El político socialista español Ramón Jáuregui, muy conocido en Nicaragua por su interés en la crisis sociopolítica nacional, ha publicado en la revista en línea Política Exterior un interesante ensayo titulado Tres retos para la izquierda latinoamericana.
Jáuregui vino a Nicaragua en enero de 2019, al frente de una delegación del Parlamento Europeo del cual era miembro; visitó a los presos políticos y ha tratado de contribuir a una solución democrática de la crisis nicaragüense.
Ahora, después de que se retiró de la política partidista y en su condición de presidente de la Fundación Euroamérica, el interés de Jáuregui se extiende a toda Hispanoamérica, acrecentado por el avance de la izquierda que gobierna en casi todos los países de la región. Para él la principal responsabilidad de la nueva izquierda latinoamericana es cuidar y fortalecer la democracia.
“La izquierda política latinoamericana debe convertirse en el principal bastión de la democracia —sostiene Jáuregui—. Debe hacerlo porque siguen demasiado presentes autocracias de izquierda (Venezuela, Nicaragua, Cuba) y porque esas experiencias lastran injustamente a otros partidos en otros países. La democracia no es un medio para hacer luego la revolución, porque esa concepción instrumental oculta la tiranía y el totalitarismo. La democracia es un fin, es un marco, nada es posible fuera de ella y en ella todo cabe, también el socialismo. Por eso, socialismo es libertad antes que nada, o dicho de otro modo, la construcción de sociedades más justas e iguales no puede hacerse sin libertad”.
La reflexión del líder socialista español es fundamental. No es un secreto para nadie que en 1990, después de la caída del comunismo en la extinta Unión Soviética y Europa del Este, Fidel Castro, de Cuba; Hugo Chávez, de Venezuela, y Luiz Inácio da Lula, de Brasil, crearon el Foro de Sao Paolo. Su objetivo era reagrupar a todos los partidos comunistas y movimientos de izquierda revolucionaria en América Latina y el Caribe, y constituirse en un centro generador de la nueva estrategia revolucionaria para conquistar el poder.
Ellos consideraron que en las nuevas condiciones internacionales ya no era posible seguir apostando a la violencia revolucionaria. Además, con el supuesto agotamiento de la influencia de Estados Unidos en la región, y con la ayuda de la riqueza petrolera venezolana, los partidos y movimientos de izquierda podían tomar el poder por la vía electoral. Una vez teniendo el control de las instituciones gubernamentales, resultaría posible realizar los cambios revolucionarios que hasta entonces se creía que solo podían lograrse derrocando a los gobiernos y desmantelando las instituciones de la democracia burguesa. Como se hizo en Cuba en 1959 y en Nicaragua en 1979.
El plan del Foro de Sao Paolo se ha ejecutado en Venezuela y Nicaragua tal como lo concibieron Castro, Chávez y Lula; es decir, tomando el poder por la vía electoral e imponiendo luego regímenes autoritarios que desmantelaron la democracia.
Sin embargo, en los otros países —incluyendo al Brasil de Lula da Silva—, la llamada nueva izquierda ha subido al poder mediante elecciones, pero se ha debido adaptar en términos generales al sistema democrático, e impulsar la ejecución de programas populistas y reformistas.
Cabe mencionar que el segundo reto de la nueva izquierda latinoamericana, según Ramón Jáuregui, es lograr avances hacia la sociedad de bienestar; y el tercero, abordar con determinación el gran atraso y tradicional fracaso de América Latina en su proyecto de integración regional.