El jueves 1 de diciembre publicamos un editorial titulado El derecho internacional como papel mojado. En ese escrito nos referimos al incumplimiento de las resoluciones, acuerdos o sentencias de derecho internacional, por parte de grandes potencias, pero también de algunos Estados pequeños.
Las grandes potencias no cumplen las reglas del derecho internacional cuando no están de acuerdo con ellas, basados en su poderío económico, político y militar. Y los Estados pequeños que tampoco lo acatan, alegan los principios de independencia, soberanía y autodeterminación nacional.
En el editorial mencionado citamos al profesor español de filosofía moral y política, Aquilino Cayuela, quien en un artículo publicado por el diario de España El debate, explica que “a través de la historia eminentes doctrinarios y estadistas, desde Nicolás Maquiavelo hasta Henry Kissinger, han sostenido que ciertas normas del derecho internacional pueden y deben romperse cuando a un Estado le interesa hacerlo”.
Sin embargo, el mismo profesor español dice que también ha habido teóricos, filósofos y juristas destacados, para quienes “el peso de las obligaciones morales y éticas compartidas” por los Estados debe obligarlos a respetar las normas del derecho internacional.
Destaca entre ellos el filósofo ético alemán Immanuel Kant (1724-1804), para quien a fin de regular el derecho internacional se debe distinguir entre Estados justos e injustos.
Dice la profesora Delia Manzanero, de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, España, que para Kant el cumplimiento de los deberes jurídicos se basa en “la legalidad del actuar, en obrar conforme al deber, esto es la obediencia externa del mandato aunque se disienta interiormente; mientras que el cumplimiento de los deberes de la virtud requiere la ‘moralidad’ de la convicción o, lo que es lo mismo, el respeto a la ley”.
Por su parte, la catedrática Teresa Santiago Oropeza, del Departamento de filosofía, división de ciencias sociales y humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que para Kant el objetivo primordial del derecho internacional era la erradicación definitiva de la guerra.
Kant —explica la profesora mexicana— “tenía la convicción de que una paz perpetua es posible, siempre y cuando el hombre se deje guiar por su razón práctica para abandonar el mecanismo de la guerra y plantearse la paz como un fin y un deber. El hombre tiene una inclinación a vivir en comunidad pero, al mismo tiempo, quiere preservar su individualidad a cualquier costo… Es este un mecanismo natural que, sin embargo, puede ser usado a favor del progreso moral de la especie como un incentivo para abandonar el estado anímico de la guerra y construir, tanto las condiciones políticas, como las herramientas jurídicas que lleven a la contención y, eventualmente, la erradicación de la guerra”.
Uno de los libros de Kant se titula precisamente La paz perpetua, en el cual desarrolla sus ideas sobre la moralidad relacionada con la política y las relaciones internacionales. No puede haber —sostiene Kant en dicha obra— disputa entre la política, como aplicación de la doctrina del derecho, y la moral, que es la teoría de esa doctrina…”
Esto al parecer no lo entienden, y menos que lo practiquen, los políticos que están al frente de los Estados en muchos países del planeta.