Todavía tiembla el Estadio Cacique Diriangén. El corazón del fanático palpita aceleradamente, los tambores suenan, las gargantas gritan y los jugadores lloran. Diriamba ha eliminado en octavos de final al campeón de la Liga Concacaf tras empatar en el partido de vuelta 1-1 y ganar en el marcador global 2-1. Y sí, dije Diriamba porque el público soportó la lluvia, arriesgó su salud para cargar de combustible al equipo y alentarlos cuando la presión agobiaba y el destino podía descarrilarse. La noche de este martes ganó una ciudad, un departamento y un país. Un equipo prudente y paciente, mostrando lo esencial: el carácter cuando el partido lo pedía.
Quién teme al lobo no va al bosque dice Dostoievski y los diriambinos supieron ocultarle la luna llena al Comunicaciones de Guatemala. El brasileño Robinson da Silva abrió la puerta para consagrar la hazaña al minuto 7 tras un espectacular pase de Yhon Mosquera, una recepción exquisita y ejecución de “asesino del área” del sudamericano llenó de júbilo la caldera. El muchacho que evitó las drogas y la delincuencia y su cuerpo cubierto de tatuajes refleja esa vida compleja, tenía un propósito en su vida y era llenar de felicidad a los fanáticos nicaragüenses.
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Diriangén con frialdad supo controlar y cerrar espacios al Comunicaciones que hacía cortocircuito al no poder llegar libremente y con comodidad al área del arquero Justo Lorente. Faltó puntería para aprovechar aún más el primer tiempo, mientras el equipo guatemalteco se ahogaba en su desesperación por correr antes de caminar.
En el inicio de la segunda parte dos errores continuos culminaron en el primer gol del rival. Kevin López condujo, siguió Stheven Robles con un pase filtrado a Oscar Santis, quien aprovechó el despiste defensivo del nicaragüense Francisco Flores para ganarle la posición. En ese momento Justo Lorente, arquero del Diriangén no terminó de decidirse y dudó. Salió para achicar, pero más bien le dejó la casa sola a Santis para anotar. A partir de ahí se creía que sería un infierno para el Diriangén.
No obstante, lo fue por un momento en el cual Lorente se hizo notar, pero llegó el apagón al 77’ y enfrió el desafío. Después de la reanudación Diriangén no se refugió en sus cuerdas como un boxeador al borde del nocaut, sino que mantuvo sus arañazos ofensivos teniendo el gol en dos ocasiones Alexander Zúñiga y Taufic Guarch al final, pero el arquero Kevin Moscoso tapó. Pitó el árbitro, la gesta estaba consumada, no hubo lobo ni bosque, sino un cacique.