Todos los peloteros de mi generación crecimos y nos desarrollamos escuchando y viendo cómo Cuba era el verdadero rey en la pelota, sin incluir Grandes Ligas. Producía jugadores por docena, y el apoyo económico para el beisbol era una burbuja aparte de la realidad del país. Más allá de la situación política y social, Cuba le dio prioridad a ese deporte y lo convirtió en su principal producto para vender la marca país. Entendieron que la inversión tendría su recompensa y dominaron el mundo en todos los torneos de pelota. Hasta la actualidad Cuba vive de su glorioso pasado.
La Selección Nacional de Beisbol enfrentará otra vez el reto de buscar el boleto al Clásico Mundial de Beisbol y, leí que solamente por entrar a esa competición recibirá 300 mil dólares, una cifra que puede ayudar mucho a los jugadores y al menos, comenzar un proyecto a mediano plazo que cambie el destino del deporte rey de los últimos años. ¿Por qué no podemos ver el equipo nacional como una inversión?
A pesar de los esfuerzos individuales que se puede hacer de entusiastas o algunos directivos, es insuficiente. A nivel general no ha existido voluntad y capacidad de visión para convertir el beisbol en una inversión que de frutos a mediano y largo plazo. En las últimas décadas nuestra historia es cíclica, vamos solo a participar a los torneos grandes, si es que clasificamos, y luego esperamos que surja una generación excepcional de la nada que sorprenda a las demás selecciones.
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Cuando me hice cargo de la Selección Nacional recuerdo plantear un proyecto con los jóvenes talentosos y firmados por varios años, no fue bien visto. También hubo resistencia para prestar a los jugadores locales que eran parte de la Liga Profesional. En ese entonces el presidente de la liga no permitió que entrenaran con la selección mientras estaba paralelamente el campeonato. En otras palabras, le dieron prioridad a la Liga Profesional que a la clasificación al Clásico Mundial de Beisbol.
Había un problema de prioridades y de voluntad, porque una clasificación le daría realce al país y por ende también a la Liga Profesional puesto que los demás jugadores y organizaciones le pondrían ojo al torneo nicaragüense y mandarían a sus peloteros y la liga se haría más fuerte en el futuro, pero sentí que me vieron como un estorbo, que no hacía lo que ellos me decían. Había un ambiente hostil y hasta casi dejo el cargo, pero tenía un compromiso con la fanaticada.
No obstante, no solo era el problema de visión de esos dirigentes, muchos años antes planteé un proyecto con Enrique Gasteazoro que era sobre la Selección Nacional para desarrollarla e independizarla con patrocinios de la empresa privada y hacer giras al exterior por fogueos y estar en un nivel óptimo y a la altura de las potencias de ese momento, pero tampoco hubo apertura para hacerlo.
Es cierto que el pelotero nicaragüense es guerrero, sabe jugar y tiene la pelota en sus venas, pero se necesita romper el molde establecido que repite la historia para alcanzar resultados distintos. Empecemos a ver el beisbol como una inversión para que dejemos de vivir del pasado, sentar las bases del presente y disfrutar de un futuro prometedor.