Municipalidades y elecciones como en Cuba y Corea del Norte

El partido de gobierno, FSLN, se adjudicó todas las alcaldías de Nicaragua en las votaciones municipales del domingo 6 de noviembre.

Se las apropió sin respaldo popular, pues según el organismo independiente de observación electoral, Urnas Abiertas, hubo una raquítica participación del 17.33 por ciento y una enorme abstención de 82.67 por ciento. Por su parte el Consejo Supremo Electoral del régimen dijo que la participación fue de 57.09 por ciento y la abstención de 42.09 por ciento.

Sobre el acaparamiento de todas las alcaldías del país por parte del FSLN, LA PRENSA dijo en uno de sus titulares principales del martes 8 de noviembre: “Nicaragua se acerca más a un sistema de partido único como Cuba”. Y en otro presentó la interrogante: “¿Qué falta para que Ortega cumpla su viejo anhelo de instaurar un partido único en Nicaragua?

Ciertamente, tal ha sido la aspiración y el objetivo de Daniel Ortega desde que irrumpió en la política nicaragüense como miembro del FSLN, en los primeros años de la década del sesenta del siglo pasado. Es cierto que teniendo el poder en sus manos, durante muchos años permitió la existencia de diversos partidos y el pluralismo político. Pero eso  fue porque no tenía más remedio que aceptarlos contra su gusto y voluntad.

El mismo Ortega lo ha dicho repetidamente. Para citarlo solo una vez, el 22 de abril de 2009 en una comparecencia en el programa Mesa Redonda de la Televisión Cubana, dijo lo siguiente: “En Cuba hay democracia, y una democracia que no divide al pueblo, porque en las democracias que nos han impuesto a nosotros, desde el momento que se propician partidos, se está propiciando la división de los pueblos… El pluripartidismo no es más que una manera de desintegrar a la nación. Ese es el pluripartidismo, desintegrar a la nación, dividir a la nación, dividir a nuestros pueblos”.

Esa es la doctrina del comunismo o marxismo-leninismo histórico, que después de conquistar el poder impone una dictadura férrea y no admite diversidad de partidos ni pluralismo político. No tolera oposición ni competencia política cívica en elecciones libres, ni alternabilidad en el ejercicio del poder. En fin, es enemigo de todas las cualidades y virtudes de la democracia.

A pesar de eso, en Cuba y otros países de regímenes totalitarios llaman democracia a sus dictaduras. Inclusive, Corea del Norte se hace llamar oficialmente República Popular Democrática de Corea.

Lo absurdo es que políticos de Europa que son democráticos —como la excanciller de la Unión Europea, Federica Mogherini— digan que en Cuba hay una “democracia de partido único”. Y el colmo es que algunos teóricos políticos no comunistas llamen “democracia sin partidos” a sistemas como el cubano y el norcoreano.

La democracia gubernamental, por su propia naturaleza tiende a la descentralización del poder para tener más eficacia en el servicio público. Por eso  las municipalidades son autónomas y los alcaldes y concejales son elegidos de listas presentadas por distintos partidos políticos, pero no responden a estos sino a la población del municipio.

En cambio, en Cuba solo existe el Partido Comunista, no se permite a ningún otro y se reprime a quienes pretendan organizarlo. Y las corporaciones municipales son como  agencias o sucursales de empresas privadas, solo ejecutan las directrices que les llegan del centro operativo.

Al respecto el municipalista cubano, Arnaldo Cruz, ha dicho con franqueza en un estudio sobre Cuba, que en este país “el municipio tiene por debajo la presión de la gente necesitada y por arriba una política que no puede cambiar”.

Hacia una situación como esa —y otras peores—, viene llevando Ortega a Nicaragua desde que decidió radicalizar su revolución a raíz de la crisis sociopolítica que estalló en abril de 2018.

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