Recuerdo que tenía 15 años cuando una selección nicaragüense representó al país por última vez en un Campeonato Mundial de Pequeñas Ligas. 52 años después tengo la suerte presenciar otra hazaña de los niños. Ver esa felicidad, esa inocencia y combatividad de los infantes demuestra la importancia por la que cada nicaragüense debe seguir en pie, en la lucha por un buen porvenir. Y no se trata de una cuestión política, sino humana. Esas pequeñas estrellas merecen como los demás niños del terruño crecer entre oportunidades, estabilidad, seguridad, educación de calidad, armonía y paz real. Ellos son capaces de unir al país en tiempos de crisis. Además, me cuenta Julio Montenegro, de quien estoy muy agradecido, que el equipo 14 de Septiembre fue reforzado con niños de la Liga Dennis Martínez, la cual posee 28 años de existencia. Es un honor conocer tan importante detalle.
La cobardía del poder
Semanas atrás me mostraron una foto en donde personas importantes en el círculo de poder en la política nicaragüense le daban la bienvenida a las monjas de la orden Misioneras de la Caridad, fundada por la Madre Teresa de Calcuta. También me he fijado con mucha atención que en los discursos de la izquierda en Nicaragua se habla de cristianismo, tratan de promulgar la vinculación de los gobernantes con la religión, la cercanía con Dios y que en el país hay un partido “bendecido”. No obstante, hay mucha diferencia entre el discurso y la realidad. ¿Qué daño podían hacer unas monjas que se dedicaban a cuidar y alimentar a ancianos sin hogar y a niños sin recursos económicos? Me dolió como católico y como ser humano ver esas imágenes cuando las monjitas eran expulsadas de nuestra nación, ¿será que hay otro tipo de cristianismo en el cual se oprime al prójimo y se asesinan las esperanzas? La única explicación que encuentro es la cobardía del poder.
Venganza y miedo
Me asustó que la frontera con Costa Rica en Peñas Blancas se cerrara, militarizara y llenara de policías porque congresistas de diferentes países de izquierda y que abogan por los derechos humanos querían entrar a Nicaragua. Eso demuestra sin duda el miedo a que la gente se levante otra vez y que personas de otros países vean en primera persona las barbaridades cometidas en los últimos años. Por otro lado, los poseedores de los resortes de poder en la nación siguen descargando una venganza visceral contra los presos políticos, convirtiéndose en todo lo que no deseaban ser cuando derrocaron a Somoza. Si de algo todos los nicaragüenses debemos estar tranquilos es del papel de la justicia, a veces tarda, pero siempre llega, la historia respalda esa afirmación.