El fin de semana recién pasado se reanudó en México el diálogo entre el régimen de Venezuela y la oposición. Este diálogo se inició en agosto de 2021 gracias al auspicio y la mediación internacional. Pero el dictador Nicolás Maduro lo suspendió tres meses después, porque uno de sus testaferros internacionales, Alex Saab, fue extraditado de la isla de Cabo Verde a Estados Unidos (EE. UU.) donde ahora es sometido a un proceso judicial por acusaciones de grave corrupción.
No está claro si la reanudación del diálogo se debe a que Maduro tiene interés real en un acuerdo con la oposición, para de manera democrática sacar a Venezuela de la profunda crisis que su mismo régimen ha causado.
La oposición sí tiene esa voluntad porque es la alternativa democrática al régimen de Maduro. Pero este es posible que haya aceptado volver al diálogo solo para que le quiten las sanciones internacionales. O tal vez se sienta obligado a dialogar por la acrecida presión internacional.
Según el alto comisionado de la Unión Europea (UE) para las relaciones internacionales, Josep Borrell, “ahora es el momento propicio para una salida política negociada a la crisis venezolana”. Y precisó que las sanciones de la UE contra Venezuela “son reversibles en función de la evolución de la situación”.
Por su parte, el gobierno de Francia, que se ha comprometido en la reanudación del diálogo venezolano, declaró por medio del Ministerio francés de relaciones exteriores que “esas discusiones son necesarias en la perspectiva de (celebrar) elecciones libres y democráticas en 2024 bajo observación internacional, las únicas que permitirán resolver la profunda crisis que atraviesa Venezuela”.
Es obvio que los intereses y el propósito del régimen de Nicolás Maduro no son coincidentes con los de la oposición representada en la Plataforma Unitaria. El interés de Maduro es que le quiten las sanciones y seguir en el poder. En tanto que para la oposición el objetivo es que haya elecciones libres y limpias para que el pueblo de Venezuela decida soberanamente su futuro.
Pero las sanciones no se las van a quitar a Maduro a menos que permita una apertura democrática. La comunidad internacional ha sido clara en que las sanciones son para persuadir al régimen de Maduro de que debe abrirse a la democratización. De manera que si se compromete a celebrar el próximo año las elecciones libres y con garantías de limpieza, como ha dicho Borrell, no habría ningún problema en revertirlas.
Por de pronto las partes ya firmaron el pasado sábado 26 un Acuerdo Parcial para la Protección del Pueblo Venezolano, orientado a la recuperación de recursos financieros de Venezuela bloqueados en el Sistema Financiero internacional. Estos fondos serán invertidos en los servicios de electricidad y agua potable, salud y educación pública. Y las Naciones Unidas supervisarán su ejecución.
Al mismo tiempo, y para alentar a que las negociaciones políticas conduzcan al restablecimiento de la democracia en Venezuela, EE. UU. extendió una licencia a la compañía Chevron para que pueda exportar petróleo y productos petroleros derivados venezolanos.
Pero todavía no hay seguridad de que la nueva etapa del diálogo venezolano pudiera ser exitosa. Demasiados fracasos ha habido como para ser muy optimistas. En vísperas de su reanudación, Nicolás Maduro dio declaraciones provocadoras contra la oposición. Lo cual podría ser una táctica intimidatoria para tratar de tomar ventaja en las negociaciones, pero también el aviso de que Maduro volverá a sabotear la búsqueda de una solución democrática de la crisis, porque lo único que quiere es mantenerse en el poder.
Pero el dictador venezolano no las tiene todas consigo. La crisis humanitaria, socioeconómica y política de Venezuela, se agrava. La oposición sigue fuerte e irreductible a pesar de la cruda represión. Y la presión internacional en favor de la solución democrática se ha incrementado, inclusive por parte de la nueva izquierda que ha tomado el poder en diversos países latinoamericanos.
Por el bien del pueblo de Venezuela es deseable que el diálogo de México tenga éxito. Si así fuera, podría repercutir positivamente en Nicaragua y crear la posibilidad de que también aquí se pueda encontrar una salida cívica y democrática de la crisis política nacional.