Roniel Raudes llegó al Spring Training esta temporada con todas las ganas de recuperar el tiempo perdido de los últimos cuatro años, en los cuales sufrió muchas complicaciones: enfermedades, cirugías y lesiones. A pesar de no haber soltado un solo picheo con su organización desde 2018, los Medias Rojas de Boston continuaban confiando en su potencial, visto desde la firma en 2014, la cual alcanzó los 250 mil dólares, según Baseball América. No obstante, no pudo soltar el brazo porque nuevamente una enfermedad tocó su puerta y, meses más tarde, el equipo decidía dejarlo en libertad.
El día en que cumplía ocho años firmado por la organización recibió la noticia que era dado de baja de Boston. “Casi cuatro años sin lanzar y sin jugar con el equipo no ha sido fácil y lo entiendo. Ningún equipo hubiese aguantado tanto y le agradezco a Boston por aguantarme. Estaba entrenando fuerte y me sentía mejor. Son cosas de la vida y gracias a Dios recibí una oferta con el York Revolution, que es una Liga Independiente y compartiré equipo con Elmer Reyes”, indicó Raudes.
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El muchacho de Granada no solo pasó por una operación Tommy John, sino que también batalló con una bacteria en su estómago, luego vino la pandemia y también sufrió depresión y ansiedad. “Llegué al Spring Training este año y desde el primer día me dio ansiedad y depresión, era una cosa fea, una crisis nerviosa. No quería estar ahí, era algo mental, una crisis horrible y el equipo me dijo que si quería volver a Nicaragua o irme donde un tío en Atlanta. Decidí quedarme en Atlanta y me asignaron a un cardiólogo y un psicólogo. Pasé con tratamiento para la ansiedad y depresión. Nunca abandoné el gimnasio. Boston tuvo la cortesía de esperar que estuviera bien para darme de baja y se los agradezco. Ellos me explicaron que tenía futuro, pero que entendiera que esto es un negocio. Ahora tengo sensaciones nuevas, el jueves me iré a integrar al nuevo equipo y mi brazo está sano. Espero recibir otra oportunidad”, agregó.
Raudes admite que su velocidad no es igual a la de años atrás, pero siente fortaleza en su brazo, al punto de llegar a estar arriba de 90 millas. “Siempre a mitad de liga subo de velocidad, he madurado y todo esto que me ha pasado ha sido una experiencia para crecer de la forma más dura posible”, concluyó el muchacho de 24 años, confiado en recobrar el camino que perdió por culpa del infortunio.