William Rayo debutó con los Dantos en el 2016. LA PRENSA/ CORTESÍA

El muchacho de San Francisco Libre que dejó la escuela para apostarlo todo al beisbol

De lunes a sábado ayudaba a su papá a trabajar la tierra y el domingo cursaba el segundo año de la secundaria. Esa era su rutina hasta que un día llamó la atención de los Dantos para integrarse a su academia

De lunes a sábado, William Rayo ayudaba a su papá Carlos a chapiar potreros, ordeñar las vacas o cultivar la tierra. Por las tardes “perrereaba” beisbol con bola de calcetín con sus vecinos y primos en el municipio de San Francisco Libre. El domingo cursaba el segundo año de la secundaria. Esa era su rutina hasta que un día llamó la atención de los Dantos para integrarse a su academia. Decidió, a los 16 años,  apostarlo todo por el beisbol y cada temporada confirma que tomó la mejor decisión destacándose con la Maquinaria Roja, donde actualmente es un referente con el madero y el segundo de mejor bateador del Pomares promediando .438 con 46 hits en 105 turnos y empuja 28 carreras. 

“Mi papá me dijo que decidiera entre el beisbol o estudiar y no lo dudé”, recuerda Rayo ahora con 24 años. En la academia de los Dantos conoció a Ofilio Castro, su ídolo de la infancia, y su compañero de equipo. “Desde la primera vez que lo miré jugar en la televisión quería ser cómo él por la forma en la que defiende y batea”, confiesa el jardinero de los Dantos, quien sostuvo que Ofilio ha sido una pieza clave en su evolución porque le ha ayudado en la mecánica de bateo y cómo conectar la bola a la banda contraria.

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Dos años después de haber ingresado a la academia de los Dantos, en el 2016, debutó en la primera división, donde ha sido inamovible. Cruz Ulloa, quien fue su mentor, lo subió al equipo mayor y desde entonces viene respondiendo con el madero. Esa primera temporada terminó con .328 y en las siguientes ha estado sostenido: .321, .299, .361, .283 y .322. “Todo pelotero quiere tener un liderato de bateo, pero si me ponen a escoger prefiero ser líder de carreras impulsadas porque así se ganan partidos”, señala Rayo, quien busca solidificarse en el beisbol nacional donde ha jugado seis temporadas en la Liga Profesional y ha estado en la sub-23. “Mi otra meta es llegar a la selección mayor”, señala.

Rayo ha sacado provecho a sus seis años en el beisbol: se compró su vehículo en el que se traslada a los entrenamientos, mantiene a su esposa e hijos, ayuda a su mamá, se compró ocho vacas, que las cuida su papá, y piensa adquirir más. Sabe que la vida de un deportista puede cambiar en cualquier momento y está preparando un plan B. “También estoy pensado en retomar mis estudios por la tarde para al menos terminar la secundaria», sostiene.

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