Se sabe que el poeta latino clásico, Ovidio, es autor de obras famosas como, por ejemplo, Metamorfosis y El arte de Amar, entre otras.
Ovidio escribió también Las Heroidas, una colección de cartas de amor en forma de poemas que mujeres célebres (y algunos hombres) de la mitología y la literatura, supuestamente enviaron a las personas amadas. Una de ellas es la de Aconcio a Cidipe.
Cidipe es una hermosa muchacha perteneciente a la nobleza de Atenas que va la ciudad de Delos para hacer sacrificios en el templo de Artemisa. Esta es hermana gemela de Apolo y diosa protectora de las doncellas, de la virginidad femenina y de la fertilidad de la tierra. Es la que trae y alivia las enfermedades propias de las mujeres y protege las bodas y los nacimientos.
Está Cidipe en el interior del templo haciendo sus sacrificios a Artemisa, cuando entra un joven llamado Aconcio, originario de Ceos, quien se prenda de la hermosa muchacha.
Pregunta Aconcio por el nombre de la doncella, se lo dicen y averigua también que es de Atenas. Aconcio se dice a sí mismo que Cidipe tiene que ser su esposa, pero eso parece imposible porque él es de origen humilde y ella noble y rica. Pero Aconcio cree que el amor lo puede todo y urde una estratagema para conseguir su propósito.
Escribe en una manzana la frase “Juro que me casaré con Aconcio” y la echa a rodar hacia los pies de Cidipe. La muchacha toma en sus manos la manzana e ingenuamente lee en voz alta lo que en ella está escrito. Entonces el joven se le presentó y le dice que él es Aconcio, aquel con quien ella ha jurado casarse. Pero a Cidipe aquello solo le causa gracia.
Cidipe regresa a Atenas y Aconcio la sigue furtivamente. El padre de Cidipe concerta el matrimonio de la doncella con un rico ateniense, pero cuando se va a celebrar la boda, la joven contrae una rara enfermedad que los médicos no pueden diagnosticar. Y cada vez que se intenta realizar el matrimonio, la muchacha se enferma y no puede casarse.
Los médicos no entienden por qué ocurre eso y aconsejan al padre de Cidipe que vaya a Delfos y consulte al oráculo de Apolo para saber la razón de aquellas enfermedades misteriosas.
El padre de Cidipe va a Delfos, consulta al oráculo y este le dice que las enfermedades de Cidipe las manda Artemisa, porque su hija trata de violar el juramento que hizo en su templo.
De vuelta a Atenas el progenitor de Cidipe le cuenta lo que ha dicho el oráculo. Solo entonces ella recuerda el incidente de la manzana en el templo de Artemisa, y lo que había dicho en voz alta leyendo lo que estaba escrito en la fruta.
Averigua el padre de Cidipe quién es aquel Aconcio y no tiene dificultad para encontrarlo, pues el joven se ha radicado en Atenas.
Cidipe y Aconcio se unen en matrimonio y en memoria del juramento que sin querer hiciera la hermosa muchacha en el templo de Artemisa, él da a hacer una manzana de oro con la inscripción del juramento de Cidipe.
Y dice Ovidio en Las Heroidas que Concio canta en su carta amorosa a Cidipe:
“Ante su imagen la manzana de oro
pondré, en memoria y en honor de aquella
que fué mi empleo y todo mi tesoro.
La causa y el intento de ponella
será en estos tres versos declarada
a los devotos que quisieren vella:
Con la manzana de oro aquí colgada,
afirma Aconcio que lo en ella escrito
se confirmó y cumplió sin faltar nada.
Y porque más no aflija al cuerpo afligido
mi carta, antes le alivie y le regale,
ceso, no prosiguiendo en infinito.
Adiós, Cidipe, mi Cidipe. Vale”.