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Una carrera administrada con buen juicio, aunque a veces con poca fortuna, ha alcanzado ahora en su mayoría de edad, uno de sus picos más altos. Erasmo Ramírez, nombrado este domingo lanzador del año en los Nacionales de Washington, está concluyendo una de las etapas más admirables de su ejemplar trayectoria iniciada hace una década en las Mayores.
Este tirador, galardonado en el último partido en casa de los Nacionales, es el mismo que inició este año sin equipo y que parecía a la deriva frente a un abismo de incertidumbres. Y que antes de su aterrizaje en Washington en abril, había pasado por cuatro clubes en los pasados cuatro años, mientras sus acciones se venían a pique y las puertas parecían cerrársele cada día.
Pero en cambio, está terminando la campaña con balance de 4-2 y 3.02 en 83.1 innings, con 77 hits, 28 carreras limpias, 11 jonrones, 58 ponches y 14 bases, más un salvamento y cinco juegos sostenidos (holds). Ha sido un éxito total por donde se vea. Es más, solo su labor en 2015 con Tampa Bay, cuando tuvo marca de 11-6 y 3.75 en 163.1 innings, ha sido mejor.
En aquella ocasión con los Rays (2015), Ramírez tuvo 1.8 de WAR, que es la estadística global para evaluar el aporte total de un atleta en beneficio de su equipo (victoria sobre un reemplazo). Ahora tiene 1.3, con lo cual la actual temporada, es la segunda más destacada de su carrera iniciada en 2012 con Seattle, cuando apenas tenía 22 años, diez menos.
Sin embargo, lo verdaderamente admirable es todo lo que Erasmo hizo para llegar a este momento. Quizá habría que ir al principio, cuando se le miraba muy pequeño, porque por lo general tiende a creerse que el éxito es patrimonio solo de los vigorosos. Pero Ramírez no se detuvo en eso, luchó por una oportunidad y luego comenzó a crecer en las Menores.
Y cuando logró llegar a las Ligas Mayores, en un salto contra pronósticos porque nunca se le consideró un prospecto, debió batallar con una hilera de lesiones y también problemas de ejecución que lo llevaban a ser inconsistente. Y así pasó de Seattle a Tampa, y luego volvió a Seattle, antes de pasar por Boston, Mets y Detroit, quien lo dejó libre en agosto del 2021.
Y después de registrar 1-1 y 5.74 en 26.1 innings para los Tigres el año pasado, su carrera parecía haber llegado a su final, al menos eso creyeron muchos, menos el propio Erasmo, quien se puso a trabajar con más intensidad y determinación y ahora recoge los frutos del esfuerzo que lo llevó a convertirse en una luz en medio de un año difuso en Washington.
Además de trabajar en su acondicionamiento físico durante todo el receso de la temporada, Erasmo también puso especial énfasis en el rediseño de su repertorio: dejó de usar su recta de cuatro costuras, su slider y su curva, y se concentró en el sinker como su arma principal con la recta cortada (cutter) como su más valioso disparo secundario y afinó su puntería.
Ahora Erasmo nos ha dado una gran lección, de que nunca hay que rendirse y que aunque las Grandes Ligas parecen siempre un horizonte fascinante, pero inalcanzable, sí se puede llegar ahí, y que te podés caer, pero siempre hay que levantarse, justo como lo ha hecho él y ahora recibe los homenajes, los que seguro se extenderán a nuestro país también.
Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR
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