Luis Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro se medirán este domingo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, en las que el izquierdista es favorito, según los sondeos que el mandatario ultraderechista se empeña en desacreditar.
A dos días de la disputa más polarizada en décadas en la mayor economía de América Latina, el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva mantiene una ventaja de 14 puntos sobre el presidente Bolsonaro y podría vencer en primera vuelta, según la última encuesta del Instituto Datafolha.
Lula, el «ave fénix»
Muchos lo enterraron políticamente cuando fue encarcelado por corrupción, pero Lula, ícono inoxidable de la izquierda de Brasil, busca un tercer mandato con la promesa de volver a aquellos días de progreso cuando posibilitó que millones de personas salieran de la pobreza.
Luiz Inácio Lula da Silva, autodefinido «joven de 76 años», resucitó cual ‘ave fénix’ en la política tras la anulación de su condena por la corte suprema. «Quiero probar que un metalúrgico (…) va a arreglar este país, y el pueblo va a volver a comer tres veces por día», prometió por estos días el exsindicalista salido de la pobreza en un mitin en Sao Paulo. «Haremos lo que ya hicimos».
Dos veces presidente entre 2003 y 2010, Lula dejó el poder con una popularidad de casi 90% tras una gestión en la que 30 millones de los más de 200 millones de brasileños salieron de la pobreza.
Y se granjeó un enorme prestigio internacional como piloto del «milagro» económico brasileño, empujado por los altos precios de las materias primas.

Aunque de ganar, no podrá contar con la misma bonanza: si bien la economía da señales de mejoría, con crecimiento, menos inflación y más empleo, está lejos de la prosperidad de los años 2000.
Séptimo hijo de un matrimonio analfabeto, Lula fue abandonado por su padre antes de que la familia emigrara, como millones de coterráneos, a la industrializada metrópoli de Sao Paulo. Fue vendedor ambulante y lustrabotas. A los 14 años inició su formación de tornero, perdió un meñique al manipular una máquina y al final de la década de 1970, como líder del sindicato de los metalúrgicos, lideró una histórica huelga que desafió a la dictadura militar (1964-1985).
Disputó las presidenciales de 1989, las primeras tras la democratización, y luego en 1994, 1998 y 2002, cuando resultó ganador y se convirtió en el primer jefe de Estado brasileño salido de la clase obrera.
Su trayectoria política se vio empañada por escándalos de corrupción. Fue reelegido pese al caso del «Mensalao», una millonaria contabilidad ilegal montada por el Partido de los Trabajadores (PT) -que cofundó en 1980- para comprar el apoyo de congresistas.
Terminó igualmente envuelto en la «Lava Jato», la mayor operación anticorrupción de la historia del país, enfocada en una gigantesca red de sobornos en torno a la petrolera paraestatal Petrobras.
Fue condenado en 2017 a nueve años y medio de prisión por la obtención de un apartamento de una constructora a cambio de contratos públicos, aunque siempre defendió su inocencia.
Estuvo 19 meses en prisión. En marzo de 2021 recuperó sus derechos políticos con la anulación de su sentencia por irregularidades procesales.
Lula ha monopolizado el liderazgo de la izquierda brasileña. De nueve elecciones en democracia, incluida la del domingo, solo se habrá ausentado de tres.
Adelantó que no aspirará a gobernar ocho años si gana. «Todo el mundo sabe que un ciudadano con 81 años no puede querer la reelección», indicó esta semana. «La naturaleza es implacable».
Jair Bolsonaro: el desafío de mantener viva la reelección
El presidente de Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro, termina la campaña electoral de cara a la primera vuelta del 2 de octubre con el desafío de mantener viva la expectativa de una reelección. Es excapitán del ejército nostálgico de la dictadura militar (1964-1985) y tiene 67 años.
Bolsonaro pasó de advertir, en el comienzo de la campaña, que un posible fraude podría estar gestándose -alegando sin pruebas fallas en el sistema electrónico de votación-, a enfocarse en atacar las encuestas.
El presidente ha planteado los comicios como una batalla entre «el bien y el mal».

Admirador del expresidente estadounidense Donald Trump, Bolsonaro sigue contando con el apoyo de buena parte de quienes le auparon en 2018: los influyentes ‘lobbies’ de las armas y el agronegocio y el vasto electorado evangélico.
Al mismo tiempo, ha intentado atraer a la población más vulnerable con nuevas ayudas sociales.
Su mandato ha estado marcado por las crisis, empezando por la pandemia del covid-19, que definió de «gripecita», al tiempo que criticó las vacunas, susceptibles de convertir a uno en «cocodrilo».
Tras oponerse a las medidas de prevención y a la campaña de vacunación, Bolsonaro aseguró no ser «culpable de nada», pese a que una comisión de investigación parlamentaria defendió su inculpación por «crímenes de lesa humanidad». A día de hoy, 685.000 personas murieron en Brasil por covid.
Con la misma actitud desafiante enfrentó las cerca de 140 solicitudes de juicio político presentadas en el Parlamento y la apertura de varias investigaciones en su contra en el Supremo Tribunal Federal, en particular por desinformación.
Plataformas como YouTube y Facebook también tomaron medidas contra el ultraderechista retirando algunos de sus videos con declaraciones falsas.
Desdeñando los medios tradicionales, Bolsonaro se comunica directamente con sus millones de suscriptores en las redes sociales.
Bolsonaro llegó al poder con un discurso anticorrupción, presentándose como un «outsider», aunque había sido diputado federal durante tres décadas.
Jair Messias Bolsonaro nació en 1955 en Glicério, un pequeño pueblo en el interior de Sao Paulo, en una familia de origen italiano. Aprendió a pescar y con su padre, Percy Geraldo Bolsonaro, ‘garimpeiro’ en la selva de Pará durante los años 1980, también a buscar oro.
Fue a la academia militar en Rio de Janeiro y entró a la vida castrense, salpicada de episodios de insubordinación.
En 27 años como diputado en Brasilia, fue autor de solo dos proyectos de ley que resultaron aprobados.
Este defensor de la familia que se define católico ha tenido cinco hijos de tres matrimonios.
Bolsonaro está muy unido a sus tres hijos mayores, todos funcionarios electos, actualmente investigados por sospechas de corrupción o difusión de informaciones falsas.
Después de sufrir un ataque con arma blanca en plena campaña electoral en 2018, Bolsonaro sufre problemas intestinales, posiblemente crónicos, que lo han llevado al hospital en varias ocasiones.