Caminaba diariamente seis kilómetros para ir a clases en la secundaria porque no habían esos grados en la comunidad El Ocotillo, de Estelí. De regreso almorzaba, descansaba un rato y su papá le indicaba el trabajo que debía hacer en la huerta antes de irse a practicar beisbol. Elvin García entendió desde niño que por sus circunstancias debía esforzarse el doble para salir adelante y cumplir sus sueños. Así que en 2009 logró lo que muchos anhelan pero pocos conquistan: firmar por una organización de las Grandes Ligas y 13 años más tarde, se convirtió en el lanzador número 23 en conquistar 100 triunfos en la historia del beisbol nacional, siendo apenas el tercer zurdo en lograrlo.
“Es una emoción grande, incomparable que no puedo describirla. Estoy contento, pero no me conformo, quiero ser el zurdo más ganador de la historia y llegar a los mil ponches”, señala García, de 32 años, quien creció en una familia humilde de Estelí. Su papá, Fausto García, trabajaba la tierra con el arado y aprendió todos los oficios del campo: enyugar bueyes, montar a caballo y trabajar con un machete. Cada día hacía una cosa diferente antes de irse a jugar. «Las cosas fueron difíciles. Mis padres hacían el esfuerzo para darme lo que necesitaba, me tocaba prestar guante, nunca tuve las comodidades, siempre buscaba la manera de jugar y tratar de salir adelante. El sacrificio ha valido la pena”, recuerda el pícher zurdo.
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De jugar con bola de calcetín y mano limpia en campos ásperos en El Ocotillo pasó a una academia de La Trinidad donde recibió una mejor preparación para dar el salto deseado. Los Bravos de Atlanta le dieron 20 mil dólares por su firma en 2009. Tres años después, luego de pasar por República Dominicana y Estados Unidos, su sueño de llegar al mejor beisbol del mundo se esfumó al quedar en libertad. “Di lo máximo, pero mis herramientas hasta ahí llegaban y había mejor calidad, aunque a veces no es tanto eso sino correr con un poco de suerte porque hay muchos que la han tenido, sin embargo, no me quejo. Doy gracias a Dios porque fue una gran experiencia que me sirvió para el resto de la vida”, señala García, quien desde entonces se alejó del campo y se trasladó a la ciudad.
Ser descartado tan rápido fue complicado para el zurdo en ese momento. Sin embargo, no se enfocó en lo que había perdido, sino en lo que tenía por delante. «Fueron momentos duros, pero trato de superarme siempre. Tuve una mentalidad fuerte y me dediqué de lleno al beisbol aquí. Siempre trabajo para ser el mejor y no creerme que lo soy. Gracias a Dios he estado saludable y poco a poco voy dejando huellas, pero aún me faltan muchas metas por alcanzar», avisa García, quien se encuentra a 87 ponches de los mil.