En distintas ciudades de México han ocurrido multitudinarias manifestaciones callejeras, de ciudadanos que rechazan una propuesta de reforma electoral que pretende aprobar el presidente populista de izquierda, Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
Los ciudadanos mexicanos temen que con la reforma que quiere imponer AMLO desaparezca el sistema electoral mexicano, desde hace más de dos décadas reconocido nacional e internacionalmente como limpio, confiable y seguro, de acuerdo con los estándares democráticos universales.
La reforma propuesta por AMLO se refiere a distintos componentes del sistema electoral mexicano y, como siempre ocurre en estos casos, tiene algunos aspectos positivos. Por ejemplo, reducir la cantidad de diputados y senadores y modificar el sistema de financiamiento a los partidos, para ahorrarle al Estado y los ciudadanos una considerable cantidad de dinero.
Pero eso parece ser solo el pretexto. El verdadero fin de la reforma es modificar la naturaleza y composición del Instituto Nacional Electoral (INE), responsable de organizar, dirigir y legitimar las elecciones en el país, el cual perdería su autonomía y su integridad, y sería manipulado por el partido de AMLO y el poder ejecutivo. Se perdería la garantía de elecciones libres y transparentes, y de la alternabilidad en el ejercicio del poder.
Enrique Krauze, reconocido intelectual político mexicano que dirige la revista fundada por Octavio Paz, Letras Libres, ha escrito en su última edición que “si se consuma la captura del INE por el partido oficial y sus satélites, volveremos irremisiblemente a los tiempos en que el régimen era juez y parte (en las elecciones)».
Krauze se refiere a los oscuros tiempos posteriores a la Revolución Mexicana, cuando se creó y tomó el poder el Partido Revolucionario Institucional (PRI) que mediante la fuerza y el fraude electoral se mantuvo en el poder hasta el año 2000. Con el PRI había en México una “dictadura perfecta”, como la calificó el premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa.
Gracias a la tenaz lucha de la oposición se pudo hacer en México varias reformas electorales democráticas, en particular la creación del INE como una institución autónoma no controlada por ningún otro partido. Por eso en el año 2000 hubo elecciones libres y limpias que ganó el candidato de la oposición, Vicente Fox, del Partido de Acción Nacional (PAN).
La independencia política de la autoridad electoral facilitó que por primera vez hubiera alternabilidad en el poder, mecanismo indispensable de la democracia que ahora podría perderse con la reforma que propone López Obrador.
Enrique Krauze explica que “no por un milagro sino por el esfuerzo y sacrificio de generaciones, México, que ha ido sucesivamente teocrático, monárquico, virreinal, caudillista, dictatorial, revolucionario, ‘revolucionario-institucional’, es hoy un país democrático. (Pero) Muy pronto puede dejar de serlo.”
Agrega Krauze que, “por desgracia, el presidente que triunfó (en unas elecciones) gracias a la democracia, no es demócrata. Como todo populista, su designio fue utilizarla para acabar con ella”.
Por otra parte, en un artículo de opinión publicado por el medio internacional alemán, Deutsche Welle, la periodista Anabel Hernández dice que “diversas decisiones del Gobierno y del Congreso (de México), expedientes secretos filtrados y hechos palpables a simple vista indican que estamos ante lo que puede ser el comienzo de una nueva “dictadura perfecta”. Pero no la encabezaría el PRI, sino el partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) encarnado en el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador…”
“Corremos el peligro de irnos a dormir como ciudadanos y despertarnos como esclavos”, advierte sombríamente la periodista mexicana.
Ojalá que los mexicanos puedan preservar su democracia, que México no se convierta en otro Estado autoritario como los demás de signo populista e izquierdista que hay en América Latina y el Caribe.