Elecciones de medio tiempo y  la democracia en EE. UU.

El martes 8 de noviembre se realizaron en Estados Unidos las elecciones para elegir a todos los miembros de la Cámara de Representantes y a una tercera parte de los del Senado.

     Las elecciones en Estados Unidos motivan mucho interés internacional, por el peso político y la influencia económica de este país en el mundo. Pero también por la singularidad de su democracia, que es aplaudida y tomada como ejemplo por unos y odiada por otros.

     Desde la guerra civil de secesión de 1861 a 1865, en EE. UU. el partido que está en la oposición casi siempre ha ganado las elecciones legislativas de medio tiempo, que se hacen a mitad del periodo presidencial de cuatro años. Solo en tres ocasiones no ha ocurrido así: en 1934, 1998 y 2002.

     De manera que se esperaba, y las encuestas lo auguraban, que en las elecciones legislativas del recién pasado martes 8 de noviembre ocurriera lo mismo. Hasta se habló de que el partido Republicano —que está actualmente en la oposición— ganaría por abrumadora mayoría. Pero no fue así.

Los republicanos tienen chance de alcanzar la mayoría en la Cámara de Representantes, pero la de Senadores podría seguir controlada por los demócratas. Eso dependerá de los votos que quedan por contar y de los resultados de las elecciones que se tendrán que repetir en algunos estados.

Pero más allá de eso, y de los temas muy controversiales y divisorios de la opinión pública que han estado en el debate electoral, lo que destaca por encima de todo es la funcionalidad, robustez y permanencia de la democracia estadounidense.

A menudo se ha hablado de que el sistema democrático de EE. UU. se debate en una crisis existencial. Esa idea aumentó en los últimos tiempos, debido al crecimiento de los movimientos antisistema dentro del país —incluyendo al del expresidente Donald Trump— así como por la proliferación de gobiernos extranjeros hostiles al sistema democrático estadounidense.

Pero lo cierto es que la democracia de EE. UU. más bien se ha fortalecido. Al respecto el presidente Joe Biden dijo después de las votaciones del martes 8 de noviembre que ese había sido “un buen día para la democracia y para Estados Unidos… Nuestra democracia    —aseguró el primer mandatario norteamericano— ha sido puesta a prueba en los últimos años, pero con sus votos el pueblo estadounidense ha hablado y ha demostrado una vez más que la democracia es lo que somos”.

La democracia de EE. UU. no es perfecta, nunca lo ha sido. Como todas las democracias, la de EE. UU. tiene defectos e insuficiencias que deben ser reconocidos y resueltos. Pero funciona y es el mejor sistema de gobierno posible,  mientras no se invente otro mejor.

Gracias a la democracia en EE. UU. hay plena libertad de expresión y de prensa, elecciones libres y cambios de autoridades frecuentes, rendición de cuentas de las autoridades, Estado de derecho, justicia independiente y libertad de empresa. Y allí no meten en la cárcel a ciudadanos opositores cívicos y pacíficos y menos a quienes aspiran a ser el presidente de su país.

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