Refundación de las Naciones Unidas

En el discurso que pronunció el miércoles de esta semana en La Habana, Cuba, durante la XXII (vigésima segunda) cumbre de los países miembros del Alba, Daniel Ortega atacó duramente a la Organización de Naciones Unidas (ONU) y aseguró que es necesaria su refundación.

Ortega dijo que la ONU fue creada por los países colonialistas e imperialistas, y dictaduras como la somocista de Nicaragua que fue uno de los 51 países que, en 1945, tras la II Guerra Mundial crearon la organización mundial de Estados.

“El gran reto que tenemos ahora en el mundo es la refundación de Naciones Unidas, bajo el Principio de la Multipolaridad”, proclamó el gobernante nicaragüense. Y agregó: “Es el momento de crear un Nuevo Mundo, donde realmente se establezcan los Principios que se puedan cumplir, hacer cumplir los Principios que están ahí en las Naciones Unidas y no se cumplen”.

     Ortega omitió —o ignora— que entre los Estados constituyentes de la ONU en 1945, estaba la totalitaria Unión Soviética, donde imperaba la férrea dictadura comunista de Stalin. Así como también estaban Bielorrusia y Ucrania, que formaban parte de la URSS, pero las potencias democráticas las aceptaron como si fueran independientes. E igualmente figuraban entre los firmantes de la Carta fundacional de la ONU, Checoslovaquia, Polonia y Yugoslavia, que estaban sometidos a dictaduras comunistas sostenidas por la Unión Soviética.

     Los gobernantes de las potencias democráticas sabían que la Unión Soviética y sus satélites no compartían los valores de libertad, democracia y derechos humanos que se consignaron en la Carta de la ONU, estaban claros de que si la firmaron fue por interés estratégico. Pero las democracias aceptaron la falsedad por agradar al exaliado en la guerra contra Alemania nazi y creyendo, tal vez, que con el tiempo aquellas dictaduras adoptarían el sistema democrático del gobierno.

     En realidad, las Naciones Unidas fueron constituidas bajo la regla geopolítica de la coexistencia pacífica, de convivencia entre los Estados democráticos y la Unión Soviética y sus satélites, aunque esto no fue reconocido oficialmente. Cabe señalar que el concepto de coexistencia pacífica fue acuñado en 1917 por León Trotzky (el líder comunista soviético que fue asesinado después por orden de Stalin), para denominar la estrategia política soviética de buena relación con los países de Occidente tras la Primera Guerra Mundial.

Como sea, el planteamiento de Ortega sobe la necesidad de refundar las Naciones Unidas resulta interesante, inclusive válido, aunque la comunidad internacional no lo atienda por el poco peso de Nicaragua, a pesar de ser un aliado incondicional de las potencias autoritarias hegemonistas Rusia y China comunista.

Sin embargo, los Estados democráticos deberían tomar la palabra a Ortega y otros líderes revolucionarios que hablan de refundar la ONU. La verdad es que visto el asunto desde la perspectiva de la democracia, se debe reconocer que después de 77 años de existencia la Organización de las Naciones Unidas da cada vez muestras más claras de “fatiga, ineficiencia y poca legitimidad”, como advierten expertos en la geopolítica  mundial.

Es muy probable que sería mejor para la humanidad que hubiera dos comunidades internacionales de Estados con sus correspondientes organizaciones. Una de los países del mundo libre y democrático y otra de los Estados autoritarios y dictatoriales, donde los valores éticos y políticos de Occidente son despreciados.

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