nicaragua.
LA PRENSA designó a los migrantes nicaragüenses. “Más de 200 mil madres, padres, hijos y amigas que no están. Se fueron. Con o sin maletas, salen del país en un éxodo sin precedentes en la historia reciente del país. Es por ellos que LA PRENSA reconoce a los miles de nicaragüenses migrantes como el personaje de este 2022”, se dice en la información de este nombramiento publicada este lunes 19 de diciembre.
Otros medios de comunicación nombraron como personaje del año a monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de Matagalpa y administrador apostólico de la Diócesis de Estelí, quien está preso desde agosto de este año. La semana pasada fue acusado judicialmente por los supuestos delitos de conspiración y traición a la patria, los mismos que le han imputado a la mayoría de los otros 236 presos políticos y de conciencia que hay en el país.
Es el caso de la revista Confidencial, cuyo consejo editorial “seleccionó a monseñor Rolando José Álvarez Lagos, de 56 años, el primer obispo preso político en la historia de Nicaragua, como el personaje de 2022”. Esto es, dice la información de la revista, “como un reconocimiento a su coherencia, su labor pastoral y el ejemplo de su dignidad y su resistencia ante la persecución y el acoso, y sobre todo su voz profética que aun siendo preso de conciencia no puede ser callada…”
Los dos nombramientos son acertados. El de los migrantes nicaragüenses, porque han protagonizado y siguen practicando un éxodo de proporciones épicas, prácticamente forzados a abandonar y dejar todo detrás de ellos. Y el de monseñor Álvarez, por su sacrificio en defensa de la fe y de la dignidad de los nicaragüenses.
En realidad, tanto la persona colectiva que son los migrantes como la personalidad individual que es el obispo Álvarez, representan los mayores dramas humanos nicaragüenses de este año y de los últimos tiempos. Los migrantes son obligados por las circunstancias, políticas, económicas y sociales, a irse del país exponiéndose a sufrir o arrostrando terribles peligros, con el objetivo y la esperanza de encontrar en otras tierras una mejor vida para ellos y sus familias. Se sacrifican en busca de conseguir bienestar para sí mismos y para los suyos.
El sacrificio de monseñor Álvarez es personal, no para su bienestar ni beneficio de él y sus familiares. Lo hace por el interés de todos los nicaragüenses, de la comunidad, del pueblo, de la nación.
No hay ninguna duda de que el obispo Rolando Álvarez merece ser reconocido como el personaje del año. Él es una representación tan dramática como sublime del Buen Pastor que menciona el apóstol Juan en el Nuevo Testamento: “El buen pastor da su vida por sus ovejas. El asalariado, que no es pastor, ni dueño de las ovejas, huye ante el lobo abandonándolas y el lobo las agarra y las dispersa…”
Y por supuesto que lo merecen también todos los nicaragüenses que, como se ha dicho en LA PRENSA, “siguen migrando por puestos fronterizos, solos o con sus familias a cuestas, tocando puertas al norte y al sur, sin certezas de cuándo volver, pero con la esperanza de encontrar un lugar más habitable que su propio país”.