No hay duda que Jonathan Loáisiga ha madurado. Aunque suene obvio hay que decirlo: la experiencia solo se consigue con el paso del tiempo y eso es lo que mostró el muchacho de Las Sierritas de Santo Domingo la noche del domingo contra los Medias Rojas de Boston al lanzar en el octavo episodio y brindar dos bases por bolas, mientras su descontrol era evidente, sin embargo, mantuvo la calma y tiró de la experiencia para salir del hoyo sin siquiera ser pellizcado para salir aplaudido por las 40 mil personas en el Yankee Stadium.
Loáisiga subió al montículo a relevar a Lucas Luetge. Luego de siete lanzamientos contra Xander Bogaerts cedió la base por bolas. La curva y el slider estaban fuera de la esquina. Ante JD Martínez el nicaragüense recurrió al sinker, su fiel compañero y logró dominarlo para un roletazo de doble play que casi se complica cuando Falefa pierde la pelota, pero la lentitud de Martínez colaboró con la causa del pinolero, a pesar que en la repetición se vio claramente su llegada temprana a la base antes que la pelota. Raramente no hubo petición de la jugada. Primer problema resuelto para Loáisiga. Volvió a recurrir a la curva y slider para medir si los podía domar, no obstante, se mantuvo descontrolado y en cinco lanzamientos le dio base por bolas a Bobby Dalbec, quien había descargado cuadrangular. Entró Aaron Boone a conversar Loáisiga y se dedicó a usar el sinker otra vez para lidiar con Christian Arroyo, dominado en un roletazo al pícher.
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Esta faceta de Loáisiga, muy poco conocida, de saber cómo lidiar con sus picheos y sus oponentes cuando está descontrolado, es necesaria en un relevista debido a que no todos los días entrará con fineza. La experiencia solo se gana con el tiempo y Loáisiga sigue acumulando esa riqueza para cuando llegue su momento de ser cerrador en los Yanquis, que perdieron 4-3 y no pudieron barrer a Boston. Ahora el nica lanza para 0.00 en efectividad en 23.1 entradas con un ponche.