En enero del presente año, un grupo de esposas y otros familiares de presos políticos exhortaron públicamente “a los gobernantes, fuerzas vivas de la nación y a nuestra Iglesia católica, a encabezar y apoyar un proceso de unificación ciudadana…”, con el objetivo de lograr “una paz nacional duradera que pase por la liberación de los presos políticos”.
Aquella exhortación bien intencionada cayó en el vacío. Tanto el régimen como las “fuerzas vivas de la nación” y la Iglesia católica, guardaron silencio. Pero además, tristemente los familiares de presos políticos que la suscribieron fueron criticados duramente por los sectores radicales de la oposición y habituales de las redes sociales, que la calificaron como blandengue y claudicante.
Es que, lamentablemente, el país está muy polarizado. La polarización según la doctrina política es el fenómeno por el cual la opinión de la gente se divide en extremos opuestos y cerrados, mucho menos para compartir opiniones y procurar el entendimiento.
Pero siempre hay personas de buena voluntad que abogan por la distención y el diálogo, aunque las ataquen por eso. Tal es, a nuestro juicio, el caso del mencionado grupo de familiares de presos políticos que en septiembre pasado insistieron en mostrar su espíritu conciliatorio y hacer su petición humanitaria. Y sugirieron que se podría dejar en libertad a los presos políticos mediante una amnistía.
Los familiares de los presos políticos reconocieron en su documento del 20 de septiembre, “las complejidades que una amnistía acarrea para nuestros compatriotas y familiares. Pero, —señalaron— “al revisar nuestra historia más profundamente, vemos con igual claridad que las amnistías han brindado espacios de quietud, comprensión y reencuentro a los nicaragüenses durante momentos altamente críticos”.
En realidad, en la historia de Nicaragua ha habido no pocas amnistías e inclusive indultos a presos políticos, que ayudaron a restaurar la paz social y a cerrar dolorosas heridas políticas de hermanos nicaragüenses separados por la pasión de la lucha por el poder.
Ahora, con motivo de la llegada de diciembre, el mes de la Purísima y la Navidad que son celebraciones representativas de la identidad nacional y unificadora de los nicaragüenses, el mismo grupo de esposas y otros familiares de presos políticos volvió a pronunciarse este martes 29 de diciembre para con un tono muy mesurado pedir su libertad.
En su nueva declaración publicada en los medios independientes, ellos dicen: “Es en este espíritu mariano, y reafirmando nuestra nicaraguanidad, que —como ya lo hicimos el 20 de septiembre de este año— les solicitamos a nuestros gobernantes la libertad de todos nuestros presos, en aras del reencuentro de nuestras familias, y del propio país, para que, con un sentido de destino compartido, todos miremos hacia el futuro con optimismo, en una Nicaragua serena y próspera”.
La Navidad es una celebración de paz, reconciliación, fraternidad y amor, un tiempo de nuevas oportunidades y de renovación espiritual y moral. Lo es para todos los cristianos y debería serlo también para los gobernantes, que ojalá atendieran el clamor de los familiares de los presos políticos.