No todo es falso, falta la verdad

En memoria de doña Ángela Rojas Escoto, leonesa.

Recién he leído una reproducción que un amigo obtuvo de LA PRENSA sobre la fundación de León y Granada.  Se trata de un artículo con acento rotundo y presuntuoso: “Solo Granada cumplirá cinco siglos en 2024”.  El autor, Jorge Eduardo Arellano, a quien conozco por su ego pero también por su inobjetable entrega a la investigación histórica y de una variedad de temas. Para mí es un escritor notable y dinámico, pero a veces controversial. Confieso que por ser un granadino (no quisiera que mi localismo juegue en esto) guardo para él alguna suspicacia. En tiempos en que yo trabajé en el Banco Central, él tenía en la Biblioteca un cubículo para que allí se dedicara a sus propios asuntos de investigación. 

En esta exposición Arellano plantea prácticamente una revisión histórica fundamental que conduciría a que se revisara la historia de Nicaragua. Y para eso, al menos todos los que escriben la historia de Nicaragua debieran ponerse de acuerdo, al menos en lo elemental, ya que mientras Arellano asegura que el año de fundación fue 1524, Julio Valle-Castillo apunta que fue en 1523.  Por lo tanto, no importa si fue 23 o 24, lo cierto es que ambas ciudades deben celebrar el mismo año y a la vez el quinto centenario de su existencia. Son contradicciones que no ayudan a la confianza en los relatos históricos, sea por sorpresas, localismos, arrogancia o errores. Por lo que a mí respecta, no puedo admitir jamás que la ciudad de León tenga 414 años de fundada, anuncio hecho por Arellano con ardor maniqueo. 

 Por otro lado, con la intención de minimizar, Arellano resalta que León era menos poblaba que Granada, olvidando que ambas ciudades tenían sus propias competencias: León estaba habitada en buena parte por artesanos, agricultores, religiosos y  burócratas de la Corona por ser la capital de la provincia; en cambio, Granada por ser un puerto con conexiones marítimas, el comercio era pujante, mucha mano de obra, comerciantes y sus bulliciosas actividades portuarias atraían tanta gente, de toda ralea y condición, desde aventureros hasta piratas del Caribe y más allá. Y por si no fuera suficiente, Arellano comenta que los dignatarios leoneses residían en Granada, cuando la verdad es que los continuos temblores, retumbos y cenizas del Momotombo los obligaron a trasladar a sus familias de León, lugar de su residencia, a Granada, como también tuvieron que trasladarse posteriormente a la vecindad indígena de Sutiaba por causa de un terremoto y sus réplicas. De esta suerte, León Viejo, a diferencia de Granada, sufrió de agobiante pobreza e insalubridad, un impedimento para su más completo desarrollo material y humano. Puede que de tal situación haya resultado el carácter austero del leonés y el modo fachendoso del granadino. 

Que Granada fue fundada la primera se entiende muy bien toda vez que los españoles llegaron por el sur, después de fundar Bruselas en Costa Rica, y la diferencia de fechas es solo por la distancia para ir de Granada a León Viejo, o mejor de Xalteva a Imabite, aldeas indígenas. Además, para mí, la actual ciudad de León es la misma que, como entidad (no es algo material como parcela o casa), Francisco Hernández de Córdoba fundó en 1523, según Valle-Castillo, en la vecindad chorotega de Imabite, a orillas del lago Xolotlán (laguna Ayagualo o de León) y al pie del volcán Momotombo (Mamea), la que por terremotos y erupciones del volcán fue trasladada en 1610 a la vecindad de Sutiaba, distante a una legua de su nuevo emplazamiento, traslado que se efectuó, sin solución de continuidad, con sus fueros, archivos, foros, sellos, escudos, estandartes, armas, todos esos distintivos correspondientes al gobierno de la capital de la Provincia de Nicaragua. 

 Tal traslado, que fue solo eso, no invalida el nombre de su fundador ni la verdadera fecha de su fundación, que en su sitio original guardó los despojos del capitán Francisco Hernández de Córdoba, también su primer alcalde. La ciudad de León fue el asiento de la gobernación de la provincia con Pedrarias como primer Gobernador. Los restos mortales del alcalde y de su ejecutor, el Gobernador, fueron trasladados con posterioridad a la iglesia de La Merced y luego al Memorial de los Fundadores, en la ciudad de León. Dicho todo esto, sostengo que por lógica ambas ciudades están alcanzando sus 500 años de vida desde su asiento original. No solamente Granada, como opina Arellano.

Un caso similar de traslado de una ciudad a otra ubicación menos expuesta a la furia volcánica, es el cambio de lugar de la ciudad fundada por don Pedro de Alvarado, que solo para diferenciarlas, ya que ambas existen y que actualmente se conocen, una como Antigua Guatemala y la otra como Ciudad de Guatemala. Nadie puede poner en duda que su fundador fue don Pedro, a partir de la fecha en que se colocó la primera piedra en lo que es hoy la Antigua en 1524.  Y algo además parecido es la ciudad de Panamá, cuyo asentamiento original tuvo que ser trasladado al sitio actual por circunstancias fortuitas, y no por eso la fecha de su fundación y el nombre de su fundador dejarán de serlo o deberán ser alterados.

Arellano en vez de vanagloriarse él mismo como buen granadino, habría sido mejor que reseñara los títulos y distinciones que la ciudad de León ha recibido a lo largo de su historia.  Menciono algunos de ellos:

—Llamada la Muy Noble Ciudad de León y Ciudad de Santiago de los Caballeros de León.

—Ciudad capital de la provincia de Nicaragua, dependiente de la Capitanía General de Guatemala hasta 1821.

—Ciudad capital de la República de Nicaragua a partir de la Independencia, 1821 a 1852.  En adelante fue capital ocasional a causa de los pleitos entre “timbucos” y “calandracas”, a cual más crueles y desalmados.

—Los españoles llamaron a Nicaragua y León su capital, “el paraíso de Mahoma”

—En el antiguo León se construyó la primera catedral de la colonia, muy pobre por cierto, con el nombre de Nuestra Señora de la Piedad

—La actual Catedral de León, la sexta, inició su construcción en 1747 y se completó en 1825, como la última de las catedrales de América, de estilo barroco-neoclásico y hermosa joya arquitectónica, concebida, financiada y fabricada por el pueblo leonés, con escasa ayuda de la Corona, llamada por algunos “Insigne y Real Basílica Catedral de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María”. Su arquitecto insigne fue el mestizo guatemalteco Diego de Porres.

—En el patio del Príncipe de la Catedral de León se encuentra la campana “San Antonio” que anunció en 1821 la Independencia de Centroamérica.

—La Catedral de León guarda los restos de Rubén Darío, Salomón de la Selva, Alfonso Cortés, José de la Cruz Mena, y además muchos otros personajes ilustres, que con su talento añadieron brillo a la ciudad. 

—El Obispado de León fue la sede de las Diócesis del sur de Honduras, Nicaragua y Costa Rica hasta 1850.

—La ciudad de la que se dice: “Semana Santa en León y Corpus en Guatemala”, con sus dieciocho iglesias, conventos, claustros y colegios.

—La Universidad, heredera del Colegio San Ramón, fue fundada por las Cortes de Cádiz en 1812, convirtiendo a la ciudad de León en una ciudad ilustrada, liberal y conservadora a la vez, cuna de las mentes más preclaras de Nicaragua y de revoluciones y cuartelazos con mucha pena y poca gloria.

—La Universidad de León ha sido el Alma Mater de la ciencia y la cultura para los países centroamericanos, especialmente para Costa Rica al formar allí a una pléyade de sus próceres, religiosos, educadores e intelectuales.

—La ciudad de León cuenta desde 1884 con su Teatro Municipal, el primero de Nicaragua. Hoy lleva por nombre “José de la Cruz Mena”, el músico de los valses.

—La ciudad de León, la de las historias de piratas enardecidos por la degollina y de los esclavos e indios levantiscos por el maltrato de los encomenderos; de los filibusteros e inmigrantes; de los cuentos de aparecidos como Arrechavala y curas sin cabeza; la de serenatas y escapadas al río Chiquito y el Pochote o las correrías por las empedradas calles del barrio del Laborío (de labor, trabajo); la  de Castigo Divino y la del grito “Viva León, jodido”.

—La Catedral de León fue declarada Patrimonio Histórico y Artístico Nacional en 1983 y en 2012 fue nombrada por la Unesco, Patrimonio Cultural de la Humanidad.

—Las ruinas de León Viejo fueron declaradas por ley Patrimonio Histórico Cultural de la Nación en 2001, gracias a las gestiones del doctor Carlos Tünnermann Bernheim. Las ruinas fueron descubiertas en 1931 por don Luis Cuadra Cea.  

—La ciudad de León “no la hicieron perder en nada su calidad de ciudad cabecera, ciudad capital de la provincia y de la república, ciudad catedral, ciudad cátedra, es decir, ciudad universitaria de nuestra nación”: Palabras del doctor Ernesto Medina Sandino, rector de la UNAN León, para la presentación del libro ilustrado de Julio Valle-Castillo.

—La ciudad de León a la que Rubén Darío aludiera en Retorno: “Y León es hoy a mí como Roma o París”.

Todo esto constituye mi orgullo que lo declaro sin ambages y sin menoscabo de nadie, mucho menos de la Gran Sultana granadina que, a como tiene su lago y su volcán, también tiene sus claros y sus oscuros. 

El autor es economista.

Opinión Granada Jorge Eduardo Arellano León archivo

COMENTARIOS

  1. Hace 4 años

    que hay de las ruinas de veracruz? Dario: como Roma por la barbarie, como Paris por la cloaca mayor que atraviesa el pueblo

  2. Hace 4 años

    Brillante su despejos de vicisitudes y puntos de vistas divergentes de nuestra Nicaraguanidad. Muy acertado su descripción de los egos que han inducido a nuestros estudiosos, al anteponer sus creencias y estereotipos, a la realidad históricas de las ciudades de Granada y Leon. Creo que ante nuestra vista y análisis de esta polémica, se ha abierto un agujero psicoanalítico de un ego colectivo que no nos deja tener un horizonte constructivo y nos tiene anclado en la disolución del estado de derecho en el cual estamos sumergidos. Es urgente despejar mas el tiempo perdido.

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