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Dictadura no quiere perder los dólares del imperio “ni un tantito así, nada”

El pasado 19 de julio Ortega volvió a realizar teatro político, con luces de colores, actores de reparto y tarima enflorada para la ocasión. El dictador de la tercera edad se puso el disfraz de revolucionario y saltó a la plataforma nocturnal a repetir el viejo discurso antimperialista y sus acostumbradas lecciones alteradas de historia, que son el deleite de su robusto 18 por ciento de seguidores.

“¿Qué diálogo puede haber con el diablo?, como dice el Che: a los yankis, al imperialismo no se le puede creer ni un tantito así porque te acaba”, dijo Ortega en su arenga de 40 minutos con motivo del acto del 43/19.

La llamada de Rosario

A como suele pasar todos los 20 de julio y soy testigo de ello, puedo casi imaginar a la vicepresidente Murillo llamando a su embajador en Washington en horas muy tempranas, para inquirir y solicitar de forma casi angustiosa un informe sucinto de las reacciones del “odiado imperio” sobre el último discurso del comandante. Esto es solo una pequeña muestra de la relevancia cotidiana que suele darse a la relación con Estados Unidos.

Es cuestión de dólar verde y no de dogma rojinegro. No es un asunto de romanticismo ideológico, es simplemente pragmatismo puro, ya que un tercio de las importaciones y casi el 60 por ciento de las exportaciones de Nicaragua dependen de la relación con Estados Unidos. Estamos hablando que, según informes de la dictadura, en el año 2020 se exportó 3,500 millones de dólares en productos a Estados Unidos, mientras que a Rusia y China solo se exportó 12 y 19 millones respectivamente. Eso sin incluir los 2,146 millones de dólares en remesas captadas en 2021, cerca del 70 por ciento de estos envíos provino de Norteamérica.

Por favor jamás dejemos sin embajador a Washington. A diferencia de la relación con Rusia, Cuba o Venezuela, donde los embajadores se cambian como pampers sucios y debido a las mismas razones, la relación con Estados Unidos es sacrosanta, pura, inmarcesible e intocable. El embajador de Nicaragua en Washington, conocido en esta ciudad como el decano de los diplomáticos del hemisferio occidental (cumplió este mes 12 años en el cargo), ha presentado su renuncia a Ortega y también a Rosario, en al menos 3 ocasiones, sin embargo, esta no ha sido aceptada.

Diálogo infructuoso, pero imprescindible

Entre febrero y marzo de este año la dictadura abrió un activo y discreto canal de acercamientos con Estados Unidos. Para demostrar que la cosa iba en serio, la voz cantante en estos flirteos diplomáticos la llevó el tenor y número 3 de la familia, el asesor presidencial Laureano Ortega. Aunque la plática se suspendió antes de haber comenzado formalmente, por un cambio de seña súbito, la movida de Ortega lo dejó al desnudo y demostró que, pese a lo que dijo en el show del 43/19, la dictadura cuida celosamente su relación con Estados Unidos, tiene pánico a las sanciones al Cafta y no quiere perder los dólares del imperio “ni un tantito así, nada”.

El autor fue embajador de Nicaragua ante la OEA

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