Chispas en la pradera china

Los medios de información internacionales han reportado las numerosas protestas de ciudadanos que han estado ocurriendo en China.

     Las protestas son por las excesivas y drásticas medidas gubernamentales  contra la covid-19, que sigue causando daño en China donde estalló la pandemia y de allí se extendió a todo el mundo.

     La inconformidad por las duras medidas del régimen chino, que son  más de represión que de prevención de la peste, ha motivado a la generalmente tranquila población de ese país a salir a las calles a protestar. Las protestas callejeras comenzaron cuando, debido a los encierros forzados, diez personas murieron en el  incendio de un edificio en la ciudad de Xinjiang, ya que no se les permitió salir y salvar sus vidas.

     Las protestas chinas contra la drástica política de Covid Cero impuesta por el régimen, han llegado al grado de  exigir la renuncia del presidente Xi Jinping y a condenar al oficialmente intocable  Partido Comunista, que detenta el poder desde 1949.

     No es usual que haya protestas en China. Las autoridades sostienen que no es por represión sino por la cultura nacional que las protestas sociales y políticas no caben en ese país. Dicen que eso es propio del “decadente” mundo occidental y su democracia “fracasada”, no de una nación disciplinada como es la china.

     Pero no es cierto que por cultura nacional el pueblo chino sea sometido y que no le interese la libertad ni la democracia. Como muestra de lo contrario basta mencionar las grandes luchas democráticas de los chinos de Hong Kong. Más aún, fue precisamente en China que comenzaron en abril de 1989 las rebeliones populares que derribaron las dictaduras comunistas de Europa y pusieron fin al comunismo soviético. Tres meses duró la insurrección popular china, hasta que el 4 de junio fue aplastada por la espantosa matanza de Tiananmen que dejó el macabro saldo de entre dos mil y tres mil personas muertas.  

     Con esos antecedentes se puede suponer que podría volver a ocurrir un nuevo alzamiento masivo del pueblo chino, hasta terminar con la dictadura comunista que dura ya 73 años.

     La historia de China registra que después de la “matanza de Shanghái” en 1927, que puso fin a una rebelión popular encabezada por el Partido Comunista, la desmoralización política cundió entre masas y aun entre muchos  comunistas que creyeron que el pueblo nunca se volvería a alzar. Entonces Mao Tse Tung escribió y difundió una carta fechada el 5 de enero de 1930, que tituló con la frase de un antiguo proverbio chino: Una sola chispa puede encender la pradera.

     Mao explicó que eso significaba que en cualquier momento podría ocurrir  un hecho que no era posible predecir, pero que motivaría a las masas populares a volver a levantarse y entonces la revolución podría estallar y triunfar. Lo cual ocurrió 19 años después.

     Pero la historia de China no terminó con el triunfo de la revolución y el establecimiento de la dictadura comunista en 1949. Como demostró Tiananmen, mientras haya una pradera reseca por la injusticia y la opresión, habrá la posibilidad de que sea incendiada por una chispa de insatisfacción social y protesta popular.

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