El futbol no es más importante que los derechos humanos

La vigésima segunda (22) edición de la Copa Mundial de Futbol arrancó el domingo 20 de noviembre en Catar, con la marca de la ignominia por el desprecio a los derechos humanos en ese pequeño pero muy rico país árabe musulmán.

     Catar pertenece a la Organización de Naciones Unidas (ONU) y disfruta de los mismos derechos y prerrogativas que esta membresía confiere a todos los Estados miembros. También, y por eso mismo, Catar está obligado a respetar la Declaración Universal de los Derechos Humanos que es uno de los documentos constitutivos de la ONU. Pero no los respeta, sino que los viola de manera institucionalizada y sistemática.

     En Catar las mujeres son tratadas como seres inferiores a los hombres, las personas de opción sexual diferente son reprimidas brutalmente, no hay libertad de expresión y de prensa, no es permitida la organización de partidos políticos, el gobierno es una monarquía absolutista y despótica, los trabajadores procedente de otros países —que son la mayoría—  trabajan y viven en condiciones de servidumbre, casi esclavitud; etc.

     Es por lo menos vergonzoso que la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociación), haya organizado este campeonato mundial en un país donde de manera oficial no se respeta la dignidad humana.

     Catar es uno de los países que por la crueldad de su régimen debería estar proscrito en el mundo. Pero como tiene mucho dinero producto de la riqueza y producción petrolera y gasífera, la ONU y las instituciones internacionales como la FIFA miran hacia otro lado y se convierten en cómplices de hecho.

     Increíblemente, los organizadores de la Copa Mundial de Futbol en Catar publicaron un documento de 16 páginas con prohibiciones a los aficionados que han llegado de otros países para disfrutar la competencia deportiva. Según reporte del periodista Andrei Uspensky, corresponsal en Catar de la revista rusa Novaya Gazeta, no es permitido sentarse en público con las piernas cruzadas, no se debe mirar de cerca a las cataríes, es prohibido sonar música en horas de oración, los hombres no pueden andar con el torso desnudo, no se debe usar joyas salvo anillo de boda y reloj de pulsera; los símbolos religiosos que no sean del islam deben esconderse debajo de la ropa, etc.

     La FIFA amenazó con imponer tarjeta amarilla e incluso descalificar a los jugadores que muestren símbolos de solidaridad con las mujeres y las personas de la diversidad sexual. Desafiando esa insólita amenaza, el portero y capitán del equipo de Alemania, Manuel Neuer, dijo que en el juego contra Japón lucirá un brazalete de solidaridad con las víctimas de las violaciones a los derechos humanos. Veremos qué sucede este miércoles 23 de noviembre, cuando los alemanes jueguen contra los japoneses.

     Por una cuestión de principios y de dignidad ética se debería establecer que un país para ser sede de estos eventos deportivos mundiales es indispensable que respete los derechos humanos, que nadie los impone sino que están consagrados en el derecho y los tratados internacionales.

Editorial
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