Para comprender el giro dado por Jonathan Loáisiga para rescatar una campaña que tuvo un inició de pesadilla, habría que tomar en cuenta que a la altura del pasado 17 de abril andaba en 8.44 en su efectividad. Y lo peor de la situación llegaría el 22 de mayo, al conocerse que su hombro estaba afectado y tuvo que ir a la lista de lesionados por los siguientes 53 días.
Por eso cuando me preguntan cómo calificar su actuación este año, mi respuesta es que se podía hablar de dos campañas en una. Una primera mitad en la que se unieron lesiones e inconsistencias y dejaron sus registros en 1-2 y 7.85, y una segunda parte, en la que el nica sacó la temporada de las brasas y ha acumulado 1-1 y 1.82 desde el Juego de Estrellas.
Es claro, que un récord global de 2-3 y 4.13 a lo largo de 48 episodios, indica que las cosas debieron estar mejor. Después de brillar con 9-4 y 2.17 en 70.2 innings en el 2021, el nivel de expectativas con Loáisiga era elevado. Sin embargo, el asunto de la lesión que lo afectó desde el inicio, es un factor que no puede controlar el atleta y eso demanda largo reposo.
No obstante, el Jonathan que está cerrando este 2022, no se parece en nada al que arrancó el año. Ha recuperado la confianza del equipo en sus habilidades, pero sobre todo la suya, que es la esencial para ensayar un vuelco como el que ha dado a su desempeño, al extremo de ser de nuevo, una de las cartas más valiosas en el bullpen del conjunto de Nueva York.
Para un lanzador como Loáisiga, que trabaja en situaciones extremas, una actuación floja tiene repercusiones severas. El esfuerzo de un equipo a lo largo del camino se puede ir a la basura en un inning. Y las estadísticas sufren cambios drásticos. Antes del 17 de abril, tenía 2.08 en cuatro salidas. Vino Baltimore y le hizo cuatro carreras en un episodio y saltó 8.44.
Así que además de ir a la lista de lesionados para ser atendido, pasar luego por un proceso de rehabilitación en las Menores y volver a las Mayores en un juego en línea, como lo hizo el 14 de julio en su retorno ante los Rojos, cuando fue agredido con tres carreras en dos tercios de inning, implica un enorme estrés, mucha dedicación y ajustes que se deben hacer.
Esa noche ante los Rojos (14 de julio) Loáisiga se mostró sano del hombro, pero urgido de ajustes en sus envíos. Los disparos no estaban siendo obedientes y algunos comentaristas en Nueva York dijeron que ya no era el mismo del año pasado. Incluso Jonathan llegó a pensarlo también. Sin embargo, en lugar de rendirse trabajó más duro y ahí está de vuelta.
Desde el 21 de julio, cuando se puso en marcha la segunda mitad de la temporada, el nica tiene récord de 1-1 y 1.82 en 29.2 innings, un cambio drástico respecto al 1-2 y 7.85 en 18.1 episodios de la primera parte. Y el 8.44, ha bajado hasta el actual 4.13, ahora en 48 entradas de trabajo, con 43 hits, 22 carreras limpias, 37 ponches y 19 bases por bolas.
Ahora viene la postemporada, donde Loáisiga también tiene que mejorar sus cifras. En los playoffs muestra 0-0 y 7.94 en 5.2 innings a lo largo de siete juegos. Y por la forma como ha cerrado la temporada, es muy probable que eso suceda. El Jonathan de ahora esta más experimentado y maduro, solo así se podía sacar de las brasas y salvar esta temporada.