La culpa es una emoción muy común en el ser humano. A pesar de que es normal sentirnos culpables, se trata de una sensación inútil y desgastadora que se queda rumiando en nuestra mente. Esta emoción es una necesidad del ego, de sentirse necesario y de ser responsable de todo.
Los tipos de culpa más comunes son aquellos por algo que hicimos, dijimos o dejamos de hacer. Generalmente los padres son aquellos que experimentan más culpa en relación con los hijos. También se suele sentir esta emoción cuando otras personas están pasando por un mal momento.
El sentido de culpa no soluciona nada para quien la siente ni para la otra persona, por tanto, es una emoción que necesita ser liberada. Algunas pautas que podrían ayudarte son:
1- Acepta lo que hiciste. Tomar consciencia de que hicimos lo mejor que pudimos con los recursos emocionales que teníamos en ese momento nos ayuda a sentirnos más libres. La libertad no es ausencia de responsabilidad de lo que hicimos. La idea es aprender de los errores y soltar el remordimiento que cargamos.
2- Sé compasivo con tu ser, perdónate.Tu culpa es una autoacusación que te hunde. Sé amable contigo mismo y no olvides que, así como te culpas, luego culpas a otros. A como es adentro es afuera.
3- Trabaja en tu autoestima. La culpa es una visión crítica hacia tu persona. Darte el permiso de cometer errores es sano. Si cargas con mucha culpa, podrías buscar ayuda de un experto en salud mental quien también te ayudará a trabajar en el amor propio.
4- Mantén tu mente en el presente.La culpa siempre está en el pasado de algo que hicimos o dejamos de hacer, o bien en el futuro por algo que creemos que no podremos hacer o cumplir. Cada vez que tu mente salga del presente culpándose repite “aquí y ahora”, de esta manera podrías soltar ese pensamiento.
5- Vuelca tu culpa a la acción. Tu culpa no le ayuda al otro. Si te hace sentir mal la vulnerabilidad de los demás, en lugar de quedarte sintiéndote mal, trasmuta la emoción ayudando material, emocional o espiritualmente hacia esa persona. No olvides que siempre eres merecedor, aunque otros no tengan tus mismas oportunidades o privilegios.
6- Evita personas que te hagan sentir culpable. Si ya te has liberado de tu propia culpa y alguien te acusa, podrías tomar distancia o pedirle asertivamente que no lo haga.
Sé flexible, suelta el perfeccionismo de como debieron o deberían ser las circunstancias. La aceptación de todo cuanto es nos permite vivir más ligeros. Ten presente que no eres culpable, eres responsable de tus acciones.
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